Perucho y el espíritu de lucha de los cubanos

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El 29 de julio de 1819 nació en Bayamo, Pedro “Perucho” Figueredo que supo recoger en la música y la letra de su himno el espíritu independentista y heroico del pueblo cubano.  En el patriota en quien casi nunca pensamos cuando entonamos las notas del Himno Nacional.

Nació entre pañales de hilo bordados. Familiares y amigos primero, y después compañeros de armas, y hoy todo nuestro pueblo lo llamamos “Perucho”. De su familia heredó no solo fortuna material, sino también patriotismo. También en la escuela tuvo como compañeros de aula a Carlos Manuel de Céspedes y a Francisco Vicente Aguilera, y los tres resultaron los iniciadores de la gesta libertaria. Perucho estudia Filosofía en la Universidad de La Habana y la continuará y se graduará en la de Barcelona, España.  También estudiará Derecho en la de Madrid. Visitará otros países europeos y después regresará, ya con firmes ideas libertarias, a su patria sumida en la explotación colonialista.

El amor lo llevará al matrimonio con Isabel Vázquez Moreno y de esa unión nacerán once hijos. Escribirá artículos y poesías en un periódico habanero, junto con otros intelectuales. Pero el amor a la Patria resulta más grande que el amor al arte y en la logia masónica “Redención”, en la que Francisco Vicente Aguilera era Gran Maestro, organizan la conspiración contra la metrópoli española en su Bayamo natal. En el mes de mayo de 1868 compone Perucho la música de un himno, que se estrena en una festividad religiosa, pero ni la población ni las autoridades españolas presentes en la festividad dejan de apreciar que por la fuerza y marcialidad de aquella composición, no resulta apta para el recogimiento espiritual, sino que más bien parece de exaltación revolucionaria.  Pero las autoridades nada pudieron probar.

Acuciado por circunstancias imperativas que hacían peligrar la causa independentista y hasta la libertad de los conspiradores, Céspedes decide adelantar la fecha prevista y se pronuncia contra las autoridades españolas e inicia el alzamiento patriótico el 10 de octubre de 1868 desde su ingenio La Demajagua. “Perucho” imita su ejemplo y se alza en su posesión “Las Mangas”. Ya la revolución no dará marcha atrás.  Los patriotas se lanzan a la toma de Bayamo y allí, entre el fragor de las detonaciones y el entrechocar de los machetes, nacerá la letra de aquel himno. Aquella pieza musical enardecedora recibirá su letra: ¡Al combate! Surge el poema. Lo escribirá Perucho sobre su caballo de batalla, con la pierna cruzada sobre la montura para apoyar sobre ella el papel en que irán apareciendo las estrofas que los combatientes repiten y cantan. Cada línea, cada verso, cada estrofa será coreada por la multitud, ¡y así surge nuestro Himno Nacional, entre la emoción de la pelea por la libertad!

En la Asamblea de Guáimaro, después, Perucho es nombrado subsecretario (vice-ministro) de Guerra, ya antes ha recibido el grado de Mayor General.  La guerra continúa. Un día, convaleciente de una enfermedad, Perucho está reposando cuando los españoles asaltan la prefectura. Tras enconada resistencia es hecho prisionero. Lo condenan a pena de muerte. El Conde de Valmaseda le ofrece un indulto si depone las armas y contribuye a que muchos lo hagan.  Responde virilmente y entonces lo fusilan. Antes de ser ejecutado, como la letra de su himno, compuesto para la posteridad, grita a sus verdugos lo que es espíritu de los cubanos de hoy: ¡Morir por la Patria es vivir! Por eso vive en el corazón de los cubanos.

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