¿Periodistas?, ¡seres de este mundo!

Hace ya más de dos décadas que soy periodista. Una profesión por la que me decidí, entre otras razones, a partir de mi gusto por el intercambio con las personas, la observación un poco más allá. 

Tras cinco años, en pleno período especial, concluí mis estudios universitarios que me hicieron viajar desde mi Camagüey natal a Santiago de Cuba con alguna regularidad. Y en ese ir y venir -con todos sus avatares- no pocos temas se convirtieron en centro de algunos materiales.

Luego vino el vínculo directo y frontal desde el ejercicio profesional con asuntos tan disímiles como la vida misma. Esa que quienes nos dedicamos “al mejor oficio del mundo” también vivimos, disfrutamos y “sufrimos” como cualquier hijo de vecina.

Quizás a estas alturas alguien podría preguntarse de dónde sacamos los periodistas el arsenal de los trabajos; y vuelvo al punto. Lo sacamos de la vida: de la cola que hacemos para el pollo, el detergente y otros productos necesarios que unos pocos se empeñan en acaparar.  De la “botella” que hacemos para ir de la casa a alguna cobertura, a nuestros medios de prensa, a hacer una gestión. En fin, para movernos.

Pero también están en el arsenal periodístico la riqueza humana que habita en este archipiélago nuestro que nos hace enorgullecernos o nos sensibiliza hasta las lágrimas. Ese palpitar donde cada día apostamos por una vida mejor que también deseamos y procuramos los de la prensa en cualquiera de sus modalidades.

No todo es color rosa. Aún se ciernen sobre nuestro trabajo tintes un tanto oscuros de aquellos, por fortuna menos,  que no logran entender que nos toca también exponer lo que no anda bien con el único fin de contribuir a su solución.

Todavía a estas alturas nos encontramos con fuentes que (incomprensible y paradójicamente) se cierran y plantean que eso tiene que decidirlo el superior suyo en la capital u otro sitio -trámites y cartas previos a esa figura-, a contrapelo de la orientación del Presidente cubano de que la información le sea facilitada a la prensa. Son expresiones involutivas que deben desterrarse.

José Martí, periodista por excelencia, lo dejó claro en uno de sus trabajos publicados en el Periódico Patria: «El periódico es una espada y su empuñadura la razón. Solo deben esgrimirla los buenos, y no ha de ser para el exterminio de los hombres, sino para el triunfo necesario sobre los que se oponen a su libertad y progreso».

Ese es nuestro propósito cuando damos una mirada crítica a las mil y una cuestiones que requieren ser transformadas, para bien, con el concurso de todos.  A fuer de ser sinceros, ¿cuántos temas peliagudos han tenido atención y hasta soluciones a partir de un trabajo periodístico bien elaborado?

Ya lo dije al inicio, los periodistas somos seres de este mundo. Por tanto nuestra obra es imperfecta y en ello está el reto mayor.

No importa que ya hayamos egresado de las aulas universitarias. Tenemos que prepararnos cada día más y no solo en aquello que guarda relación directa con las técnicas periodísticas y las diferentes herramientas tecnológicas de que disponemos.

Debemos conocer desde “la nube hasta el microbio” para decirlo con palabras martianas. De hecho, varios de mis colegas ya son Másteres y otros – ahora mismo- vencen sus estudios de Maestría y se enrolan en talleres de superación, dentro y fuera de la provincia.

Así que puede usted encontrarse, en estos momentos, a un periodista en la cola del pollo o del detergente, como a todo hijo de vecina. Pero tenga la certeza de que su mirada escudriñadora lo llevará a tratar de encontrar los por qués de que aún no anda bien y a enaltecer lo que nos enorgullece.

 

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Tay Beatriz Toscano Jerez

Periodista.

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