¿Periodista?… ¡Oh!

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Escrito por Gretta Espinosa Clemente

No lo niego, la verdad siempre fui más conversadora de lo habitual, y de niña hasta algunos parientes me bautizaban como “leguleya”, cuando me escuchaban hablar.

Así, los pronósticos de posibles profesiones vinieron en manada: abogada, periodista, y sobre todo maestra, cuando filas de muñecos a cada lado de la cama simulaban un aula, y el divertimento mayor: repetir el día escolar en el cuarto de casa.

Pero fui creciendo, y la cosa con las letras se fue tornando seria. Nadie predijo jamás que fuera a ser científica, mucho menos médico, pero el vaticinio de periodista sí terminó por cumplirse.

Era la primera década de los 2000 y aunque escribir apasionaba, la capital, a cientos de kilómetros, albergaba la Universidad de La Habana como única opción.

Y casi a punto de desechar la alternativa profesional, por las dificultades económicas para sostener unos estudios universitarios en La Habana, la apertura de la carrera en la Universidad de Las Villas salvó el sueño.

Todas las energías se volcaron entonces hacia la prueba de aptitud, lecturas interminables, fiestas mezcladas con noticieros, y junto a los cuadernos de cada materia, agendas colmadas de apuntes y más apuntes con el nombre de ministros, presidentes, pintores, escritores, artistas…

Carrera en mano, sobrevino el primer año, y aquellos columnistas, los mismos que yo percibía lejos, a la distancia que impone la plana o el micrófono, eran mis profes, quienes, por cierto, no pocas veces invalidaron algún que otro ejercicio de redacción, lleno de subordinadas, frases de relleno y otros ardides menguantes de elegancia.

Así, curso tras curso, técnica por aquí, intuición por allá, estudio y constancia, me llevaron de aprendiz a recién graduada, a reportera, al maremágnum diario de las redacciones.
Con la certeza de la Academia como necesaria fertilización de técnica, y la práctica, único camino para adiestrar el oficio, comencé a ejercer.

Hasta hoy, tras ocho años de ejercicio, permanecen intactos el deseo de aprender, la ética como punto de partida, el ocasional debate interior de seguir o reinventar oficios mejor remunerados, y la realización infinita tras la noticia más sencilla o aquel controvertido reportaje.

Pero en momentos en que el bolsillo flaco intenta jugar malas pasadas y algún que otro percance pone a prueba mi lealtad a todo esto, a lo que soy, rememoro la ocasión cuando un grande del gremio, Luis Sexto, durante sesiones teóricas del evento de la crónica en 2016, evocaba que a pesar de pesares, y cito, “aún nos queda una buena dosis de reconocimiento social, todavía muchos exclaman al saber de nuestro oficio, ¿periodista?… ¡Oh!”.

Y tal vez ahí, en esas dos palabras, descanse la tenacidad que me inspira, como a los restantes colegas del gremio, a hacer periodismo, todos los días.

Periodista de Radio Ciudad del Mar.

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