Pedro Sarría Tartabull: el cienfueguero que salvó a Fidel

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El libro Las ideas no se matan, del autor Enrique Pardo Galindo, y publicado por la Editorial Oriente, se considera el saldo de una deuda con el oficial del ejército de la tiranía de Fulgencio Batista./Foto: Diario Granma

La historia tiene sus hechos casuales y muy importantes.  Junto con el amanecer del siglo veinte, el primero de enero del año 1900 nació en la ciudad de Cienfuegos, Pedro Sarría Tartabull. Podemos adivinar por sus apellidos que es nieto de esclavos radicados en Cienfuegos. Pertenecían a las dotaciones de esclavos negros de los ingenios sureños propiedad de los ricos hacendados Sarría y Tartabull, respectivamente, ambos de Cienfuegos. Como sabemos, a los esclavos les daban los apellidos de sus amos, o lo tomaban. 


Y Pedro Sarría Tartabull que se crió y educó entre personas de honor y alto sentido humano, que no llevaron la esclavitud como estigma sino como ideal de lucha, ese hombre nieto de esclavos, andando el tiempo determinó que los cubanos podamos celebrar el primero de enero, el día de su cumpleaños, el triunfo de la Revolución: él le salvó la vida a Fidel Castro.

Pedro era un joven espigado, sereno, reservado, aunque alegre y sociable, gustaba de la música y el deporte, y fue en su niñez cortador de cañas, porque su primera juventud transcurrió en los cañaverales de los ingenios Cieneguita y Soledad, ayudando a su padre en los cortes de caña, pero por su afán de superación logró estudiar, se hizo bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cienfuegos y matriculó el primer año de Derecho en la Universidad de La Habana, el mismo año en que Fidel Castro concluía sus estudios en esa Carrera.

Pedro Sarría Tartabull, junto a Fidel Castro./Foto: Ecured.

Pero sin posibilidades económicas y necesidad de ayudar a su familia Pedro Sarría se alistó en el Ejército de la República porque no consiguió otro trabajo, pero nunca manchó sus manos con sangre ni con dinero ajeno. Por ser honrado y honesto no lo ascendían en las filas de ese ejército de maldad, por ser disciplinado y no responder a intereses mezquinos. Así que tardó veintiocho años en llegar a segundo teniente.

Como jefe de la segunda tenencia del Escuadrón Once del cuartel Moncada atendía los puestos de la Guardia Rural de Cuabitas, Boniato y El Caney. De este último cuartel  Pedro Sarría salió con 16 hombres bajo su mando, el primero de agosto de 1953,  a registrar una zona donde se perseguía a combatientes que atacaron al cuartel Moncada el 26 de julio de ese año.

Fidel ha contado acerca de su salida del Moncada, después de la retirada, junto a otros siete combatientes:

–   “Salimos del Moncada con rumbo a las montañas de la Sierra Maestra y una noche cometimos un error que no habíamos cometido en todos los días que llevábamos caminando, y fue que encontramos aquella noche un pequeño bohío  de los que llaman “vara en tierra” y nos guarecimos un poco de la neblina, la humedad y del frío. Y nos quedamos todos dormidos. Antes del amanecer llegó una patrulla de soldados que nos despertó con sus fusiles sobre nuestros pechos. Y ocurre una casualidad increíble: había un teniente negro, llamado Sarría, un hombre de energía y que no era un asesino.  Sus soldados querían matarnos allí mismo, estaban excitados y buscaban el menor pretexto. Nos amarraron. No me conocieron.  Yo no consideraba la menor posibilidad de vivir. Entablo una polémica verbal con ellos.  Entonces el teniente Sarría dice con fuerza: ¡No disparen! ¡No disparen!…   Y repite algo en voz baja: “Las ideas no se matan”. Así repite aquel teniente negro, Sarría Tartabull: ¡las ideas no se matan!. Después supe -recuerda Fidel-  que me conocía de la Universidad, sabía quién era yo, por eso hablaba de las ideas, y me dijo al oído: No te identifiques, y siguió conminando a sus soldados para que no dispararan.”

Fue una verdadera hazaña la del teniente Sarría, porque por el camino encontraron a jefes superiores de él, que le ordenaron que les entregara a los prisioneros. Eran jefes despiadados que los hubieran asesinado al momento, como habían hecho con todos los prisioneros capturados después del Moncada. Pero Sarría les respondió con fuerza: “¡Estos son mis prisioneros y los entregaré donde corresponde!”. Y los presentó en el pueblo próximo, asentando las actuaciones en el libro oficial del Vivac municipal, y avisando a la prensa, para que no pudieran asesinarlos como habían hecho con los demás prisioneros.

El sanguinario jefe del Regimiento, Coronel Chaviano se le enfrentó:

–       ¡Sarría qué c. has hecho!

–       Ya ve usted, capturar a estos prisioneros y presentarlos al Vivac.

–       ¡Pero tú sabías que tenías que matarlos tú mismo!  ¿Y ahora qué le digo al General Batista?

–       Bueno, lo que yo no he hecho. y ahora puede hacer usted.

Pero Sarría sabía que ya no podría asesinarlo, porque todo Santiago conocía que Fidel Castro estaba preso.  La dictadura licenció deshonrosamente del Ejército a Sarría y lo puso preso en la fortaleza de La Cabaña donde permaneció cinco años y cinco meses repudiado por no haber cumplido la orden de asesinar a todos los asaltantes del Moncada que encontraran,  hasta que la Revolución triunfante lo liberó en 1959. Sarría fue ascendido a capitán y lo designaron Jefe de la Escolta del Palacio Presidencial. Falleció de cáncer en septiembre de 1972, querido y admirado por todos sus compañeros y recibió los honores militares de que era merecedor. Fidel estuvo presente en sus exequias.

El casual nacimiento de Pedro Sarría Tartabull el primer día del siglo que trajo a Cuba la libertad en Fidel Castro Ruz, le permitió la posibilidad de salvar al hombre que la hizo posible.  Ahora toca a todos nosotros cuidar esa libertad patria, conservarla y engrandecerla para nosotros y nuestros descendientes.

Retrato escultorico de Pedro Sarría, en el Museo Histórico 26 de julio, antiguo Cuartel Moncada./Foto: Internet

2 Comentarios

  1. Según lo que conozco, entre el Consejo Popular de Buena Vista y el Rpto. La Esperanza, cercano a Caunao, se encuentran las ruinas de una ingenio que llevó el nombre Tartabull. Sus origenes se remontan al ingenio Nuestra Señora de La Candelaria, una de las primeras fábricas de azúcar de Cienfuegos. A ver si Orlando, el historiador del azúcar y la esclavitud en nuestra región, pudiera darnos más detalles sobre este tema.
    Saludos

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