¿Paternalistas? | 5 de Septiembre.
jue. Jul 18th, 2019

¿Paternalistas?

Algunos entendidos suelen calificar a la sociedad cubana como patriarcal, donde el hombre desempeña el rol de jefe de familia y toma las más importantes decisiones en el núcleo. Y sí, pienso que es cierta tal afirmación, porque aunque se han logrado cambios sustanciales, todavía no son suficientes para desmontar una cultura milenaria en el mundo y que por estos lares “está en pie”. Pero no es precisamente sobre el machismo que quiero comentar, sino de otra corriente, dañina y excluyente, aprovechada por muchos para culpar a nuestra sociedad de errores, pero que más allá es discriminatoria y excluyente, y hasta puede ser considerada un lastre en el afán de empoderar a la mujer: el paternalismo.

Escuchaba hace muy poco, en una reunión de barrio, a modo de justificación para que una mujer aceptara un cargo, comentarios de: “pobrecita”, “tiene mucho trabajo”, es “madre sola”. Frases todas prejuiciosas de cuanto pude hacer una mujer cuando su preparación y capacidad demostradas la secundan. Sin embargo no es solo cuestión de género y equidad, no, el paternalismo es hoy un mal que mina a comunidades enteras, colectivos laborales y estudiantiles (una nota no se podrá otorgar NUNCA por paternalismo), y que se extiende, incluso, a la familia.

Cuba enfrenta ya los retos que representan una población envejecida, donde no habrá cabida al paternalismo. Trascendió en el encuentro del Polo Científico, organizado por el Citma, en conferencia dictada por Inmer Ramos, director de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en Cienfuegos, que: “Según los resultados del Censo de Población y Vivienda de 2012, el grupo de personas de 60 años y más representa el 18,3 por ciento de la población total del país; esta realidad obliga a poner mayor atención a las necesidades emergentes de una población de edad avanzada cada vez más numerosa. Ante este escenario, resulta importante contar con la información suficiente sobre el cambio experimentado y el que se avizora para el futuro en la estructura etaria de la población, con vistas al diseño de las políticas públicas”.

Y es en el escenario laboral, cuando en unos añitos los experimentados ya no estén, donde más daño habrá dejado como saldo dicha tolerancia. “Pobrecita, pobrecito, pobrecitos” son ahora mismo las palabras que definen el paternalismo y que escuchamos en todas las personas y géneros, cuando se le quiere asignar una tarea a alguien, o criticar cuando no cumple sus actividades, o simplemente porque se le quiere remover de una plaza porque ya no cumple las funciones y daña y recarga al resto del colectivo.

Incluso, es un mal que se arraiga ya en las familias, y en las mañanas. Cuando nuestros hijos deben marchar al trabajo o la escuela, les espetamos el “pobrecito(a), ya pronto será viernes”. Hay que deslindar del cariño maternal y paternal, de jefes a subordinados y viceversa, en la sociedad toda, el paternalismo. Recuerdo cuando en las clases de Filosofía y de Economía Política nos enseñaron que “a cada cual según su trabajo”.

En el proceso de creación de bienes y servicios no puede haber lugar alguno para el paternalismo, es preciso eliminarlo, depurar los colectivos y dar mérito a los más capaces y esforzados, porque con ellos seremos rentables, eficientes y creíbles como sociedad. Y cierro con Inmer Ramos y su conferencia sobre envejecimiento poblacional, solo para ilustrar cuánto debemos crecer para que el proceso no cause daños en el progreso y tomemos conciencia.

“El envejecimiento demográfico que presenta Cuba, en términos estadísticos solo es comparable con los países más desarrollados, aunque está marcado por diferencias. En primer lugar se distingue por la velocidad e intensidad con que ocurre; mientras que los países europeos demoraron cerca de dos siglos, en Cuba el proceso se ha dado en menos de 50 años. La otra gran diferencia tiene que ver con los contextos socio económico y cultural en que se producen los cambios de la estructura por edad”.

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2 thoughts on “¿Paternalistas?

  1. Me gustó muchísimo este artículo, porque refleja mi realidad como madre de dos niños y a su vez trabajadora. Resulta que estoy llena de ¨pobrecitos¨ y ¨pobrecitas¨, lo hago con mis hijos, pero me doy cuenta de que lejos de ayudarlos, les estoy haciendo mucho daño, porque ahora son estudiantes, pero más adelante serán del tipo de trabajador que no me gusta: sin profesionalidad, ni sentido de pertenencia, y buscando siempre razones para no cumplir con sus responsabilidades.

    1. Ciertamente Arleny, enseñando desde casa el valor de la responsabilidad ante la vida, estamos luchando contra el paternalismo, ese mal que causa tanto daño en las generaciones milenials o del merecimiento, como ya las describen los psicoanalistas, gracias por leernos y comentar,
      la autora

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