Para alzarnos, todos los días, como Marianas

La mujer cubana siempre ha asumido grandes compromisos y riesgos, y para lograrlo ha sido fuerte y batalladora...

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Más de 4 millones de mujeres se agrupan en la FMC. /Foto: CubAhora
Foto: CubAhora

“Celebran en Cuba aniversario de la oficialista Federación de Mujeres fundada por Vilma Espín”, reiteran como titular medios internacionales de prensa y puede leerse una y otra vez a través de la red social Twitter. Y viene a mi mente cuánto de mala intención se cierne todos los días en titulares así y en ese adjetivo que resaltan una y otra vez: “oficialista”.

Entonces recapacito, medito por unos instantes y pienso en cuánto de orgullo siente una mujer cubana en días como estos en los que efectivamente, sí celebramos, y mucho nos toca celebrar, por sentir orgullo, un orgullo sano que nos llena de alegría y nos renueva las energías para seguir porque ser mujeres, ser cubanas y ser miembros de la FMC es defender nuestro propio derecho a la vida.

La mujer cubana siempre ha asumido grandes compromisos, riesgos, ha sido fuerte y batalladora, diría mi abuelo que heroicas y obstinadas, valientes y emprendedoras como pocas y que hemos cruzado líneas que mucho tiempo atrás parecían imposibles. Un amigo cercano nos define siempre como hermosas, sencillamente hermosas, de muchas formas y en la fuerza de esa belleza —que no necesariamente es física— se encierra una actitud optimista que ponemos por encima de cualquier sacrificio.

Lo cierto es que nos antecede una hermosa historia de sangre y dolor, que nos dio la dignidad para no amedrentarnos y tener siempre la cabeza erguida, defender lo que creemos y levantar voces y brazos, desde la manigua redentora, la lucha clandestina, la palabra y el papel, el voto popular y el deseo de ser útiles, construir una sociedad lo más justa posible en la que creemos y esparcir solidaridad en el mundo porque ante todo confiamos en el ser humano que ayudamos todos los días a formar.

Infografía: Tomada de CubAhora

Escudriñando papeles me reencuentro con algunas cifras que hablan por sí solas: se estima que en Cuba hoy más del 44 por ciento de los hogares son encabezados por mujeres, somos el 48 por ciento de la fuerza laboral del país en el sector estatal y civil, y hasta el 35 por ciento de los trabajadores por cuenta propia. Y si de empleo se trata: representamos el 66 por ciento de los profesionales y técnicos, el 81.9 por ciento de los profesores, maestros y científicos, el 78.5 por ciento de la fuerza laboral en sectores como la salud y el 53.5 por ciento de los investigadores del sistema de ciencia y tecnología.

Sé que las cifras no siempre lo dicen todo y suelen ser abrumadoras, pero emplearlas es ser también ser lo más objetivos posibles en tiempos en los que no siempre, lo más importante, no es el numero en sí, sino las valoraciones que nos permiten realizar de nuestro entorno, de esas cosas que no siempre pueden apreciarse a simple vista. Por eso retomo otras: solo en el sector educacional, las mujeres cubanas somos más del 65 por ciento de los graduados universitarios del país y del personal docente de la Educación Superior, además del 66 por ciento de los egresados de la enseñanza técnica profesional.

Claro, eso solo es posible en un país en Revolución, en el que las féminas somos parte indispensable de ese proceso transformador permanente, de ese consenso social y de articulación que logramos estando en todas las esferas de la vida del país con igualdad de derechos y condiciones. Una Revolución, una sociedad imperfecta, llena de desafíos, pero que vela porque el 99 por ciento de los partos se realicen en instituciones médicas, que la mortalidad materna sea del 20 por ciento por cada 100 000 nacidas vivas y que exista un programa de vacunación que alcance una cobertura del 99.5 por ciento de nuestros niños.

Cuba es el primer país del mundo que logró eliminar la transmisión de madre a hijo del VIH y la sífilis, pues la prevalencia de estas enfermedades en mujeres de 15 a 49 años es apenas del 0.1 por ciento. Somos aproximadamente el 50,1 por ciento de nuestra población y la esperanza de vida al nacer es de 80 años.

Pero hablemos también de otros sectores no menos trascendentales. Las mujeres somos hoy el 77,8 por ciento de los fiscales del país, más del 71 por ciento de los presidentes de los tribunales provinciales y jueces profesionales y el 66 por ciento de los jueces del Tribunal Supremo. Y hay más: de los 199 centros de investigaciones científicas de todo el territorio nacional, 48 son dirigidos por mujeres.

¿Y qué decir de las mujeres y la política? Cuba ocupa el cuarto lugar en el mundo de mujeres con escaños en el Parlamento con más del 48 por ciento de ellos, además de 2 de los 3 máximos cargos de este. Hoy tenemos 9 presidentas de Gobiernos Provinciales, 8 ministras, 42 viceministras, 13 mujeres miembros del Consejo de Estado y 2 vicepresidentas.

Aunque tenemos derecho al voto desde 1934, gracias al accionar y organización de nuestras mujeres en torno a nuestra FMC, Cuba fue el primer país en firmar y el segundo en ratificar la Convención sobre la Eliminación de Todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y existe un Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la IV Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer mediante el cual ya se han realizado 3 Seminarios de Evaluación.

Más de 4 millones de mujeres se agrupan en la FMC, considerada una ONG con status consultivo que ha garantizado también la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de la mujeres, incluida la elección libre y responsable sobre su fecundidad, el derecho de hombres y mujeres a disfrutar de los servicios necesarios para la planificación familiar y la posibilidad de compartir la licencia de maternidad retribuida por un año.

Como periodista al fin, vuelvo a las redes, a los titulares del día, casi segura de que ni una sola de estas cifras será noticia —y mucho menos realzada, replicada— por los mal llamados “grandes medios de comunicación” del mundo. Ellos tratarán de buscar las manchas del sol. Algunos quizás digan que nosotros tratamos de ocultarlas. Qué lejos están de ser objetivos y veraces.

Las mujeres cubanas sabemos bien que nos queda mucho camino por andar, que tenemos un profundo compromiso con lo que nos legaron, lo que hemos construido y lo que debemos seguir cosechando para el futuro. No se trata de vanaglorias, se trata de sentirnos legítimamente orgullosas —como nos diría nuestro líder Fidel Castro— no de lo que recibimos, sino de lo que somos capaces de forjar y crear en nosotras mismas y para los demás.

Casi amanece, es 23 de agosto y una voz me despega de estas letras. “Mamá, ¿estás ahí?”, dice mi pequeño hijo, y entonces acudo a él para darle los buenos días y el abrazo de siempre justo antes de ir al trabajo y él quede al cuidado de su abuela en estos días de vacaciones escolares. Pronto estará de nuevo en sus andanzas de estudiante de la enseñanza primaria y yo me ratifico ese otro rol que asumimos las mujeres como el más grande y hermoso de los retos: el de ser madres, abuelas, hermanas, amas de casa, esposas, a la vez que científicas, medicas, maestras, campesinas, constructoras, abogadas, ingenieras, arquitectas, técnicas, artistas, dirigentes políticas, periodistas y tantas otras cosas.

Las mujeres cubanas somos la Revolución misma, nos han dicho siempre, el motor propio de esta gran nave que es Cuba, que es la humanidad y a las que nos unen demasiadas causas nobles que fortalecer y defender, también heridas por sanar, para ser mejores. A nuestra FMC le debemos mucho de eso, y a esa estirpe que según mi abuelo, nos permite tener un millón de razones para alzarnos todos los días, como Marianas. (Tomado de CubAhora la primera revista digital de Cuba – autora Berta Mojena)

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