“Pan de mono” para el mundo

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Nótese la forma de botella

Un cable circulado por diferentes medios da cuenta de que “Aumenta el consumo mundial de frutas del boabab africano”, cuyo contenido en una parte del texto señala: “La llamada superfruta del baobab está ganando un creciente interés en varios países europeos, sobre todo en Reino Unido y Alemania, pero también en Estados Unidos y Sudáfrica, indicaron fuentes especializadas”.

Los defensores del producto, según el reporte, dicen que tiene más vitamina C que las naranjas, más calcio que la leche, más potasio que un plátano, y más magnesio que las espinacas.

En tanto, grupos ecologistas sostienen que el alza en la comercialización podría además proporcionar a las comunidades rurales un incentivo financiero para proteger los bosques y actuar contra la deforestación en el territorio africano de Malawi, donde se ha presentado una propuesta para su desarrollo.

En cuestión, estamos en presencia de una planta de gran tamaño sobre todo conocida en el mundo a partir del libro El Principito, el más famoso trabajo literario del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry.

En el capítulo V de la citada obra se plasma un curioso diálogo, en el que el Principito muestra la preocupación por los daños que podría ocasionarle a su diminuto asteroide un baobab, por lo que recomienda con énfasis: «¡Niños atención a los Baobabs!».

Sin embargo, el también llamado Pan del mono o Árbol botella, es tema recurrente en la literatura africana. De la escritora senegalesa Ken Bugul (seudónimo de Mariétou Mbaye), es el título de su autoría “El baobab que enloqueció”. El nombre despierta curiosidad debido a los hábitos sedentarios y a la adusta presencia del milenario árbol, que impresiona por su paciencia.

Por su lado, el poeta y narrador español Gustavo Adolfo Bécquer en su libro “El caudillo de las manos rojas” lo nombra en el siguiente párrafo: “El sol lanza sus rayos perpendiculares sobre la tierra. Los viajeros, fatigados de su trabajosa jornada, reposan a la orilla del río, a cuya fuente se aproximan. Un baobab corpulento y magnífico les presta su sombra, capaz de cubrir a una tribu de guerreros”.

Plantación de boabab

El Adansonia, nombre científico de esta planta, es un género de la familia Bombacaceae que contiene ocho especies, de las cuales seis crecen en la isla de Madagascar, y de las otras dos, la más conocida, Adansonia digitata, crece en África continental, y la menos conocida y más pequeña, Adansonia gibbosa, en Australia.

El cíclope de la floresta

El boabab africano es un árbol impresionante. Entre sus características más sobresalientes está la forma de botella adquirida ya en la madurez, y por lo general en ese estadio el tronco, de hasta 10 metros de diámetro, se ahueca y puede convertirse en depósito para almacenar cerca de 6 000 litros de agua.

Otra de las notoriedades de esta especie botánica consiste en su longevidad. Se dice que alcanzan vivir de 800 a 1000 años; sin embargo, se habla de ejemplares que llegaron a sobrepasar los cuatro milenios de existencia.

La fruta del boabab es rica en fibra y un excelente alimento, se produce pasta y se elabora con él una bebida refrescante. Por su parte, los elefantes lo encuentran simplemente irresistible, no sólo para comerlos en cuanto están creciendo como plantas verdes, sino además para degustar la suave madera de su tronco, socavándolos con sus colmillos y trompa.

Con las hojas de la planta suele hacerse una sopa y tribus como los Dogones de la Falla de Bandiagará (Malí) y antes los Telem aprovechan su corteza para fabricar cuerdas. También con esta parte del árbol puede elaborarse papel.

En tanto, las semillas negras y la cáscara gruesa de sus frutos, proporcionan aceite de mesa y sirven para fabricar esmalte. Las hojas jóvenes se consumen como verduras. A partir de la corteza se extrae el alcaloide Adansonina, el cual es un antídoto contra las flechas venenosas de las especies de Strophantus.

Por sus características botánicas, prestancia y apariencia, el “Pan de mono”, como también se le conoce, es símbolo de resistencia, tolerancia, vida comunitaria y longevidad. Resulta valorado también por manifestación de vitalidad; en fin, un árbol dotado a la vez de propiedades mágicas y utilitarias.

Halo místico

Para muchos, el boabab africano, además de su bella estampa natural, encierra un halo de misticismo. Según las leyendas, los árboles solitarios de esta especie albergan espíritus y no es raro encontrar ofrendas a los pies de los ejemplares más grandes.

Ahora bien, desde el punto de vista medicinal posee marcadas propiedades como febrífugo, sudorífico, aperitivo, astringente. Los frutos dan una bebida usada para la fiebre, también se ha empleado para la disentería, puede ser un buen sustituto de la quinina, aunque su sabor es intensamente amargo.

Como planta ornamental

Como dato curioso agregar que Sudáfrica estableció la Orden del Baobab para premiar a sus ciudadanos excepcionales. Las razones que justifican a esta especie vegetal para distinguir con su nombre tan alto reconocimiento están en que es símbolo de resistencia, tolerancia, vida comunitaria y longevidad, además de ser valorado también como manifestación de vitalidad.

La Orden se entrega a aquellos que de manera extraordinaria hayan contribuido con sus servicios a la lucha por la democracia y los derechos humanos, así como a la paz y a la seguridad de la nación.

Son merecedores de la misma, además, personalidades asociadas al periodismo, la literatura, las artes, cultura, deportes, la música; innovadores de las ciencias, la medicina y la tecnología. La Medalla se otorga en tres clases: Consejero Supremo de la Orden del Baobab Oro, Plata y Bronce, respectivamente.

 

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