¿Palomas de barrio?

Quien no vive en un barrio no experimenta lo que es la verdadera cotidianidad. Conversar con el vecino en la cola del pan, saludar a Reglita, quien vende el nuestro de cada día y hasta contarle lo cansada que regresas hoy y lo duro que ha sido el día; encontrarse a Ibrahim, nuestro turbinero-jardinero en el elevador y conocer que hoy tampoco tendremos agua después de cuatro días de sequía de altura… Y les estoy contando de mi vecindario de Pastorita, allá en la lomita de los “18 plantas”, pero que bien podría igualarse a la de cualquier asentamiento de los suburbios de Cienfuegos.

De Tulipán podríamos hablar del transporte, con pocas rutas y muchos a moverse por la ciudad, los coches y el dilema Vs. dinero, de tener que alquilarlos para llegar a tiempo; de cómo Lucía, la doctora, se traslada diario al Hospital para atender a sus pacientes desde la Primera hasta su centro laboral.

Del lejano y legendario Caunao, que merece un trabajo independiente para hablar de todos los males sociales que aquejan a la barriada más antigua de la ciudad, quienes quedaron a la vera del fatalismo geográfico tras el desvío de la Fábrica de Cemento.

Y hasta de Pueblo Griffo, que siempre que trato de defenderlo me dicen que antes se llamaba El Miedo, y que ha progresado mucho, como si ello bastara, pero ya ese “cuento” de hadas precisa de actualización, muy a pesar de su piquera de coches y la abundancia de carretillas de hortalizas a lo boutique, por sus calles y edificios.

Y así, paneamos la geografía local de nuestros barrios, donde a pesar de las dificultades que nos tocan por el bloqueo, el déficit de combustible y otras de este momento, nos tropezamos con inconvenientes que pueden ser solucionados por las autoridades locales, con economía de recursos, como el agua que se derrama por problemas hidráulicos y que bien podríamos ahorrar, porque de H2O también se anuncia una crisis global.

Pero hoy, a pesar de no dejar de mencionar responsabilidades estatales, para a modo de grito por ayuda, recordar que las nuevas estructuras de Gobierno, por las que de alguna manera el pueblo votó, y en quienes confía, deben respaldar el compromiso que adquirieron para con su gente. En ese listado bien podría estar el cambio de la hidráulica de la torre del “18 plantas” que preside la entrada de Cienfuegos, antes de que se convierta en un río y entonces debamos construir un puente.

Bueno, a lo que íbamos, y después de una necesaria dispersión, me gustaría comentar sobre una nueva especie de aves que invade los barrios de la ciudad; ya hasta le comenté a Aslam Ibrahim, un fotógrafo-ornitólogo, si conoce de ella y me dijo que está en proliferación. Se trata de un tipo de palomas blancas (muy raramente cambian de color), que se expande por espacios públicos y que “nace”, en los supiaderos.

De archivo, lea también || Jabitas piñatas

Se trata de las “jabitas”, esos socorridos envases que compramos al precio de 1.00 peso cubano, en las tiendas no hay manera de que te la proporcionen, y que lo mismo se usa para guardar las compras, llevar lo mínimo, que para botar la basura, y que al terminar su vida útil y no resultar biodegradables, vuelan por todos lados, poniendo en peligro la limpieza y organización del entorno.

Hace unos días llegó una brigada al supiadero donde deposito mi basura, cercano a Cuatro Caminos y la Universidad. Situado en un cajón de aire por la convergencia de varios edificios altos, en la misma noche de la “guardia vieja” de Comunales, un buceador, no precisamente de agua ni de la gente de Manzanares, sino de quienes revuelcan la basura en busca de algo útil, derribó los contenedores y aquello amaneció como un campo de batalla y con las “palomas” volando en derredor.

Ya no basta con denunciar la indisciplina social en nuestras páginas, hacer caricaturas, invocar por las buenas maneras a los vecinos para que no arrojen los desechos desde balcones, pedir que la signatura de Cívica recoja en un capítulo, dónde y cómo tratar con los desperdicios en familia. Ya corresponde una Ley, Decreto, subir las multas, condenar, porque la indisciplina y la desidia pueden hacer que una nueva especie, depredadora y dañina, las palomas de barrio, dañen la vida y el medio ambiente.

Magalys Chaviano Álvarez

Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Cienfuegos.

5 Comentarios en “¿Palomas de barrio?

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    11 febrero, 2020 en 3:48 pm
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    Muy cierto todo, la linda ciudad del mar, de ha llenado de vertederos y suciedad que luego los animales se encargan de dispersar

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      12 febrero, 2020 en 7:44 am
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      En efecto, las jabitas deben acabarse YA!!! Será difícil hacer entender a las personas el daño que ocasionan; tendremos que comenzar a hacerlas de retazos de tela al estilo de mi madre, pero son una plaga, que sumada a las malas costumbres dañan el medio ambiente

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    11 febrero, 2020 en 3:19 pm
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    Si de jabitas desechables hablamos, en algún momento habrá que empezar a pensar que mientras por acá todavía nos quejamos de sus molestias, otras naciones ya adoptaron medidas drásticas como la de prohibir su uso, habida cuenta el dañino impacto medioambiental que esos envases representan. No me parece muy lejano el día en que Cuba legisle sobre este asunto.

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  • Delvis Toledo desde Cienfuegos
    11 febrero, 2020 en 12:25 pm
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    Tenemos una cultura medioambiental pésima.
    Por poner un ejemplo lleno de contradicciones: soy testigo de la enorme cantidad de basura y desperdicios que TODOS los habaneros (cubanos en definitiva) arrojan en las áreas donde -ahora mismo-, se desarrolla la Feria Internacional del Libro de La Habana.
    Constituye -a mi juicio-, el mayor defecto de ese evento, y no tiene que ver como es lógico con la literatura, sino con la inmundicia humana que deja su paso, y el poquísimo sentido de la limpieza que tienen los capitalinos.
    Es un mal que agobia a todas las cabeceras provinciales; “vuela” alto y bajo como esas “palomas” que nunca cambian ni cambiarán de color.

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      29 febrero, 2020 en 9:35 am
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      Así resulta mi querido Delvis, debemos “luchar” contra esa desidia desde el Periodismo y la Comunicación, gracias por tu comentario, y por tu responsabilidad medioambiental

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