El ordenamiento territorial también se ordena

Entre el optimismo y el recelo se mueven los estados de opinión suscitados por el anuncio de la creación del Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo que, convertido en un organismo de la Administración Central del Estado , absorberá al actual Instituto de Planificación Física. 

Unos — incluidos los que desde el Gobierno promueven el nuevo ente — apuestan a un cambio estructural, funcional y organizacional que, al fin, configure un marco de respeto a los planes de ordenamiento territorial y urbanos aprobados por el Consejo de Ministros.

Otros, entre quienes se incluyen no pocos de los que han padecido — y aún padecen — los males que han lastrado el desempeño del IPF — sin demeritar sus aciertos —  consideran que el órgano que se extingue tenía las mismas funciones del nuevo y no pudo llevarlas a cabo como debía porque en muchas ocasiones su actuar fue omiso, en otras, incorrecto, y a veces permisivo, al dejar que muchas acciones violatorias de la legalidad se llevaran a cabo.

Por último hay quienes, ni escépticos ni ganados por un prematuro triunfalismo, confían en que la novedad no represente solo un cambio de nombre y que demande un trabajo consciente, profesionales más comprometidos e idóneos, menos burocracia y más efectividad en la importante gestión de organizar esos lugares de socialización y memoria, tan caros a nuestra identidad, como son los asentamientos, las comunidades y las ciudades de Cuba, junto al entorno en que se insertan.

Para Cienfuegos, las perspectivas que se abren a partir del surgimiento del nuevo Instituto pasan por el reto de armonizar arte y funcionalidad en un escenario urbano del que nos sentimos orgullosos, pero también deudores y garantes.

La planificación física tiene una perspectiva multisectorial y su metodología ha de adaptarse a las condiciones de cada territorio, principio que deberá preservar el naciente organismo aun cuando su diseño acuse una marcada verticalidad.

Por eso, una ciudad como la nuestra, distinguida por la Unesco con la declaración de su Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad, podría encontrar una fortaleza en el nuevo ordenamiento de esa actividad, respaldada ahora al más alto nivel de gobierno y dispuesta a aunar esfuerzos para un desarrollo sostenible, con énfasis en el fortalecimiento del papel del municipio.

Ese espacio geopolítico debe ser precisamente uno de los frentes más urgidos de renovación en las proyecciones del nuevo Instituto, retado a insertarse en mecanismos de participación popular que den al traste con manifestaciones de indisciplina social, como la acumulación de escombros que obstruyen calles y aceras, construcciones improvisadas, rampas que impiden la libre circulación del agua y transformaciones arbitrarias de fachadas, entre otras deformaciones.

Ojalá el nuevo estatus contribuya también a un enfrentamiento más efectivo a otros vicios y lastres que no por comunes a otros lugares han dejado de manifestarse aquí, como la imposición de modas y gustos ajenos a nuestras tradiciones y cultura; la estandarización de soluciones constructivas a escala nacional y la ponderación mediática y pública de obras de dudosa calidad.

Bienvenido sería un mayor rigor ante los megaproyectos concebidos a expensas de la racionalidad y el ahorro de recursos, incluido el suelo; los programas que han priorizado excesivamente la construcción de nuevas viviendas y relegado el mantenimiento de las ya existentes; los ambientes degradados; las edificaciones carentes de valores, monótonas e insalubres; el deterioro generalizado y los ejemplos estéticamente dudosos.

El flamante Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo podría ayudar también a conjurar las nuevas amenazas que en nombre de una modernidad a ultranza atentan contra la imagen de la ciudad, con modas ridículas que afean el paisaje urbanoy la adopción, por desconocimiento o falta de información, de estilos y tendencias ya superados.

Tema no por coyuntural menos sensible, que habrá que mirar con lupa, es la manera en que se armonizaría la urbanización con el empleo del suelo para la producción de alimentos en comunidades y ciudades. Las urgencias económicas no pueden llevarnos hoy a repetir los errores de hace 30 años, cuyas cicatrices son aún visibles en la fisonomía citadina. Importante seguirá siendo defender el criterio prospectivo para cada nueva inversión y no comprometer el futuro con obras faltas de calidad y generadoras de problemas.

Del nuevo Instituto se espera asimismo una revisión del papel de la inspección y de los inspectores en el enfrentamiento a las ilegalidades, sobre todo, cuando la falta de exigencia, la impunidad y las multas benévolas han favorecido determinadas irregularidades.

No menos significativo será reivindicar definitivamente la autoridad profesional y social del arquitecto y particularmente la del llamado “arquitecto de la comunidad”, concebido inicialmente para asesorar a la población en las intervenciones dentro de la vivienda y muchas veces transformados en inspectores o funcionarios.

Coincide la creación del nuevo organismo con la implementación de la Tarea Ordenamiento y profundas transformaciones económicas y sociales en el país, por lo que no debe tampoco mantenerse ajeno al reclamo de sectores profesionales que le tributan, que como los ingenieros y los propios arquitectos, piden estudiar fórmulas de desempeño capaces de contribuir desde una actividad independiente, al diseño, la construcción y el mantenimiento de edificios, comunidades y ciudades.

Habrá también que escuchar más a las facultades de Arquitectura y de Construcción del país, y especialmente a las que forman a jóvenes cienfuegueros con una alta calificación y muchos deseos de hacer, uno de los caminos para ponerle ciencia a la gestión de la planificación física, que buena falta le hace.

Ninguna ciudad puede crecer sin saber cómo lo hará ni en qué medida compromete los espacios que va creando para las presentes y las futuras generaciones. Cienfuegos siempre lo ha tenido presente y estará al tanto de cómo el nuevo Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo puede seguir ayudando en ese propósito.

Omar George Carpi

Omar George Carpi

Periodista del Telecentro Perlavisión.

5 Comentarios en “El ordenamiento territorial también se ordena

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    el 7 marzo, 2021 a las 7:28 pm
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    Con la creación del nuevo instituto debería fomentarse un nuevo enfoque hacia la conciliación de las nuevas propuestas en el ordenamiento territorial con los intereses de la comunidad. Así, las nuevas propuestas antes de su aprobación final tendrían que ser sometidas al criterio de la comunidad inmediata, dígase 500 m a la redonda o en dependencia de su impacto, a una porción mayor, que pudiera llegar hasta todo un municipio.
    La idea es que, a partir de ahora la comunidad sea partícipe del proceso de adopción de un nuevo proyecto, ya sea una fábrica o un negocio privado. Hasta hoy ha sido práctica común el secretismo en la mayoría de los procesos, cosa que contradice el espíritu de lo que se ha dado en llamar público o de propiedad social. Para lo que es del pueblo, hay que contar con el pueblo. Esta política sería la garantía del poder real del barrio.

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    el 5 marzo, 2021 a las 5:05 am
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    Excelente artículo. Este es el tipo de periodismo que se necesita hoy en Cuba.

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    el 4 marzo, 2021 a las 6:31 pm
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    Excelente reflexión, muchas gracias por su claridad.

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    el 4 marzo, 2021 a las 1:41 pm
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    La planificación territorial y el urbanismo constituyen temas medulares en una nación. Estos determinan el curso del desarrollo de las ciudades, una intervención a escala urbana puede significar un impulso o un retraso. Ciudades como Barcelona poseen fama internacional por su urbanismo y su arquitectura. Que hubiese sido de ella si el Eixample (Expansión en catalán) pensado por Ildefons Cerdà no hubiese sido tan atinado? Esto se puede ver en nuestras propias ciudades, no se puede hablar de urbanismo en Cienfuegos fuera de los límites de la ciudad histórica. Lo que estamos legando para las futuras generaciones para nada se compara con lo que una vez recibimos. Nuestras ciudades merecen y necesitan ser pensadas por profesionales competentes y capacitados para esto, merecen y necesitan de urbanistas y arquitectos.

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      el 4 marzo, 2021 a las 8:53 pm
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      Para que el cambio organizativo genere los resultados necesarios se requiere profundizar en la gobernanza de la planificación espacial, elevar el papel de la ciencia y la innovación, profundizar en la dimensión cultural de la ciudad, capacitar a los cuadros y técnicos, informatizar todos los procesos y publicar los planes urbanos como instrumentos clave generadores de cultura y disciplina urbanas. Éxitos!

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