Olfato contra el mal en los aeropuertos cubanos
mar. Nov 19th, 2019

Olfato contra el mal en los aeropuertos cubanos

La técnica canina trabaja en la detección de drogas y explosivos, en aeropuertos, marinas, puertos, y otros./Foto: Tomada de JRebelde

La técnica canina trabaja en la detección de drogas y explosivos, en aeropuertos, marinas, puertos, y otros./Foto: Tomada de JRebelde

La técnica canina hasta la fecha es utilizada en nuestros 10 aeropuertos internacionales, puertos principales, ocho marinas, tres terminales de cruceros, centros de envío y recepción de cargas postales existentes en la nación. Pero detrás de esta práctica de seguridad, existe un colectivo consagrado de trabajadores que venera la labor diaria junto a los perros.

En conversación amena con los especialistas de la Aduana Cienfuegos, algunos de sus trabajadores vinculados a la protección y seguridad indicaron la satisfacción colectiva sobre las tareas que normalmente acometen.

“Nosotros trabajamos con el Cocker Spaniel y el Springer Spaniel, pero también, a nivel nacional se emplea el Labrador Retriever; razas más bien pequeñas, dóciles, fáciles de manejar. En principio porque acá en Cienfuegos, laboramos más bien en yates, embarcaciones pequeñas, locaciones en los que resulta más factible para manejar un perro chico, que por ejemplo, un labrador o pastor alemán.

“Otro de los aspectos fundamentales es que nuestros perros no pueden morder o asustar al público, más allá de que tengan autonomía –rastreen sueltos durante los chequeos–  los cánidos deben inspirar confianza y sociabilidad entre la gente. Tenemos siempre en cuenta a los niños, los ancianos durante las tres etapas del proceso de búsqueda: autonomía, controlado y dirigido, tanto para la detección de drogas como para explosivos, y que ese público que nos rodea a diario, no se vea afectado por ninguna de ellas. Aunque resulta más difícil detectar estas sustancias, sí he tenido resultados reales con explosivos hace años atrás en el aeropuerto”, nos comenta Liudmila Ramos Hernández, técnica de la Aduana en la detección de explosivos.

De izquierda a derecha, Lázaro Alfredo Sánchez Casales, Liudmila Ramos Hernández y Alexis Martell Sala, técnicos caninos en la detección de drogas y explosivos./Foto: Delvis Toledo
De izquierda a derecha, Lázaro Alfredo Sánchez Casales, Liudmila Ramos Hernández y Alexis Martell Sala, técnicos caninos en la detección de drogas y explosivos./Foto: Delvis Toledo

Sobre la meritoria labor de esta mujer que lleva más de 20 años en la Aduana cienfueguera, uno de los entrevistados, Alexis Martell Sala refirió que: “El entrenamiento en la búsqueda de explosivos realizado por Liudmila hay que resaltarlo, porque ella pone en riesgo su vida para evitar el paso de esas sustancias detonantes, que pondrían en peligro a miles de personas en nuestro país”. En tal sentido, los canes pueden reconocer hasta 300 sustancias tóxicas o explosivas diferentes, debido a la presencia de una constante activa que se repite en cada uno de los casos que se les pone a prueba.

El secreto de estas detecciones está, según Lázaro Alfredo Sánchez Casales, en “la dinámica entre entrenador-perro, en la cual el conductor se encarga de esconder objetos ‘contaminados’ con las sustancias que luego el can deberá encontrar; acción compensada luego con caricias, elogios o juguetes de su agrado.

“Estos animales no son conscientes del trabajo en sí, sino que actúan por reflejos, condicionados o no, para tener una recompensa. Es más bien un juego en el que buscan –no droga– que para ellos se ve realizada con un gesto de afecto. Por eso, es tan importante para nuestros trabajadores la cooperación con el animal, la perseverancia, la entrega total al instinto afectivo de estos canes. Se dice que ellos entregan el 25 por ciento durante la búsqueda, pero el 75 restante lo pone el conductor, a través de la pericia empeñada.”

La Aduana en Cienfuegos trabaja hoy de conjunto con el Ministerio del Interior, organismo encargado de garantizar la adquisición y reemplazo de los perros a través de los centros de cría.

Son ellos los que imparten los cursos básicos de sustancias a las unidades cinófilas (binomio hombre-perro) y, además,  ofrecen opciones de superación a los conductores (entrenadores) de mayor experiencia, que podrán prepararse hasta alcanzar el grado de instructores, en quienes recae el entrenamiento en las unidades de base.

“Nosotros todo el año, aunque no haya trabajo operacional, tenemos que estar constantemente entrenándolos para poder estar aptos durante una prueba que se realiza cada tres meses, con el objetivo de analizar los problemas técnicos que posean los cánidos para su futura implementación. También se realizan estos ensayos en función de las competencias de base que realizamos acá o en las regionales, que son realizadas en Villa Clara.

“Durante las pruebas tratamos de efectuarlas lo más cercanas a la posible realidad y para ello contamos con las sustancias para simularla. En el caso de las drogas: la cocaína, la mariguana y éxtasis”, aseveró Sánchez Casales, joven técnico que lleva 7 años en las labores de localización de estupefacientes.

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