Oficio que es cubanía | 5 de Septiembre.
sáb. Dic 7th, 2019

Foto: Juan Carlos Dorado

“La mesa de lectura de cada tabaquería fue tribuna avanzada de la libertad (…)”. José Martí

Se escucha por el audio de la Fábrica de Tabacos de Cienfuegos, el cuento Taita, diga Usted cómo, de Onelio Jorge Cardoso, en la voz de Marjoris Pupo Vázquez, la lectora, quien encuentra en el salón de torcido un público receptivo y ávido de cultura.

“El padre y él —él dos palmos más bajo de la cintura del padre— llegaron hasta la cerca. El viejo se metió por el portillo de la piña y estaca en mano se fue sobre el potro.

“¡Condenáo, arriba de la potranquita del vecino!”.

“Yo soy graduada de Humanidades en el Pedagógico y hace seis años me desempeño acá, donde creo haberme encontrado, porque esta retroalimentación que se establece con los obreros es muy rica. Recuerdo que estaba de licencia de maternidad cuando me presenté para el puesto, y tras tres semanas de familiarización, entre otros candidatos, los tabaqueros me seleccionaron, sí, porque ellos son el ‘tribunal’ que finalmente aprueba a su lector, el que prefieren, por la dicción y maneras de leerle”.

Marjoris me muestra un anaquel repleto de libros y me cuenta que casi todos los ha leído en voz alta y compartido con los torcedores, quienes hacen sonar sus chavetas en señal de aprobación tras cada lectura. Sí, porque esa herramienta, una cuchilla para cortar el tabaco, es también el ícono del torcedor, y hasta modo de expresión.

“No solo les leo cuentos o novelas, también la prensa, el ‘5 de septiembre’ es lectura obligada cada viernes y en el resto de la semana las publicaciones nacionales, pues las recibimos frescas en la fábrica. También atiendo la radiobase, por donde se escuchan otros programas dramatizados, como novelas y de corte informativo. Aquí en la Fábrica tengo que ver, además, con la atención al hombre”.

En ese libro de Don Fernando Ortiz, que es casi un tratado de cubanía, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, el sabio escritor cuenta que: “En La Habana la lectura se introdujo en las tabaquerías en 1865, a impulso de Nicolás Azcárate y fue la fábrica El Fígaro, la primera que permitió la lectura en sus talleres. Al año siguiente lo hizo Jaime Partagás en su taller. Luego serían muchas más”.

La historiografía recoge al oficio de lector de tabaquería como una contribución: “Por medio de la lectura en alta voz el taller de la tabaquería ha tenido su órgano de propaganda interna. La primera lectura que se dio en una tabaquería de La Habana fue la del libro titulado Las Luchas del Siglo”.

De vuelta a nuestra conversación, Marjoris responde mis preguntas y detrás se escucha, como fondo, la novela cubana en una emisión de radio. Los torcedores, son mujeres casi en mayoría, permanecen atentas a su labor y el aroma de la hoja del tabaco embriaga dulcemente.

Foto: Juan Carlos Dorado
Foto: Juan Carlos Dorado

“Tengo una vida normal, en las tardes llego a casa, comparto en familia las vivencias del día, que no son pocas, atiendo a mi hijo pequeño Robin Caleb, pero ¿sabes una cosa? En la noche pienso en el material que leeré al día siguiente. Tengo dos tiempos de lectura, uno en la mañana y el otro, en la tarde. Este último siempre debe ser un texto bien original, a esa hora los obreros están casados y necesitan escuchar algo estimulante.

“No, que va, yo no fumo. Al principio me molestaba un poco el olor del tabaco, sin embargo ya no, es parte de mi cotidianidad. Y al tabaco es preciso amarlo, eso también lo aprendí de este oficio. ¿Qué lecturas prefieren los obreros? Bueno, le gustan los policiacos, pero en general aprecian la literatura y la información, lo que contribuye mucho a su cultura general, lo cual agradecen”.

Y ya es la hora de lectura, dejamos a Marjoris en su tribuna, escuchamos la música de las chavetas, y hasta creemos es una despedida a nuestro equipo. Alcanzo la salida creyendo escuchar esta entrevista el viernes próximo y logro escuchar la voz de mi entrevistada, que retoma al Cuentero Mayor.

“¡Sálete, puñetero! Quedó en el aire sobre sus patas traseras, pero ya en el minuto de la eyaculación, el pisajo echó sobre la tierra su cálida simiente”.

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