Océanos, vívida aventura documental | 5 de Septiembre.
dom. Jul 21st, 2019

Océanos (Jacques Perrin, Jacques Cluzaut, 2009) no tiene nada que ver con esos insufribles materiales de mascotas en los cuales gordísimos americanos noños se babean con sus perros, mientras su gobierno destroza el planeta; ni tampoco con los montajes de Discovery Channel donde la gueparda Kika cuida al guepardito Kiko, vino un león y se lo comió, todos lloramos, y ¡qué linda la cadena televisiva!, aunque a la larga todo sea otra de las pseudo experiencias de la network “científica”, célebre por engatusar al espectador neófito.

En Océanos estamos hablando de liga diferente, de una concepción real de la ética y un sentido de compromiso ecologista verdadero. Estrenada, a luneta batiente, durante la inauguración del Año Internacional de la Biodiversidad, a raíz de su presentación Perrin le participó al cotidiano galo Le Monde: “El filme transmite un mensaje de esperanza…Sabemos que más de un tercio de las especies vegetales y animales catalogadas están en peligro de extinción, nos lo dicen los científicos. Nuestro futuro no es escucharlos abrumados y sentados. Hay que ser constructivos y hay motivos para confiar. Los santuarios funcionan. Cuando se prohíben las actividades humanas en el mar, la vida renace. Lo hemos comprobado al rodar en esos santuarios. En la película, las imágenes de destrucción duran diez minutos, son como una bofetada. No vale la pena cargar las tintas. Estamos al borde de la catástrofe, pero aún podemos cambiar de dirección”.

Lo dijo bien. De la última hornada de documentales de su corte producidos por los europeos (los franceses Nómadas del viento, de 2001 -también de Perrin y Cluzaud- y Home, estrenado hacia 2009, o el británico Tierra, de 2008), este es sin duda el más esperanzador. Aunque mantener enhiesta la fe de Jacques no resulta muy fácil cuando se aprecia el proceder de los entes decisores del planeta en cumbres como la de Copenhague, bochornosa para el destino de la Humanidad, dada la ausencia total de voluntad e irresponsabilidad del principal país contaminador del mundo. Y de lo actual en EUA con la era Trump, para qué hablar.

Del agua surgimos, con los coacervados, y tal elemento es dominante en el globo terráqueo; mucho más en el más posible escenario mediato. Océanos, pues, constituye tributo del séptimo arte al espacio donde surgió la vida. Supone vívida aventura sensorial, tejida sobre la urdimbre de una coreografía cinemática, la cual fascina por su plasticidad. Visionamos aquí excepcional sinfonía acuática cuyas pautas las dicta el propio movimiento de los mares, la misma cadencia sincopada de la biodiversidad marina.

La narración halla en el complemento sonoro de Bruno Coulais y el sonido ambiente bazas para revestir de majestad melódica la pura poesía audiovisual contenida en imágenes tendentes a renovar la capacidad de asombro ante la inmensidad del universo azul. El largometraje prescinde, por extensos trechos, del acostumbrado narrador en off del típico texto ilustrado, al confiar en la contundencia de lo mostrado; se abstrae de demasiada orla, no comete la imbecilidad de ponerle nombre a los animales (el antropomorfismo al uso) ni derrama Apocalipsis en sus fotogramas, aunque argumenta unas cuantas verdades incómodas para las grandes compañías pesqueras, las potencias occidentales y la inconsciencia de los humanos, en cualquier sitio.

Billones de tomas, largos años de trabajo por los fantásticos pero hoy más tristes océanos de nuestro mundo y un presupuesto de 70 millones de dólares lo convierten en el producto audiovisual de su tipo de más “punch” a lo largo de la historia desde que aquel señor llamado Jacques Cousteau sembrase la semilla germinal de las criaturas de su tipo, décadas ha.

No obstante, el filme no posee la organicidad narrativa interna ni el sentido de integralidad de piezas como Microcosmos (1996) o la antes citada Nómadas del viento. Ni siquiera de la más discreta El viaje del emperador (2005 y Oscar de su categoría al otro año). Además, pese a su notable distancia con trabajos del medio televisivo, repite tomas vistas hasta el hartazgo en muchos de esos materiales (la tortuguita incapaz de llegar al mar tras romper cascarón, el gran tiburón blanco tragándose a la foca en el aire, la orca balanceada hacia la orilla como recurso excepcional de caza del increíble depredador…)

Cuanto derrochó en retomar, pudo emplearlo en investigar la flora/fauna de deltas, estuarios, barreras coralinas o fosas oceánicas, echadas en falta aquí.

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2 thoughts on “Océanos, vívida aventura documental

  1. Hermano, ante todo muchas gracias por tus palabras. Saludos para tí, para tu esposa y además transmítele uno a tu jefa y de paso evócale nuestra última conversación. El documental en cuestión puedes pedirlo, para copiarlo, en la videoteca contigua al cine Luisa. Dile a Rosita, la compañera del centro, que vas de mi parte. Lo tuve, pero lo perdí en una de las quemas de Alejandría de mis discos duros. Un abrazo y seguimos en combate.

  2. July tu como siempre sorprendiendonos con tus artículos, ese de hoy me llegó, de verdad que me llegó, tu sabes que soy aficionado al mar y a la pesca renovable, es decir solo pescar lo que es comestible y en cantidades razonables, el medio es de todos y todos debemos cuidarlo,.
    Yo vi solo una pequeña parte de ese colosal documental, OCEANO de los realizadores Jacques Perrin y Jacques Cluzaut y me quedé loco con él quisiera poder verlo completo, es una obra magistral y ha tenido una muy magnífica critica en todo el mundo, dime donde pudiera copiarlo para verlo completo. Ojalá muchos lean tu artículo y se sensibilicen con el tema y vean la amenaza de la ecatombe de la vida.
    !MUCHAS GRACIAS JULITO POR TOCAR ESTE TEMA DE TODOS!
    Te admiran tus amigos Pashy y Arely

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