Nuestro presidente Dorticós

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Osvaldo Dorticós Torrado y Fidel Castro Ruz./Foto: Radio Rebelde

El 24 de junio de 1983 falleció un hijo muy querido de Cienfuegos y de toda Cuba, el Presidente de los cubanos, Osvaldo Dorticós Torrado.

Hijo de una respetada familia sureña, con posibilidades económicas, apenas con 14 años formó parte en Cienfuegos del Ala Izquierda Estudiantil y en 1935 integró el Comité de Huelga contra la primea dictadura de Batista.

Dos años después militó en el primer Partido Comunista de Cuba. En 1941 se graduó de Abogado en la Universidad de La Habana, lugar donde participó también de las famosas tánganas estudiantiles contra los desmanes de los gobiernos de turno. Ejerce en Cienfuegos como abogado y rápidamente gana prestigio por su inteligencia profesional y por su rectitud de principios, comprometido con los humildes y con sus concepciones ideológicas. Jugó excepcional papel en lograr la libertad de los 35 miembros del M-26-7 que en Cienfuegos fueron apresados por los esbirros batistianos, golpeados y torturados, con balance de seis heridos graves, uno de los cuales quedó inválido hasta su muerte; así como también logró la libertad de muchos otros combatientes en diversas causas.

Osvaldo Dorticós, modesto y sencillo, aunque con gran personalidad humana, combatió de muchas maneras a la tiranía de Batista entronizada después del 10 de marzo de 1952, desde su actividad profesional y desde su militancia en el Movimiento 26 de Julio y en el Partido Socialista Popular. Fue responsable de la Resistencia Cívica del M-26-7.

Varias veces detenido por la tiranía, a fines de 1958 fue forzado a exiliarse. A su regreso, al triunfo de la Revolución, es designado Ministro encargado de Ponencias y Leyes Revolucionarias y resultó inteligente y dedicado servidor de los intereses del pueblo trabajador. A mediados de 1959 le fue encargada la Presidencia de la República. Durante 16 años ocupó esa responsabilidad. Fueron los años más difíciles y apasionantes de la historia de Cuba e integran la etapa más fecunda de la ejecutoria del luchador revolucionario que siempre calladamente fue.

En esos 16 años iniciales de la Revolución en que Dorticós ocupa la presidencia de la Nación la obra que acometió junto a Fidel Castro y el Partido fue la simultánea y dificilísima de destruir el viejo Estado burgués y neocolonial y pro-imperialista, superar esa institucionalidad contraria a los intereses populares, y paralelamente edificar institucionalmente los organismos y organizaciones adecuadas para el desenvolvimiento del Gobierno Revolucionario que liberara y desarrollara a las masas populares. Fue una etapa muy compleja porque además, estuvo constantemente agredida, atacada, afectada en todas las esferas por los gobiernos imperiales norteamericanos. Y en toda esa etapa trascendental Dorticós actuó como un soldado fiel y humilde, sin encumbrarse nunca. Fue el más útil y más capaz hombre que pasó por ese cargo en la historia nacional. Y junto a las agotadoras y múltiples tareas que diariamente cumplía, tuvo la responsabilidad de representar a Cuba en muy importantes misiones en el extranjero.

En las reuniones internacionales de esos años difíciles, cuando el enemigo impedía que Cuba tuviese relaciones con el mundo, la voz de Dorticós, pausada, atemperada, firme, y su depurada oratoria fueron armas para fustigar al imperio y condenar sus agresiones, desenmascarar sus falacias contra Cuba y contra los pueblos del mundo. También podían ser piezas oratorias cálidas y cercanas para referirse a la solidaridad con los pueblos de nuestra región y para hacer entender la obra de los revolucionarios en los pueblos en lucha.

Integró el Comité Central del Partido y contribuyó a crear los órganos del Poder Popular.  Fueron tareas simultáneas, todas importantes y necesarias en un período muy tenso por las agresiones continuas y diversas del enemigo, y la destrucción de la sociedad vieja y la construcción de la nueva sociedad y sus instituciones. El jurista y revolucionario Osvaldo Dorticós tuvo honda incidencia en todo ello.

Tanta intensidad y profundidad de trabajo minó su salud. A pesar de los intensos dolores físicos que le producía su enfermedad, no dejó de laborar hasta sus últimas fuerzas. Los dolores físicos y después la profunda depresión que le causó el fallecimiento de su amada esposa, compañera de toda su vida, afectaron más de lo que podía su capacidad de resistencia física y mental. Y en una de sus crisis, sufriendo dolores atroces que las medicinas no podían ya aliviar, ya no dueño de sí mismo, se produjo la muerte por mano propia, él que había sido capaz de soportarlo todo con su siempre vertical conducta y principios revolucionarios.

Todos sus compañeros lo recuerdan. Lo recordamos los cubanos de más edad, pero no como hombre atormentado en sus últimos días, sino como el trabajador abnegado e intachable que siempre fue, el estudioso incansable, el militante honesto, talentoso, útil camarada que siempre dio lo mejor de sí. Así recordamos con agradecimiento y cariño a Osvaldo Dorticós Torrado

1 Comentario

  1. Andrès. Muy sentido su artìculo. Me ha causado una sana mezcla de dolor, admiraciòn y orgullo. Gracias por acercarnos a un admirable cienfueguero, como lo es Osvaldo Dorticòs Torrado. Quisiera me permitiera hacerle una pregunta: ¿existe alguna instalaciòn educacional, cultural o social en Cienfuegos que lleve el nombre de tan ilustre personalidad local?. Gracias.

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