No se aceptan devoluciones: Devuélvanme mis dos horas

Pese al colosal éxito de taquillas en su país, el filme mexicano No se aceptan devoluciones es cine viejo, demagogo, populista y lagrimoso, convertido en anacrónica loa a la evasión más burda

7
2157

Sí, de acuerdo, el humorista mexicano Eugenio Derbez suelta (o soltaba) sus dos o tres chistes graciosos como maestro de ceremonias en los Latin Grammy y determinado segmento de su andadura televisiva no resulta del todo descartable haciéndose uno de la vista gorda; pero va una distancia intransitable de ahí a dirigir una película completa, con el protagónico reservado y una historia telenovelera y melodramática a rabiar, que desoye los derechos de autor en cada fotograma porque todo es la copia de la copia de la copia. O sea, el cadáver exquisito en estado de putrefacción por excelencia.

Podrá ser uno de los tres filmes más taquillero en la historia de un país sumido en insondable crisis moral y cuyos habitantes casi por lógica olvidaron sus desgracias durante dos horas diseñadas milimétricamente para la evasión absoluta, pero cuanto en realidad representa No se aceptan devoluciones (2013) es un suceso audiovisual vergonzoso para las dinámicas temático-narrativas del cine latinoamericano actual. Elemento factual irónico, sin embargo constituye la cinta regional de todos los tiempos más vista en los Estados Unidos, si bien ello se desprende del volumen de mexicanos existentes allí, a los cuales el guion apunta de forma descaradamente aviesa en sus personajes, gags verbales y andanzas binacionales del papá con la nena bonita que habla dos idiomas como los de la diáspora y además tiene cabellos rubios, como las heroínas de tantas telenovelas de Televisa. Que para indios ya está bueno con los muertos por los narcotraficantes. Harían falta mil cargas villeneanas para acabar con el analfabetismo audiovisual de grandes conglomerados de público latinoamericano, cuyas prefabricadas opciones estéticas ninguna relación guardan con la de los talentos del séptimo arte.

La pantalla de Luis Estrada, Carlos Reygadas o Fernando Eimbcke retrocede setenta años mediante este culebrón televisivo en formato fílmico, paradigma de modelos de hacer afincados a retrógradas configuraciones, que trabaja con arreglo a un arsenal de fórmulas de manual muy básico y el cual por consiguiente está plagado de estereotipos del primer al postrer plano.

Luego de ciertas escenas de ligero humor, bellas animaciones, mucho paneo polícromo kitchs en un falso e idílico Acapulco o en Gringolandia y sus buenos close-ups a la tan linda como agradable rubita Loreto Peralta (en la graciosa intérprete de nueve años radica parte del éxito popular del filme), el Derbez director y coguionista fragua una variación a la Shyamalan versión para estúpidos, al colocar al largometraje en territorio total del golpe bajo, el moco y los pañuelos. Bien en la cuerda del dramón más caro a compatriotas alimentados desde siempre de un menú que hoy día se encargan de reforzar Televisa y Univisión, puesto que en el cine ha perdido lógico terreno a favor de signos discursivos menos arcaicos. Nota al canto pero pertinente: No se aceptan devoluciones fue facturada por Pantelion Films, estudio del cual Televisa es copropietaria. Quien tenga ojos…

Como en la prensa cinematográfica, algo menos en la crítica, también existe su cuota de retardo, algunos camaradas que le hacen demasiado caso a los dossiers entregados por las productoras y no pierden neuronas en pensar por cabeza propia han comparado ¡ay¡ a No se aceptan devoluciones con El chicuelo, de Chaplin; Kramer contra Kramer, de Robert Benton; y La vida es bella, de Roberto Benigni, en vez de establecer apropiadas equiparaciones con La niña de los hoyitos o la peor vertiente de comedietas familiares de Adam Sandler, con quien el propio Derbez colaborara en Jack y su gemela, mezcladas con el “ángel” de cualquier telenovela de Thalía. Los criticastros (para usar un término lezamiano) signatarios de tan galácticas sandeces merecen peores epítetos que los perpetradores del despropósito fílmico de marras. Como en la policía yanki, también haría falta una división de Asuntos Internos en nuestro universo, para detectar a quienes embaucan a la gente en los periódicos del mundo.

Guardar

Guardar

7 Comentarios

  1. Es verdad: lo peor es haber gastado o malgastado 2 horas en vano, en un producto que no aporta nada o muy poco (y hablo por el periodista) porque yo no he visto este filme.
    No obstante, tengo una alergia mortal a los asuntos “Televisianos” y “Univisionianos”, por tanto, me parece poco probable que pueda ver esta película sin tener un infarto al miocardio o una crisis de tos que me haga apagar la laptop o el televisor.
    Independientemente de los criterios anteriores (y respetándolos, lógicamente) me parece mucho mejor apostar por “Kramer contra Kramer”, y de “El chicuelo”, ni voy a hablar…faltan palabras y sobran las imágenes.

  2. La crítica es válida, para mí es un dramón de telenovela, que jamás va a superar a lo que hizo Cantinflas. Precisamente el producto vende en esos millones de adictos a las telenovelas lacrimonas de Televisa y que se hacen con técnicas de enlatados en serie para reducir gastos. No obstante, hay que reconocer la personalidad carismática de Derbez y los trucos de los cuales se rodea con la rubita bilingue para abarcar el mercado hispano de bajo nivel escolar, entre ellos niños y jovenes bilingues de tercera generación, en edad escolar que no ven televisión, en Estados Unidos, el más numerosos y de mayor poder adquisitivo en español que ya en sus países latinoamericanos de referencia estaban habituados a comprar estos productos. Lógicamente, es un enlatado sin fallos para taquilla y ha contado con un gran presupuesto de promoción. La película como distracción pasa, para tener un momento entretenido y no romperse la cabeza, pero jamás le llega a los pies de las historias similares de Cantinflas, ni Derbez logra esa altura, pese a ser, sin lugar a dudas, un buen comediante. Ana defiende al público que le agradó la película y es válido que así sea, incluso me encantó que haya aescrito para enriquecer esta sección como deberían hacer muchos, pero hay que decir la verdad ante todo, no aporta nada al cine, salvo puro entretenimiento, sano, eso sí, derivado de las telenovelas.

  3. Hola, por suerte no todos compartimos tu critero. Existen muchas personas que sí ven en los minutos de trama de NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES un encuentro de despeje mental para adentrarse en un mundo de comedias y por qué no, lágrimas. Esas personas no miran con ojo clínico lo que consumen, al menos no como especialistas, por lo general. Me imagino que como crítico cinematográfico tengas un sinfín de números de comedias y dramas cuya potencialidad fotográfica, artística -me refiero a las actuaciones- y demás supere las espectativas de las personas y estas no pertenezcan a la década de los 80 o 90. Para el próximo artículo por qué no compartes películas de igual perfil, que según usted sean reflejo de criterios opuestos a los que acaba de explicar. GRACIAS

Dejar respuesta