No: Larraín y el plebiscito del '88 sobre la bestia asesina pinochetista | 5 de Septiembre.
vie. Dic 13th, 2019

No: Larraín y el plebiscito del ’88 sobre la bestia asesina pinochetista

Además de la execrable Fuga, la en extremo sobrevalorada Tony Manero y la mucho más solvente Post Mortem, antes de las ahora célebres El club, Neruda y Jackie el realizador chileno Pablo Larraín ya contaba en su para entonces breve filmografía con el largometraje No, estrenado en 2012.

Tony Manero, Post Mortem y No integran su llamada Trilogía Pinochetista y la última y hoy reseñada en este espacio, de manera específica va sobre el plebiscito que, en 1988, debía determinar la anuencia o la renuencia del pueblo chileno al mantenimiento en el poder del dictador, instaurado en el cetro presidencial gracias al golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973 contra Salvador Allende, elegido en las urnas.

Urdido por Washington, el ataque a La Moneda constituyó el preludio de un nuevo Chile al viento del capitalismo salvaje; solo que en el caso austral el Imperio tuvo un peso desacostumbrado en el apuntalamiento de su economía, con el objetivo de demostrar que la alternativa política que proponía para el subcontinente era la viable en términos de supervivencia financiera.

De manera que, pese a los miles de muertos y desaparecidos, las torturas, los silencios obligados…, algunos sectores favorecidos en dicho plano -merced a la función nacional de cobaya de la Escuela de Chicago de Milton Friedman-, y por consiguiente provistos de poder en esferas principales de la nación, respaldaban al dictador.

Aunque a la larga triunfó la opción del No a la bestia asesina pinochetista, con el 55 por ciento de los votos populares en su contra, nada fácil fue dicha decisión, en medio de un país de profundas divisiones sociales, todo lo cual Larraín grafica desde los puntos de vista antónimos de dos equipos distintos de publicistas. Dentro de uno de ambos bandos resulta figura central el personaje incorporado por el actor mexicano Gael García Bernal, en una de sus composiciones menos afectadas y creídas de los últimos años en su asunción de este creativo de la campaña opositora contra el tirano.

El plebiscito del 5 de octubre de 1988 representó un hito político, ideológico, social en la historia de Chile y de América Latina. Larraín, buen conocedor del pasado de su país, pese a ser hijo de altos cargos de la derecha chilena, lo sabe bien; de tal que arma en No (ganadora del premio a la mejor película de la Quincena de Realizadores en Cannes) una obra fílmica respetuosa, veraz y bastante objetiva en cuanto al decurso del acontecimiento. Hábil mixturador de lo fictivo y lo documental, el realizador rodó con una cámara de vídeo UMATIC de 1983 -formato en franco desuso-, en pos de establecer puentes dialogísticos entre las imágenes de archivo y las de la ficción.

Plus de valor de No es que funciona en tanto parábola del poder de la imagen en función de apoyar o derrocar un status quo; de la manipulación o la afirmación sobre la base del fotograma publicitario. Eso queda explícito en las campañas políticas de ambos lados del espectro político chileno —aquí mostradas mediante fidedigna mirada—, en Santiago de Chile en 1988, las cuales de alguna manera fueron premonitorias del alcance bestial adquirido por estas en la actualidad.

Larraín en la ficción, complementa en No el extraordinario quehacer documental de Patricio Guzmán sobre la historia chilena, sus luces y sombras, sus cismas, duelos y alegrías.

El cuarto largometraje del director suramericano, basado en un guion de Antonio Skármeta, no solo es ejemplo de buen cine; sino además de consecuencia para con el legado y el futuro de las naciones latinoamericanas.

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