Niños que deben ser niños…

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Foto: Centro de Documentación

A veces, no tomamos en serio la niñez y cuando ellos levantan su mano en medio de la cotidianidad, la censuramos con la manida frase de siempre: “ya tendrás tiempo para decidir”. A veces, los regañamos y obviamos amonestarnos a nosotros mismos, porque somos tan adultos que olvidamos ser niños, vivir desde su mágica altura.

“La Convención sobre los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas, es bien explícita en sus artículos en relación con el cuidado, deberes y obligaciones de los padres para con sus hijos. Hoy, en muchas ocasiones se incumple y lo vemos a partir de las situaciones que se presentan en el día a día (…) Las familias generalmente desconocen que los infantes tienen derechos y que pueden ser penalizados por evadir ese bienestar”, afirma Anisleidy García Cruz, coordinadora provincial del proyecto de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, quien junto a la M.Sc. Danaisy Rodríguez Pérez, profesora de la Universidad de Cienfuegos, investigan el tema y ya poseen resultados para presentar en próximos eventos provinciales de corte educativo.

Ambas coinciden en el desconocimiento que tienen las familias y las instituciones en relación con la temática. “Aunque la mayoría de los casos más graves provienen de núcleos disfuncionales, no quiere decir que solo sucedan en esos contextos. También pasa con profesionales, que dominan medianamente el tema e incurren en violaciones”, agrega Danaisy Rodríguez Pérez.

Las investigadoras, defensoras de una niñez feliz, tomaron como muestra el círculo infantil Sueños de Rosa, donde a partir de técnicas didácticas, como el juego de roles, y la visita a los hogares, pudieron constatar divergencias entre lo establecido por la Convención y la realidad, sin que los familiares tuvieran conciencia de que violaban sus artículos explícitamente. También desde sus funciones como miembros del Grupo Provincial Educa a tu Hijo tienen varias experiencias que se repiten y se disfrazan con lo cotidiano.

“A veces, los padres descuidan la apariencia de un niño y lo mandan despeinado, desarreglado, mal vestido y con mal olor. Existen casos en que no los envían a la escuela y los dejan deambulando por las calles; o sencillamente, no van a las clases, porque no quieren (…) De igual modo no los llevan a pasear, a conocer el medio que les rodea y disfrutar de la naturaleza. Incluso, les obligan a ir a fiestas que no son adecuadas para ellos; y los ves, hasta altas horas de la noche, en carnavales, con sueño y llorosos”, explica Anisleidy García Cruz, también inspectora en el ámbito de justicia.

Para los efectos de la Convención se entiende por niño a todo ser humano menor de 18 años de edad. El artículo 18 aclara las responsabilidades de los padres sobre su educación y desarrollo, quienes deberán actuar pensando en el interés del infante. Mientras, el 19, explicita que las autoridades judiciales “deberán protegerlos de los malos tratos, los abusos, la violencia, el descuido o el trato negligente, cualquiera que sea su procedencia”.

“La mayoría de casos en que se violan los derechos de los infantes provienen de padres divorciados, situación que provoca desacuerdos a la hora de elegir los horarios de comida, paseo y visita. El proyecto orienta y asesora a los progenitores en función del correcto desarrollo de la niñez. Para ello se recomienda el establecimiento de un intercambio sano entre los padres, donde se regule el régimen comunicativo. Se les explica los deberes de cada cual y el tiempo que pasarán con sus hijos”, expresa Rodríguez Pérez.

“Cuando los padres van al círculo se preocupan por lo que comió, no por lo aprendido en el día, y ellos deben conocer cosas nuevas según lo legislado. Otro derecho que se le viola a los pequeños es el de pedirles su opinión, del cual mayormente hablamos en las reuniones y charlas. Los mayores no cuentan con ellos, cuando deberían participar de las decisiones tomadas en el hogar. Algunas veces en las comunidades se dan situaciones que van en contra del desarrollo del menor y las personas no las denuncian, y hay que hacerlo”, aclara Anisleidy García Cruz.

El Programa Educa a tu Hijo tiene un apartado para la atención a niños con situaciones de salud complejas, que generalmente encierran otros tipos de elementos como la funcionalidad de la familia. Alrededor de 20 casos mensuales a nivel provincial permanecen como los más críticos.

Aun cuando en Cuba la niñez tiene colores diferentes y está entre las mayores felicidades de la nación, no podemos dejar de mirar hacia horizontes que merecen ser cambiados, sobre todo, en aquellas que por cotidianas englobamos en el saco de los “a veces”.

Danaisy Rodríguez Pérez y Anisleidy García Cruz./Foto: Juan Carlos Dorado

En coautoría con Darline Shenandra Carbó Díaz, estudiante de periodismo.

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