Ni más ni menos | 5 de Septiembre.
jue. Nov 21st, 2019

Ni más ni menos

Caricatura: Osval

Caricatura: Osval

De fiesta se declara la economía familiar cuando en una feria, rebaja o stand de mermas, a casa entran productos que —en su precio normal— resultan imposibles de adquirir.

Y en esa compra donde el “lento movimiento” marca pautas, cruzamos los dedos para que el zapato, tejido u objeto en cuestión no se desarme al primer uso, aunque lo adquirimos siempre a sabiendas del mucho tiempo de estancia en almacenes.

Pero, tras la euforia de “resolver” a bajo precio —lógica en tiempos de un sector presupuestado con bajos ingresos y la polémica del salario cada vez con mayor fuerza en Cuba—, cabría cuestionarse si para la economía del país tal estancamiento en la venta de las producciones trae consigo igual entusiasmo.

Y no. La cruzada que la economía cubana protagoniza contra los inventarios ociosos deja clara la postura nacional en cuanto a ese, el resultado de compras innecesarias, de gastos en productos no medulares, de derroche disfrazado luego con el cartel de lento movimiento.

“En las entidades donde se acumula una gran cantidad de recursos ociosos no hay una adecuada gestión de los inventarios. Muchas veces en esos enclaves se hacen compras sin evaluar qué tienen en existencia física en almacén”, declaró al respecto, Elsa Puga Rochela, Contralora Provincial.

Precisamente, la recién finalizada decimotercera comprobación nacional al control interno desplegó entre sus programas priorizados la fiscalización y uso de los inventarios, un verdadero dolor de cabeza para muchas empresas e instituciones.

“No podemos comprar para almacenar, nuestra economía no se puede dar ese lujo. Debemos tener en cuenta los riesgos que trae consigo el hecho de acumular, pues hoy existen cambios de tecnología, recursos con fecha de vencimiento, y al final terminan como parte de un inventario no comercializable y con destino a materia prima”, agrega la Contralora Provincial.

Sin embargo, no es necesario visitar un almacén de proporciones enormes para constatar cuán vigente está la irresponsabilidad de compradores; con solo recorrer establecimientos de la corporación Cimex o TRD (estas últimas ahora llamadas Caribe), por ejemplo, percibimos por qué se ralentizan las ventas.

Por ejemplo, una manta o colcha con mangas, como para ver la televisión en un país muy frío, adornaba hace unos días los estantes de la recién remodelada tienda El Encanto, y es ahí cuando cualquier ciudadano —con un poco de sentido común— se pregunta: ¿dónde reside la utilidad de un producto como ese aquí, en medio de estos siempre elevados grados Celsius?
Los inventarios marcan negativamente la salud financiera de Cienfuegos, catalogada de favorable por Glenia Cristina Díaz González, subdirectora de Políticas Contables en la Dirección Provincial de Finanzas y Precios, “pero aun así las entidades deben trabajar en ellos, pues constituyen un financiamiento engavetado y el presupuesto no está destinado para comprar y guardar, solo para garantizar abastecimiento para unos tres meses aproximadamente”, alega la funcionaria.

Puntualiza que “lo guardado en almacenes clasifica como ocioso y limita la capacidad financiera para enfrentar otras necesidades”.

Y así ocurre en el hogar, donde nunca compramos de más. Nuestras alacenas responden a lo básico, lo estrictamente necesario, lo indispensable. Si desde su raíz etimológica la palabra economía significa “administrar la casa”, entonces lo más lógico sería apegarnos a tal concepto y actuar como si manejáramos el dinero de casa, y compráramos, únicamente, los productos demandados en casa, ni más ni menos.

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