Negros en EE.UU., apisonados por la pandemia y el sistema

El sector afroamericano fue, es y será la última preocupación de Washington. Los negros son los parias del sistema. Hasta a los propios historiadores blancos norteamericanos más conservadores no les queda más remedio que reconocer la dolorosa historia (y también el presente) de opresión, irrespeto a sus derechos y desigualdades notables de estos, en un país cervalmente racista.

Mucho después de Rosa Parks, los sueños incumplidos del pastor Luther King, las reivindicaciones de Malcolm X o los más recientes sermones de Jesse Jackson, el poder continúa ignorando a la económica y sanitariamente desprotegida población de raíces africanas en la gran nación del norte.

Como diversos artículos elaborados por los propios medios estadounidenses reflejan de forma habitual, constituyen el mayor fragmento demográfico presente en el sistema carcelario de la nación y representan el principal blanco de violencia policial allí.

Por si no bastara su aflicción, la brecha salarial entre caucásicos y afros este lustro alcanzó su pico máximo en 40 años. Los hombres de raza negra que viven en áreas metropolitanas y regiones similares de EE.UU. ganan un 22 por ciento menos que los blancos, mientras que las mujeres negras ganan un 34,2 por ciento menos, precisa una investigación del Economic Policy Institute. En tanto, las mujeres negras perciben un 11,7 por ciento menos que las blancas por su trabajo, añade el documento.

La investigación subraya que la discriminación racial juega un papel esencial en la expansión de la brecha en un territorio donde los graduados universitarios negros entran al mercado laboral cobrando menos. Pocos trabajadores de esa raza poseen el tipo de empleos de altos salarios que registran la mayor parte del crecimiento en la etapa. La declinación de los sindicatos —que en determinado momento histórico apoyaron a trabajadores afronorteamericanos  en su lucha por igualdad salarial— también impulsó la disparidad.

Esa disparidad se expresa, entre otros frentes, en el acceso a un sistema de salud sin lugar para los menos favorecidos. Por tanto, esta franja acumula un grupo de patologías no tratadas que la hace muy vulnerable a una pandemia como la actual. Según datos de manejo público, presentan tasas muy altas de diabetes, enfermedades cardíacas y afecciones pulmonares.

Al criterio de las investigadoras norteamericanas Florence Sprague Norman y Laura Smart Norman, del mismo modo que los hispanos (la otra minoría en la diana de la Covid-19), gran parte de los negros pobres se encuentran más expuestos al virus, en tanto poseen empleos de salario bajo o esenciales, tales como servicios alimenticios, transporte público o cuidados de salud, los cuales los obligan a mantenerse en contacto con el público. Además, de no seguir activos, no entra ingreso alguno a sus hogares: gran parte de estos ubicados en vecindarios de pobreza concentrada y ambientes contaminados, cual escribió el profesor de ciencias sociales Robert Sampson.

Los datos que muestra otra investigación, publicada el 7 de abril por el periódico The Washington Post, son espeluznantes: en el condado de Milwakee, en el estado de Wisconsin, los afroestadounidenses representan el 70 por ciento de los muertos por coronavirus, mientras son solamente el 26 por ciento de la población. De forma casi exacta el patrón se comporta en el estado de Luisiana, con el 70 por ciento de fallecidos por la pandemia, aunque los negros sean nada más allí el 32 por ciento de la población.

Datos hechos públicos por el Departamento de Salud Pública de Chicago reflejan que cerca de un 70 por ciento de los decesos corresponden a personas de la raza negra en la tercera ciudad más poblada de la Unión.

No obstante sean solo el catorce por ciento de la población, en Michigan registran el 40 por ciento de las muertes.

Y todavía el supremacista blanco que encabeza la administración tiene el cinismo inaudito de preguntarse de forma directa ante el público de su país: “¿Por qué es tres o cuatro veces peor para la comunidad negra que para el resto del país? No tiene sentido y no me gusta”.

Más respuestas se la brinda otra investigación, esta de la Universidad de Harvard, cuya tesis expone que “la crisis del coronavirus está mostrando crudamente que en EE.UU., la población negra vive en condiciones en mucho peor situación sanitaria que otras comunidades y recibe peor atención médica”.

Evelynn Hammonds, profesora de Historia de la Ciencia, de Harvard, consideró que los datos actuales del coronavirus son similares a la «devastadora» epidemia que el Sida supuso en la comunidad negra, cuyos factores de riesgo son mucho más altos que la media nacional.

Nada nuevo bajo el sol yanqui.

Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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