Natalicio de José Martí: hombre de ideas y fuerza vivas | 5 de Septiembre.

Natalicio de José Martí: hombre de ideas y fuerza vivas

Era viernes, aquel 28 de enero de 1853 en que nació, en la calle habanera de Paula, José Martí Pérez, nuestro Héroe Nacional, nuestro contemporáneo y compañero.

Desde entonces han transcurrido 165 años, y aquella casita en la cual nació se ha convertido en cálido Museo, y la calle ha tomado el nombre de su madre amada, Leonor Pérez. Su Patria es libre y  soberana, gracias a él, y su pueblo lo recuerda con cariño y agradecimiento. Los cubanos cultivamos  su “culto”  sin sonrojo.  No es como el culto a los santos, sino como al de las mujeres y hombres buenos e inteligentes. Él es hombre de ideas y de fuerza viva, de acción; por eso el Che nos llamó a revivirlo cada día. Con su obra patriótica apasionada, alienta e inspira, sostiene y levanta el coraje, hace mirar al futuro, nos coloca donde el deber llama. Y se piensa en nuestro Cinco Héroes, que heredaron las virtudes del Apóstol e hicieron de su larga y cruel prisión un apostolado heroico.  Tienen su patriotismo y dignidad, su austeridad, su elocuencia, su sencillez, su cubanidad. Ellos indican cómo puede continuarse a Martí.

Hombres como Martí engendran héroes. “Mi verso crecerá”, dijo el Maestro,  “Yo también, bajo la hierba, creceré”.  Y creció el verso. Creció el Apóstol. Porque la poesía no es la rima mecánica, sino el soplo vital, la inspiración que la promueve. Creció Cuba. Creció América.  Crecerá el mundo, porque los ruines no van a reinar siempre. Sólo los pueblos son inmortales. Por las ideas que sus hijos buenos sostienen.

Tiene que ser grande un hombre que a los 165 años de nacido parece que está naciendo cada día actual.  ¿Cómo era físicamente José Martí?  Quienes lo conocieron personalmente lo han descrito. Enrique Collazo recuerda que era:”un hombre pequeño, de cuerpo delgado, tenía encarnado en su ser el movimiento, la inquietud;  grande y vario su talento, veía pronto y alcanzaba mucho su cerebro. Fino por temperamento, luchador inteligente y tenaz; leía y había viajado mucho, conocía al mundo y a sus hombres;  siendo de carácter irascible y absolutista dominaba sin embargo siempre su carácter convirtiéndose en hombre amable, cariñoso, atento, dispuesto siempre a sufrir por los demás, apoyaba al débil, era maestro del ignorante, protector y padre cariñoso de los que sufrían; aristócrata por sus gustos, hábitos y costumbres, llevó la democracia hasta el límite; era muy nervioso, el típico hombre-ardilla y quería andar tan de prisa como su pensamiento.”.

Su amigo Gonzalo de Quesada lo recuerda así:  “Era de vestir modesto, pero pulcro. Su traje y su corbata eran siempre negros, en símbolo de luto por la Patria esclava; usaba un anillo de hierro, hecho de un pedazo de la cadena que llevó cuando era el preso número 113 de las canteras de San Lázaro, en ese anillo estaba grabada la palabra Cuba. Se destacaba por sus modales, su amabilidad, su verbo y su mirada. Su amor por los niños era en él cualidad especial, encontraba placer escribir para ellos, contarles las maravillas de la naturaleza, narrarles anécdotas y episodios de las luchas de los próceres de nuestra América.

Trabajador infatigable: su extensísima obra escrita lo demuestra, su epistolario, sus escritos revolucionarios, sus discursos, sus versos, su inquieto peregrinar patriótico lo sitúan entre los hombres excepcionales de su tiempo. Orador brillante, estremecía al auditorio con sus profundas palabras que cortaban el aire como tajo de machete y despertaba admiración y emociones a veces mojadas en lágrimas. Su salud quebrantada por las prisiones y deportaciones, su vida llena de estrecheces económicas jamás le impidió cumplir el deber patriótico. Fue siempre intelectual comprometido con su causa, convencido de sus ideas y principios, inclaudicable,  sentido universal, hombre de honor, amistad, honradez y decoro, alcanzó las fronteras de lo mejor de lo humano y lo convierten en Modelo para las generaciones de cubanos”.

Así reconocen a Martí quienes lo conocieron profundamente. Era un hombre pleno que amando la belleza, renunció a ella. Amando a la mujer, como él sabía amarla, como debe amarse, se casó “con la novia etérea y distante” y su compromiso eterno fue con Cuba.  Por eso llevaba en su dedo anular un anillo de hierro confeccionado con un pedazo de los grillos con que apresaron en las canteras sus piernas. Y los hombres buenos le siguieron por su vitalidad de genio que puede ser seguido, imitado e interpretado y engendrar héroes.

De sus postulados propios y originales de la raíz de sus ideales justicieros, de sus afanes de justicia social, de su antiimperialismo republicano nació esta América nuestra y esta lucha actual por lo que él llamó: el equilibrio del mundo.  Un equilibrio que es preciso retomar, consolidar, reforzar.  En ello estamos, dirán los revolucionarios. Y hay que ayudar, todos, a que así sea, para seguridad de todos.  Martí lo llamó: “el equilibrio del mundo”. Un equilibrio que después de mucho retroceso se retomó en los muros baleados de los cuarteles  Moncada y Céspedes, en 1953;  viajó en el “Granma” y subió a la Sierra Maestra, para desembocar en el primero de enero de 1959 feliz, y proseguir.  Luego otra llama, otro fuego, otra antorcha de martianidad, de bolivaridad, otro equilibrio,  otro parto: la CELAC como conjunción de los pueblos de nuestra América y nuestro Caribe.  Hay que seguir reverenciando, tocando, habitando todos los tiempos que corren y lugares que existen en carne y sangre de las ideas y la totalidad de José Martí.

¿Qué es la totalidad de José Martí?  Los que conozcan algunos elementos esenciales de la historia de Cuba, podrán convenir en que Martí sintetiza de modo ejemplar la larga legión de héroes, próceres y pensadores de un siglo de ideas y hechos reveladores del carácter singular del proceso independentista cubano que transcurre en la segunda mitad del siglo XIX y que es parte inseparable de la epopeya libertaria de nuestra América que comenzó con Bolívar de manera descollante.  Y Martí fue el genio de la política, de la literatura y del pensamiento universal. Habiendo vivido sólo 42 años dejó una obra impresionante y ganó la admiración como escritor, poeta, tribuno, organizador político y revolucionario guerrero, hombre de fina sensibilidad, amante de lo bello y de las letras, pero capaz de fundar un Partido y dirigir una guerra contra el dominio colonial y advertir sobre un imperialismo que nacía y amenazaba. Y son facetas reunidas en una sólida pieza humana nacida el 28 de enero de 1853, hace 165 años y nos convoca todavía a luchar para que no desaparezca lo alcanzado hasta aquí y luchar porque siga creciendo la obra capaz de equilibrar mundos.

Hay que continuar con Martí esa utopía realizable, con inteligencia y creatividad, con pasión unitaria, capaz de reunir las fuerzas amplias y diversas del mundo actual. Y ese es el mejor regalo que en cada aula y cada pecho y mente juvenil podamos hacerle al mundo de hoy en el aniversario del natalicio de José Martí Pérez.

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