Mulas

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Es un negocio de mutuos beneficios, pero de mucho mayor rédito para los extranjeros que para nuestros visitantes.
Es un negocio de mutuos beneficios, pero de mucho mayor rédito para los extranjeros que para nuestros visitantes./Foto: Tomada de Internet

Cual resulta sabido, existen varios tipos de “mulas”: desde la expresión clásica de la cual proviene la “etimología” del término —asociada a personas que viajan como mensajeras de mercadería y, a cambio de su desplazamiento aéreo, se les paga una comisión y se les permiten algunas libras para carga personal— hasta la más usual ahora mismo e interesa al comentarista, vinculada al ciudadano que va a diferentes naciones a comprar e importar luego los artículos, con el objetivo de venderlos en el mercado informal isleño a través de “puntos”,  la red de cuentapropistas o hasta de forma individual. No precisa consignarse que sin amparo legal en la mayoría de los casos, si bien al menos quien escribe alberga la impresión de que este es otro tema abordado bajo los preceptos de la doctrina de Tácito (en castellano claro: “Yo sé que tú sabes que yo sé”), en virtud de la depresión del escenario nacional ortodoxo en cuanto al aspecto del expendio de tales artículos; amén del hecho de que las cargas traídas en los viajes —todos realizados de manera legal, eso sí—, aplican con las normativas aduaneras de cantidades permitidas. O las hacen aplicar.

Se trata, la de la “mula”, de una figura surgida en tanto consecuencia lógica de varias circunstancias determinantes. Una de estas, la demanda insatisfecha de un nicho de mercado nacional (incidencia básica de jóvenes) que no ve cubiertas sus necesidades en la oferta textil y de calzado comercializada en las tiendas recaudadoras de divisa, debido tanto a sus ostensibles ausencias y su abierta distancia con los requerimientos de la “moda” juvenil, como al desproporcionado impuesto aplicado, el cual alcanza indistintamente hasta el 240 por ciento. De tal, resulta más barato solicitar la compra de un par de tenis en Moscú que adquirirlos en este propio país. Sí, Breton es un bebé.

El asunto no va a ser resuelto ni a través de prohibiciones ni mediante nuevas reglas para importar u otra medida coercitiva. Los coches de caballo existen porque hay pocos ómnibus y las “mulas” se desarrollan —también— porque las empresas importadoras cubanas responsabilizadas con acarrear textiles a la Isla, manifiestan desfase y falta de profesionalidad. Y no solo en textiles.

Las “mulas” tampoco van a ser la salvación del país en el asunto de marras, ni su selección es justamente un dechado de virtudes estéticas. Sí podríamos acercarnos bastante a la solución, en cambio, mediante un rediseño de las pautas y criterios selectivos de las empresas importadoras (urge capacitar al personal de estos entes, es necesario someter sus escogencias/viajes/compras a constantes auditorías) y a través de modificaciones de la política de precios de las tiendas recaudadoras de divisa: en ambos casos afuncionales.

Nuestras “mulas” ya alcanzan un poder de desplazamiento notable, el mismo que al parecer no le es dable estampar a las estructuras estatales (más allá del bloqueo, que hace un daño incalculable en este aspecto también y es algo que no puede soslayarse: si bien no resulta la causa de todos los males de este universo específico), y se expandieron del primigenio Ecuador —de donde cargaban las ropas más horrendas vistas en la historia de Cuba, como apreciaba este autor en sus anteriores columnas La era está pariendo un uniforme y El reino de las copias— hasta disímiles latitudes en estos momentos.

A la ahora floreciente Panamá, súmanse la referida Guyana, la inevitable Miami, México, Rusia y Haití. En casi todos estos países, los comerciantes nativos han creado una red mercantil en función de los compradores cubanos. Según reciente reportaje de la agencia de prensa AP, en Puerto Príncipe a los puestos habilitados para cubanos hasta los amenizan con reguetón, para que se sientan como en casa. Triste imagen, tanto como la de las mujeres haitianas con pacas de ropa en la cabeza para tirarlas a los contenes donde las visibilizan y compran nuestros compatriotas. Lo cierto es que ya en casi todos los destinos a las “mulas” criollas les han establecido tiendas personalizadas, contactos, casas de alquiler, apartoteles, restaurantes, fondas, cafés.

Es un negocio de mutuos beneficios, pero de mucho mayor rédito para los extranjeros que para nuestros visitantes. No soy experto en el tema, mas no veo en todo esto evidencias que apunten a beneficios económicos concretos para Cuba a escala macro. Las divisas, provengan de remesas o sean adquiridas en las esquinas, a la larga se están quedando en un callejón de Georgetown, en una tienda de la Avenida Uxmal, de Cancún o en la Zona Libre de Colón. Según mis escasos conocimientos de Economía, por el contrario, sería más favorable —en todo orden— que estas fueran gastadas en casa.

3 Comentarios

  1. Buen artículo. Sabe el periodista que soy seguidor de sus publicaciones. y lo aborda desde una perspectiva correcta; que es precisamente el génesis de las mulas. Las carencias de nuestras tiendas son creo que de las primeras causas. A eso súmenle los salarios; las condiciones económicas de la mayoría; las dificultades de muchos para viajar; y el no apego laboral al sector estatal, explicado claro está por los salarios. Lo dije en algún espacio entre amigos, eso no favorece a Cuba; las “mulas”, como muchos, viven de nuestra sociedad sin que aporten nada a ella. Ojalá que nuestro estado, con la política de reordenamiento económico sea capaz de revertir esta situación.

  2. Es cierto que es un asunto medio complicado de abordar, sin embargo, ponerlo sobre la mesa es exponer una tangente de la que poco o nada se habla en nuestros medios.
    Yo tengo una amiga, que durante el transcurso de nuestra carrera universitaria, optó por ir de “mula” a México. Ella me decía que estaba pasando por una situación económica difícil, y con el dinero que recaudararía con ello, podría materializar algunos de los objetivos que tenía en mente, sobre todo para el arreglo su casa, etc. Ese primer viaje, según me contó, fue fructífero, pero el segundo (a Panamá) resultó todo lo contrario. Recibió maltratos y fue muy mal atendida por las personas a las que tenía que contactar allá. “Lo hice porque me hacía falta el dinero con urgencia, y aquí en Cuba no lo hubiese podido conseguir en tan corto tiempo. Pero cuando llegas allá te encuentras con una caja de sorpresas…” recuerdo que me dijo cierta vez.
    En fin, que la cuestión de ir de “mula”, como este caso, yo lo aprecio como otra vía paliativa que halla el cubano promedio (sobre todo jóvenes) para el logro de propóstos urgentes y también, las ansias irresistibles de conocer países nuevos, sin pensar en el riesgo que se corre cuando el negocio es ilegal.

  3. Muy acertado articulo, solo que lo deben leer y adoptar medidas aquellos que ejecutan esta actividad en el gobierno (Digase Comercio Exterior y encargados de las corporaciones) solo que esos compradores se benefivcian al comprar grandes lotes de articulos que nadie quiere o presentan defectos ya que asi ganan un % de interes por su compra de esa basura

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