Muestra alta calidad exportable café beneficiado en el centro de Cuba

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En la actual cosecha, el 87 por ciento de la masa de café arábico lavado clasifica con calidad superior. /Foto: Renier Pérez Pérez

Aunque aún no ha concluido la cosecha de café en las provincias centrales de Cuba, Cumay, la Empresa Agroindustrial Eladio Machín, del municipio cienfueguero de Cumanayagua, espera un crecimiento superior al 20 por ciento en el beneficio seco del grano.

“A pesar de que el café arábico, especie destinada a la exportación, solo alcanza en ésta el 62 por ciento de los volúmenes recolectados en anterior cosecha, su calidad es muy superior, asegura Luis Delgado Vázquez, especialista de Control de la Calidad en la empresa.

Garante de procesar todo el café acopiado en los territorios de Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos, la entidad es reconocida en el país justamente no por sus altos volúmenes de producción, sino por la excelencia del grano.

Esta campaña no es la excepción. “De acuerdo con estándares nacionales, el 85 por ciento de esa masa recolectada, debe convertirse en café lavado con calidad exportable, pero actualmente sobrepasamos esa norma, obteniendo alrededor del 87 por ciento”, enfatizó el experto.

Según requerimientos para proveedores como Cumay, entre el 90 y el 95 por ciento de la masa de café arábico lavado debe estar en el rango de entre 0 y 10 imperfecciones. Esta temporada en la región central, se consigue que el 96 por ciento clasifique con esas características.

Tras su selección por tamaño, conformará los surtidos superiores: Altura, Turquino y Extra Turquino.

“Del Extra Turquino, se selecciona el café para la marca Crystal Mountain, producto exclusivo de nuestra empresa con destino al mercado japonés, donde se cotiza actualmente con valores superiores a los 10 mil dólares la tonelada”, asegura el especialista de Control de la Calidad.

La alta calidad del producto, cultivado en suelos ferralíticos rojos, por encima de los 400 metros sobre el nivel del mar y en su régimen regular de precipitaciones, no se perjudicó, a pesar de la disminución de los volúmenes y las condiciones climáticas desfavorables.

“De acuerdo con los comportamientos histórico, el café arábico lavado que se acopia tiene entre el 22 y el 24 por ciento de retención de las cribas 18 y 19, medida máxima en al tamiz. Este año conseguimos el 32 por ciento”, apunta Delgado Vázquez.

MENOS PUEDE SER MÁS

Sin embargo, los efectos del clima, se constatan en la productividad.

“La sequía extensa de 2016 repercutió en que ocurriera una sola floración sobre el mes de mayo, y en que se desplazara el pico de cosecha, habitualmente en noviembre, para diciembre y hasta enero de este año”, detalla Osniel Villa Palacio, director técnico de productividad.

“Otro argumento, –agrega–, es que aún no estamos recogiendo el fruto de la renovación de plantaciones con más de 30 años de explotación, un proceso iniciado hace tres años. En 2018 es que comenzaremos a ver el despegue, los frutos del programa nacional de reordenamiento cafetalero, concebido hasta el 2020”.

Sin embargo, hay razones que explican no cayera la calidad, añade: “La sequía concentra volúmenes más bajos de agua en el mucílago, esa masa gelatinosa que rodea a la cereza del grano, dándole mayor consistencia”.

Tampoco en la tasa parecen sentirse efectos nocivos: “Al parir menos, los frutos se desarrollaron más y el tamaño del grano sí ha influido positivamente en la tasa, como la llamamos los catadores. Cuando se degusta, son mejores su aroma, la fragancia, el cuerpo y la acidez, atributos indispensables para un buen arábico de exportación”, sentencia Ranier Sánchez Aguilera, con seis años de experiencia en la cata.

Y aunque la cosecha aún no ha terminado, los indicadores de eficiencia en el beneficio, superiores a los estándares nacionales, son hasta este momento, la confirmación de que menos también puede ser más.

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