Miguel Morales Madrigal: Ser humano de vocación genética

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"No fue hasta el cuarto año que me decidí por la Endocrinología y tengo una anécdota curiosa de cómo llegué a esa decisión". /Foto: Aslam Castellón

Con Miguel Morales Madrigal podría estar hablando horas; tiene mucho para contar sobre su vida y la profesión que ejerce. Médico, especialista en Endocrinología y jefe del Grupo Provincial y de esos servicios en el Hospital Clínico Quirúrgico Docente de Cienfuegos (Endocrinología, Nutrición y Trastornos del Metabolismo). Pero antes de llegar a hacer realidad su vocación, esa que exige servir las 24 horas de un día y para la cual la humanidad debe ser una condición casi genética, hubo de caminar por un sendero difícil: el del sacrificio.

“Le debo mucho a mi madre, Catalina, quien siempre me alentara; una mujer enorme, que ha sido madre y padre y no le teme a las dificultades. Con solo cinco años y en momentos duros, aquellos del período especial cruento la familia se redujo a ella, mi abuela y yo; hubo madrugadas de crisis de asma, pero siempre me hizo sentir fuerte, tomar el aire y continuar. No dejaba de ir a la escuela por nada, ella me acompañaba a los concursos y competencias escolares, gané algunas de pintura y dibujo.

“Cuando llegó la hora del preuniversitario, y asumiendo que sería para ella una tarea más dura, me impulsó a ingresar al IPVC Carlos Roloff, y nunca dejó de estar; será por eso que creo tanto en la familia como institución, dándole a la mía el mérito mayor. En el Pre todos pensaban, incluso mis profesores, que estudiaría algo relacionado con la Computación, me sumergía en ese mundo que me hacía crear, viajar por un universo increíble, incluso participé en concursos nacionales de Programación. Pero llegado el momento me decidí por la Medicina y no me equivoqué, aunque sigo explorando la Programación”.

Miguelito, como todos le conocen —y créanme que quienes lo llaman así le ponen al diminutivo una dosis tremenda de cariño y admiración— es todo energía e inquietud. Entre sus múltiples hobbies, esos que le llenan los espacios y consumen todo su tiempo útil, se cuentan el humorismo, un género difícil hasta para quienes se dedican profesionalmente a ello. Es colaborador de las publicaciones de la Editora 5 de Septiembre, y con su obra, historietas y caricaturas, participa en concursos y salones. Pero ya antes, cuando era estudiante de Ciencias Médicas, resultó miembro del grupo humorístico Metronidazol. Y también fue pelotero, aunque muchos se asombren, pitcher, del equipo de la Universidad, y hasta soldado en la Región Militar de Cienfuegos, porque ni el asma lo eximió del SMA.

“Todo cuanto ha acontecido en mi vida encierra una enseñanza, resultan muchas escuelas a la vez, de todo he sacado experiencia y eso ayuda a que hoy sea quien soy, una persona que no teme a las dificultades ni al mañana. En la etapa de estudiante transité por varios estadios. Recuerdo que mi primera ayudantía fue en Cirugía; también diseñé software para la Salud, uno en especial sobre las pirámides poblacionales, estas no se incluían en las estadísticas habituales y sin embargo, resultaban muy necesarias para el trabajo de los médicos.

“Pero no fue hasta el cuarto año que me decidí por la Endocrinología y tengo una anécdota curiosa de cómo llegué a esa decisión. Mi abuela era diabética y la atendía el Dr. Senén. Me interesó tanto el tema, sumado a la admiración que siento por este endocrinólogo que opté por esa ayudantía, y creo que fue mi mejor elección: el metabolismo del ser humano es un mundo increíble, que tiene mucho que ver con conductas que conllevan, irremisiblemente, a la calidad de vida del individuo”.

Estoy en su consulta y acabo de escucharle una charla educativa a un paciente diabético, es increíble el modo en que llega a quienes padecen la enfermedad, de un modo directo, con profesionalidad y cariño. A Miguelito lo respalda una hermosa familia, que lo es en toda la semántica de la palabra. La esposa, también médico, Lliliam Peraza Valdés, es residente de Medicina Interna, quien entre guardias, trabajo y estudio, consume casi todo su tiempo, pero deja siempre espacio para compartir con los suyos. Su compañera en la vida tiene una hermana gemela, y al preguntarle si no se ha equivocado alguna vez de persona, me dice que al principio sí, pero que tienen caracteres totalmente opuestos. El matrimonio se divide las tareas hogareñas como la resultante de un cálculo matemático y no dudo que se haya inventado hasta un software para ello.

“Tengo dos hijos, Cristian Miguel, de 13 años, del primer matrimonio, pero quien vive conmigo, pues su mamá está fuera del país; y Rosabel, de dos, la benjamina. Sin embargo en casa no hay distinciones, somos cuatro divididos a partes iguales, claro, con la ayuda de los suegros, mi madre y hasta de los vecinos y amigos. El trabajo me roba mucho tiempo pero trato de estar en todo y con todos. Sobre el trabajo tengo muchas expectativas, estoy rodeado de un colectivo de excelentes profesionales que complementan la labor de equipo. Soñamos incluso, conque Cienfuegos sea referencia en Endocrinología y estoy consciente de que para ello hay que empeñarse a fondo”.

A este muchacho de apenas 34 años, a quien todavía le resta un buen tiempo al servicio de sus pacientes, no le fue fácil recibirse como especialista y dice deberle mucho a su profe, el Dr. Luis Senén Rodríguez Fernández, a quien incluso le dedicó su título al terminar la residencia, a la cual accedió tras cinco años de graduado. “Cuando debía hacer el tercer y último año, fuera de Cienfuegos, no había capacidad, ni en la capital ni en Santa Clara, las opciones viables; pero los doctores Vivian y Padilla, del centro del país, me acogieron, a pesar de tener más de diez tutoreados, a ellos los recuerdo con mucho cariño, por las enseñanzas y por aquel gesto inolvidable de aceptarme”.

Recientemente el Dr. Miguel Morales Madrigal participó en dos congresos internacionales, en Austria y Venecia, sin probar el placer de una góndola, porque el costo no se lo permitió, pero en cambio vino cargado de ideas tras el intercambio de conocimientos científicos sobre nutrición, especialmente en niños y adolescentes y que ahora, tras adaptarlos al medio nuestro, pone en práctica en su haber e intercambio con pacientes. Ya tienen creada la Filial de la Asociación de Endocrinología en Cienfuegos, a cargo de la Dra. Elodia.

“Crear este Servicio en el Hospital fue una tarea difícil y linda. Primero, porque ya estaba creado, y solo fue cuestión de organizarlo con la ayuda de todo el equipo; y segundo, porque permite, también al contar con una sala, una mejor y particularizada atención a los pacientes. Tratamos enfermedades que hoy son una epidemia mundial, como la diabetes, y otras patologías asociadas a la calidad de vida de las personas, nutrición, obesidad, trastornos del metabolismo. Y aunque hemos contado con el apoyo de Salud como institución, todavía precisamos más recursos, en la medida de lo posible, para lograr un trabajo integral”.

Y en verdad creo que podrían mejorarse, gradualmente, las instalaciones del Servicio, uno que resulta vital y que precisa de locales y medios óptimos para la atención. Ya decía al principio que conversar con el Dr. Miguel Morales Madrigal podría resultar una charla interminable. La agenda, porque no le gusta ser grabado, se queda llena de anécdotas e historias relativas a la modestia y la vida dura de este muchacho, lleno de sueños, quien ahora se apresta a ser albañil en el tiempo que le quede libre, un oficio inexplorado y duro, porque ya tiene hogar, pero ahora precisa de las paredes. Nos despedimos en medio de una consulta y no me quedan dudas de que es un ser humano especial, pero no inventado ni de pose, sino de condición genética: médico.

“Todo cuanto ha acontecido en mi vida encierra una enseñanza, resultan muchas escuelas a la vez, de todo he sacado experiencia y eso ayuda a que hoy sea quien soy, una persona que no teme a las dificultades ni al mañana"./Foto: Aslam Castellón
“Todo cuanto ha acontecido en mi vida encierra una enseñanza, resultan muchas escuelas a la vez, de todo he sacado experiencia y eso ayuda a que hoy sea quien soy, una persona que no teme a las dificultades ni al mañana”./Foto: Aslam Castellón

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