Mientras, la cultura cubana tendrá mañana y luz

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Mientras el joven carga una maleta sonora, de pegada en la moda de los cubanos, otros vocalizan y afinan sus voces para cantar las tantas letras que en esta Isla se han fabricado, como si las líneas de una cultura estuvieran bien limitadas y distantes en el espacio físico: unos acogen la vulgaridad, otros se aferran a lo más genuino de la nación.

Mientras un montón de voces discuten en la mesa de negociaciones sobre la disponibilidad de un presupuesto que les dará suficiente plusvalía para edificar el arte, una parte decide crear ambientes, escenarios, familias y sueños, sin que por ello su vida tenga alguna transformación a no ser en el plano espiritual, ese a veces tan olvidado y marchito en la sociedad moderna, de tacones, wifi, motorinas y pestañas postizas.

Mientras el nacimiento de proyectos culturales se dilata más allá de los nueve meses, máximo tiempo en que los humanos expulsamos la mejor de nuestras semillas, otros encauzan sus propuestas sobre la razón y la fe de ser seguidos por amigos de todos los tiempos. Hablan, discuten y hacen suficiente en pos de construir el mañana, ese sin techo de naipes o columnas de caramelos.

Mientras el reguetón invade casi todas las pistas de una nación genéticamente musical, la buena canción renace en Los niños cantan la trova cubana, un concurso que cada año consigue mejores espectáculos y voces, un certamen con amplia capacidad para soñadores y deudores de la cultura cubana.

Mientras el hombre se depila las cejas, tiñe el pelo, se inyecta esteroides, ajusta su ropa…, los hermanos Novo caminan lentamente por la ciudad e ingenian entre amigos un proyecto donde todos ganan, donde todos volvemos a escuchar las canciones de cuando éramos niños, como si para ser artista solo bastara con tener al hombro el peso de una guitarra.

Mientras la niña lleva ropa de mujer, zapatos de mujer y cartera de mujer, Luna canta Chibirico, de la Tía Rosa, y lleva ropa de niña, zapatos de niña y sonrisa de niña.

Mientras los estereotipos y las marcas foráneas invaden el mercado nacional, muchos defensores de la cultura en pleno trabajo voluntario se aferran a lo genuino de la nación cubana.

Mientras la crisis pasa, la creación artística nos salva de no caer en la órbita de la banalidad, de perder el tiempo en la piscina de las desfachateces, sin que por ello muchas veces paguemos lo suficiente, aplaudamos lo suficiente y amemos lo suficiente.

Mientras existan los mientras, la cultura cubana tendrá mañana y luz.

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