Melba Hernández, Heroína del Moncada y de Cuba

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Para Melba y Raúl Castro, sentían un cariño y admiración mutua./Foto: Archivo

Hace cuatro años, el 9 de marzo del 2014 falleció una mujer heroica que dedicó su vida por entero a Cuba y a la Revolución: Melba Hernández Rodríguez del Rey, Heroína del Moncada y de la República de Cuba.

Nació en un hogar humilde en Cruces, noventa y cinco años atrás. Tuvo una infancia con estrecheces económicas, pero no le faltó nunca la ternura familiar ni las enseñanzas patrióticas, ni la guía paterna y materna de Manuel y Elena, que la conformaron un ser humano extraordinario, con sentimientos profundos de justicia y amor patrio.

Estudió en la escuelita pública de su Cruces natal, pero era una escuela dirigida por una maestra martiana que hacía honor a su raíz mambisa.  Así que cuando familia y escuela se unen en la enseñanza virtuosa, tiene que surgir un patriota.

Acorde con los principios con que se había formado, Melba fue a residir a La Habana a continuar sus estudios y en busca de mejor fortuna. Se hizo bachiller y después se graduó de Derecho, se hizo abogada en la Universidad de La Habana en 1943. Después se licenció en Ciencias Sociales.

Como le ocurrió a tantos jóvenes entonces, se sintió atraída por la prédica purificadora de Eduardo Chibás, y cuando éste se inmoló y Batista dio su segundo golpe de Estado militar en Cuba, cuando parecía que se cerraban todos los caminos, Melba conoció a los hermanos Abel y Haydée Santamaría Cuadrado, y por ellos, a Fidel Castro Ruz, en el apartamento de aquellos en 25 y 0 en el Vedado. A partir de entonces, ese lugar y el domicilio de los padres de Melba, en Jovellar 107, se convirtieron en cuarteles generales del movimiento revolucionario que comenzó a gestarse contra la dictadura que se entronizó por Batista.

Le correspondió a Melba y Haydée ser las únicas dos mujeres participantes en el asalto al cuartel Moncada, el 26 de Julio de 1953, cuando en la granjita Siboney, ante la idea de Fidel de resguardarlas de esa acción tan peligrosa, ambas reclamaron su derecho a participar en la primera línea también, y fueron atendidas.

Es bien conocido que ellas vivieron las más atroces vejaciones psicológicas y fueron testigos de las torturas a sus compañeros, entre ellos al hermano y al novio de Haydée, por parte de los verdugos en esos días inmediatos al fallido combate del Moncada, y tal cosa la denunciaron ante el tribunal que juzgó a los combatientes moncadistas.

Tan pronto fueron liberadas de la prisión, al cumplirse su sanción, Melba y Haydée se entregaron a la heroica tarea de imprimir y distribuir por la Isla, el folleto con el manifiesto-programa del Moncada, planteado por Fidel ante sus jueces, y conocido como La historia me absolverá.

En los primeros meses de 1957, regresó Melba del exilio de México donde desempeñó tareas preparatorias para la expedición del yate Granma, bajo el asedio constante de los enemigos. Posteriormente y para preservar su valiosa vida, Fidel le encomendó que permaneciera en la Sierra Maestra, en la columna de Almeida, en el Tercer Frente Oriental, y allí estaba al triunfo de la Revolución en 1959.

La tiranía había sido derrocada por el empuje del Ejército Rebelde y el pueblo cubano, pero comenzaba lo más difícil, cumplir el programa del Moncada y a ello dedicó Melba todas sus energías.

Fue Embajadora de Cuba en Vietnam y conoció personalmente a Ho Chi Minh. Fue secretaria de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, Africa y América Latina (OSPAAAL), y Miembro del Presidium del Consejo Mundial de la Paz.

Melba fue también fundadora del Partido Comunista de Cuba y Diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y fue siempre modelo de sencillez y modestia. Para ella Raúl Castro siempre fue su hermano menor, Raulito le decía. Se admiraban y querían mutuamente. Ella es ejemplo de mujer revolucionaria y ahora descansa, desde el 29 de julio de 2014, en el cementerio Santa Ifigenia, en el Retablo de los Héroes, donde le corresponde estar.

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