Mathias Malzieu y la mecánica de su creación

Quien suscribe, no conoce todavía a un escritor contemporáneo más polifacético que el francés Mathias Malzieu (Montpellier, 1974), quien, con apenas 47 años, ha sabido cosechar al unísono el éxito, tanto desde el plano literario, como en la música y el cine.

Artista multidisciplinar, lidera desde principios de los 90 su propia banda de pop-rock llamada Dionysos y con el lanzamiento del álbum debut, Happening Songs, en 1996, se consagra como compositor y cantante principal en todos los discos y singles creados hasta el día de hoy. Este galo, en síntesis, le pone altas dosis de sentimiento universal a todo cuanto hace; le coloca los talantes de la educación musical y de su vida, como hizo en su primera novela La alargada sombra del amor (2005), especie de autobiografía repleta de fantasía onírica, que dio pie posteriormente a su texto más conocido, La mecánica del corazón (La mécanique du coeur), en 2007.

“Cuando escribo, siempre quiero contar un cuento, una historia, y en este caso el amor es muy importante, porque yo no podría vivir sin él. No se trata de algo rosa o idealizado, porque hay dificultades inherentes a él, pero, si se pierde de vista el amor, se entra en un cinismo terrible”, ha dicho el autor en torno al último texto aludido.

Esa es la gran metáfora que nos invita a interiorizar Mathias con La mecánica… junto a su protagonista Jack, quien ha tenido que nacer, justamente, el día más frío de la historia, en una variopinta enfermería situada en Arthur’s Seat, el punto más elevado de Edimburgo. “Aquí vive la extraña doctora Madeleine, comadrona a los que los habitantes de la ciudad tildan de loca, una mujer (…) que trae al mundo a los hijos de las prostitutas, de las mujeres desamparadas, demasiado jóvenes o demasiado descarriladas para dar a luz en el circuito clásico”, va describiendo el narrador, siempre en primera persona.

La novela, repleta de referentes, imaginación y fantasía, sigue los pasos del joven Jack, que signado por esas circunstancias, debe soportar en su pecho un cuco de madera si quiere poder sobrevivir. Para ello, tiene que seguir al pie de la letra el apotegma de Madelaine: “Primero, no toques las agujas de tu corazón. Segundo, domina tu cólera. Tercero y más importante, no te enamores jamás de los jamases”.

Sin embargo, bien lo sabe Malzieu —y nosotros también—: ¿qué es la vida sino descubrir, amar y gozar de ese momento en el que nos volvemos locos de atar por un determinado motivo?

Acompañado de apetitosos personajes históricos, como el archiconocido Jack el Destripador o el enigmático George Méliès, little Jack se atreverá a destrozar el hilo del que pende su vida en busca de la bella Miss Acacia, a quien —sin saberlo— ama desde el día que la vio brevemente por las calles de Edimburgo.

Para lograrlo, el protagonista transitará a través del Canal de la Mancha para poder llegar al sur de España; un viaje que, en todo momento, huele a referentes clásicos revestidos como caricaturas renovadas: “Menuda pareja formamos: un adulto desgarbado con bigotes de gato y un pelirrojo con el corazón de madera. Somos Don Quijotes al asalto de los paisajes del wéstern andaluz”, le asegura el afable y consejero Mèliés.

Narrada con un tono muy poético, donde predomina el tinte gótico, las imágenes y símbolos peculiares, La mecánica del corazón viene a ser una ficción juvenil con suficientes elementos para entretener a cualquier tipo de lector. Y no solo eso; sirve como cojín para que nuestras reflexiones puedan aflorar (esas que no mueren nunca), en torno a los afectos y una filosofía de vida que reta a los sentimientos y a la razón. Muchos lectores se identificarán con el niño pelirrojo, quien conoce desde el principio las normas, pero dicho conocimiento (lo sabemos a medida que avanza la novela) está impregnado en su mente solo como un aforismo; jamás lo ha interiorizado como verdadero código de vida hasta que se embarca en su trayecto.

El estilo de Malzieu, además, ya es reconocible entre sus admiradores, puesto que en las seis novelas publicadas hasta hoy, especialmente la última de ellas, Una sirena en París (Une sirène à Paris) (2019), poseen ese indiscutible ritmo de los pentagramas; el tempo y las claves de la música jamás las abandonan del todo. Así pues, en su prosa podemos hallar el tic-tac o las imperturbables manecillas de los relojes, algunas, muy bien disfrazadas como aquellas que ofreció en Metamorfosis en el cielo (Metamorphose en bord du ciel, 2011).

Además de la plausible adaptación fílmica de animación de La mecánica…, dirigida por el propio escritor junto a Stéphane Berla y Luc Besson en 2013, el interdisciplinario francés regresó al cine el año pasado adaptando otro de sus textos, donde, una vez más, se vuelve a mover con paso firme entre el sentimiento y las corcheas.

Póster de la versión fílmica animada de La mecánica del corazón, estrenada en 2014. / Foto: tomada de Internet.

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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