Mateo Torriente Bécquer: un artista grande

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Estrella con caracola y cuerno, escultura de Mateo Torriente Bécquer dedicada a la memoria de las 23 víctimas del mercante Mambí, hundido el 13 de mayo de 1943 al norte de Camagüey por un submarino nazi. Trece de los fallecidos eran cienfuegueros.
Estrella con caracola y cuerno, escultura de Mateo Torriente Bécquer dedicada a la memoria de las 23 víctimas del mercante Mambí, hundido el 13 de mayo de 1943 al norte de Camagüey por un submarino nazi. Trece de los fallecidos eran cienfuegueros.

El palmireño-cienfueguero Mateo Torriente Bécquer, nacido en Palmira el 20 de septiembre de 1910 pero criado y educado en Cienfuegos a donde su familia vino a residir siendo él un niño, sintió el llamado del arte desde su primera juventud. 

Recibió formación en la Academia de San Alejandro, en La Habana. Estudió las corrientes escultóricas con antecedentes universales de muy diversas naturalezas que influyeron en el estudiante apasionado. Luego viaja a Francia e Italia y contacta con las vanguardias artísticas de la vieja Europa. Roma, Florencia, Venecia, Nápoles, Bruselas, inquietan su sangre.

De regreso a Cuba hacia 1938 en medio de una profunda angustia estilística, halla por fin aquí soluciones técnicas para acercarse a las raíces antillanas, pero politiquería y desgobiernos oprobiosos continúan afectándolo más a lo interno que externamente.

De ahí que sus etapas artísticas posean grandes diferencias en los diferentes períodos de creación, todas marcadas por las angustias existenciales y artísticas que no dejan de agobiarle. Así, rompe con el academicismo.

Las nuevas generaciones de artistas plásticos tienen en Mateo Torriente referencias a la obra de "un artista grande", como lo calificó Juan Marinello. /Foto: Archivo
Las nuevas generaciones de artistas plásticos tienen en Mateo Torriente referencias a la obra de “un artista grande”, como lo calificó Juan Marinello. /Foto: Archivo

Recorriendo las costas cienfuegueras sus ojos observaron de manera distinta, entre lo bello y lo utilitario, la fascinación de la naturaleza, las huellas de los ancestros y las hazañas diarias de los hombres humildes del mar. Sus creaciones de esta etapa artística poseen hondo contenido humanista.

Luego vuelve a viajar, ahora a Bélgica y a México, donde realiza valiosas obras artísticas.

Pero Mateo será siempre ese hombre reservado, humilde, generoso y angustiado, a veces incomprendido, que realiza obras imperecederas como todo el arte, no obstante mal apreciadas por el desconocimiento popular. Sus apuntes, bocetos o dibujos previos a la obra escultórica, pese al valor estético y pedagógico que poseen, no han tenido utilización adecuada en el contexto artístico y social, como han expresado artistas y críticos de arte.

Al triunfo de la Revolución labora en Cienfuegos como profesor de Artes Plásticas y de la Escuela Técnica Industrial. Será el pionero de la enseñanza de la plástica en la edad escolar y ejerce notable influencia en el arte entre la juventud sureña.

Por entonces le encargan la restauración artística del Teatro Tomás Terry, labor que acomete con entusiasmo y calidad.

Gravemente afectado por una enfermedad nerviosa, Mateo Torriente fallece el 21 de agosto de 1966. Su arte, su obra cultural, su obra de enseñanza artística sirve a las nuevas generaciones de artistas plásticos que hoy son dueñas de todas las posibilidades de superación y creación. Tienen en Mateo a la obra de “un artista grande”, como lo calificó Juan Marinello.

1 Comentario

  1. Mi amigo y colega Andrés; gracias por recordar a Mateo, un olvidado artista cubano. Ando tras las pistas del “Martí”, el busto que hizo Mateo en Santa Clara y colocaron en el Parque Vidal en 1943, y luego lo quitaron del lugar durante una parcial remodelación del espacio. Lo llamaron los déspotas el “Martí Cabezón” de Mateo. Todo, cuando más cerca estoy de los hechos, tiende a la incertidumbre del lugar que lo depositaron. Un abrazo siempre, y recuerda que tienes el deber de reseñar aquel encuentro con Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, en La Nueva Cubana, en Santa Clara, y su paso por Vanguardia, el periódico, tal vez la última entrevista a ese artista. Luego he encontrado otras fotografías del sepelio en Santa Isabel de las Lajas. Reyneiro Moure, el linotipista cienfueguero, también me contó algunas historias de aquellos tiempos. Como respondo vía mensajería a todo el que me procura, te dejo en público mi correo (ordetx@gmail.com) y espero los contactos contigo. Un abrazo.

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