Masacre de Lídice

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Foto: Internet

Recuerdan los pueblos del mundo, el 10 de junio, una monstruosidad de los fascistas alemanes cuando en 1942 realizaron la masacre del pueblo checoslovaco de Lídice. En esa aldea de las afueras de Praga, la capital checa, todos los hombres que se encontraban en ese lugar fueron asesinados; todas las mujeres trasladadas a campos de concentración junto con sus niños, en los que murieron en cámaras de gas, y la aldea quedó reducida a cenizas: la desaparecieron de la faz de la tierra, como ellos mismos se jactaban.

Todo fue en cumplimiento a una orden de un alto jefe de la camarilla de Hitler, de “borrar esa localidad del mapa”. Tal orden fue dada para vengar la muerte del teniente-general nazi de las fuerzas de las SS, Reinhard Heydrich, uno de los hombres más temidos y odiados de la Checoslovaquia ocupada por los nazis, quien fue objeto de un atentado que lo ajustició.

La orden de desaparecer a la aldea de Lídice fue impartida por Karl Hermmann Frank, que ostentaba el cargo de jefe del Estado de Bohemia y Moravia ocupada por los fascistas alemanes.

En las investigaciones por la muerte del odiado Heydrich los alemanes tuvieron indicios de que la población de Lídice había brindado ayuda a los dos paracaidistas checos que ajusticiaron al alto oficial de la Seguridad fascista, lo que realmente era incierto, pues nada tuvieron que ver los habitantes de la aldea con eso, según han demostrado las investigaciones históricas, pues los autores del atentado cumplían una decisión de la Resistencia checoslovaca, sin contacto alguno con los habitantes de ese poblado.

La matanza fue más bien el resultado de la infructuosa pesquisa de las SS para atrapar a los autores y de su interés en desencadenar una matanza civil que sirviera de escarmiento para otras acciones de los guerrilleros patriotas, y para ello desencadenaron esa represalia aleccionadora: la monstruosidad de hacer desaparecer a toda una aldea. El método que aplicaban los fascistas durante la Segunda Guerra Mundial, en los países ocupados por ellos, era asesinar a no menos de diez personas por cada alemán muerto, aunque nunca pudieron impedir que surgieran grupos de la Resistencia en todos los países que aquellos ocuparon en Europa y Asia.

En la actualidad, en Checoslovaquia resurgió Lídice. La aldea fue reconstruida a 500 metros del lugar ocupado por la anterior. Viven ahora allí más de 400 personas, entre ellos siete sobrevivientes de la masacre, por no estar en el pueblo al momento de realizarla.

A la entrada de la villa erigieron un monumento hermoso: esculpido al tamaño natural, representa en bronce a los 82 niños de allí que perdieron la vida. Están todos agrupados, con sus diferentes edades y características físicas aproximadas, con sus expresiones infantiles naturales encantadoras. Y hoy en todo el mundo, hay niñas que han sido nombradas Lídice, en honor del martirologio de un lugar renacido que ahora vive sus días apacibles.

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