Martí y su profética visión de la agricultura

“En la agricultura, como en todo, preparar bien ahorra tiempo, desengaños y riesgos (…) Quien abona bien su tierra, trabaja menos, tiene tierra para más tiempo y gana más (…), he aquí, pues, una ventaja para los agricultores y una industria nueva de posible y provechoso comercio”

José Martí

La universalidad de José Martí trasciende con creces la época en que vivió. Su visión de futuro en casi todas las esferas de la vida, para no ser absoluto, cada día sorprende a estudiosos e investigadores de su inmensa obra, no solo por la cosmovisión, profundidad y proyección de los temas tratados, si no, también, cómo explicar que en medio de su intensa actividad política en la preparación de la Guerra Necesaria, vital para la independencia de Cuba, fue capaz de dedicar tiempo a diversas ocupaciones.

En su labor periodística y pedagógica resultó consecuente con su contemporaneidad. Un ejemplo elocuente de lo anterior lo encontramos en diversos temas sobre las riquezas que le proporciona la naturaleza al hombre y en especial el papel de la agricultura para los pueblos de América.

En el trabajo Martí, gestor del modelo de agricultura sostenible, de Artemio Leyva Aguilera, publicado por Radio Juvenil, señala: “En el artículo la Escuela de Artes y Oficio de Honduras, Martí subrayó, ‘En los pueblos que han de vivir  de la Agricultura, los gobiernos tienen el deber de enseñar preferentemente el cultivo de los campos…’, en Cuba esta idea comenzó a gestarse desde las transformaciones educacionales que marcaron el inicio de la obra educacional sellada con el  estudio y el trabajo y  la vinculación de la teoría con la práctica.

En el propio artículo se deja por sentado que la actividad agrícola es la única fuente constante, cierta y enteramente pura de riqueza, sentencia martiana con una sorprendente contemporaneidad, enmarcada en las transformaciones agrarias trazadas por el VI y VII Congresos del Partido y en las cuales se expresa con claridad que el cultivo de la tierra constituye la base principal para alcanzar la soberanía alimentaria de nuestro país en el marco de una crisis económica global que trae consigo el incremento cada vez mayor del precio de los alimentos, y en nuestro caso agravada por la pandemia de la Covid-19 y las crueles medidas derivadas del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos y arreciadas por la última administración yanqui.

Volviendo de nuevo al pensamiento y los conceptos esenciales sobre el tema, en sus análisis periodísticos el Apóstol remarca la urgencia del conocimiento práctico en  la instrucción de la agronomía por eso infiere. “La enseñanza de la agricultura es aún más urgente… y no se explique en fórmula sobre la pizarra la composición de los terrenos, sino en las capas mismas de la tierra; y no se entibie la atención de los alumnos con meras reglas técnicas de cultivo…”

De la importancia de prestarle la debida atención a dicha labor es recurrente las advertencias y consejos, tanto a labriegos de la tierra como a los gobiernos encargados de promover y apoyar su desarrollo, “la única riqueza inagotable de un país consiste en igualar su producción agrícola a su consumo”, sentenció.

Tal y como lo plantea el Dr.C. Julio César Calderón Leyva, en el artículo Agricultura y ganadería en el pensamiento martiano, el Héroe Nacional  comprendió que el problema del trabajo en la tierra tenía otra dimensión y  otras interrogantes y que ellas tenían que ver con aspectos relacionados con el  entramado sobre la forma de relación social establecida con ella, que cualquier  acción en  el manejo  debía estar precedida desde el primer momento que se  establecieran reglas por parte del estado que garantizaran el trabajo libre y generoso del campesino.

“En  esta vertiente, plantea, se pueden ubicar los artículos publicados  en  la  prensa de Buenos Aires así como en la revista La América de Nueva York, de la cual fue director durante algún tiempo. En los mismos se refiere a la agricultura como principal fuente de riqueza de los países latinoamericanos una riqueza perdurable y revitalizadora que era capaz de generar nuevas y   mayores fuentes de bienestar y garantizar además el mantenimiento  de  sociedades  sanas (…) creía firmemente en que la naturaleza tiene la  capacidad de regenerar al hombre y de mantenerlo y hacerlo bueno, con lo que de algún modo parece anticipar la idea de que ese contacto con lo natural dado en  el  trabajo  agrícola trasmite fuerzas sanas a la sociedad y que lo desmesuradamente citadino es por demás también peligroso para el bien supremo del hombre, que está en el camino de la solidaridad y de la justicia”.

En otra parte de investigación bibliográfica se señala: “En lo económico, Martí  describe el modelo que concibe para América Latina. Para él este no podía ser  otro que el del desarrollo agroindustrial, en el cual la agricultura sirviera como  base para el desarrollo de la industria, pues estaba muy consciente de que los  pueblos de América Latina eran eminentemente agrícolas y por lo tanto su desarrollo tenía que configurarse teniendo en cuenta esta realidad”.

Martí muestra una preocupación constante por la armonía y el mantenimiento saludable del entorno, y así lo refleja tanto el artículo citado como otros relacionados con la temática. “Toda esta labor, sostiene Calderón Leyva, la veía en estrecha vinculación con la educación que se impartía en las escuelas de América así como en el espíritu que se debía formar en los estudiantes, por lo que bien puede considerarse como precursor de la enseñanza técnica en el  continente.

En este sentido su concepción es además muy avanzada, pues se trata de  una escuela nacida de la realidad y que responde a las necesidades de cada lugar y momento, que no desdeña lo que viene de otra  parte distante sino que debe incorporar lo útil e injertarlo para multiplicar sus beneficios.

En otro orden, José Martí concibió tempranamente una agricultura de tipo sostenible para los pueblos del área, por lo que al respecto señala la necesidad de utilizar materiales orgánicos que no llevan procesamiento industrial y de los propios recursos naturales en la protección de la tierra.

En tal sentido, en sus trabajos aparecen artículos que están dedicados a los cuidados de los bosques, su necesidad, la repoblación forestal y la utilización  de abonos naturales que posibiliten un uso adecuado de los recursos naturales  que el continente posee. Aquí cabe mencionar el artículo La sangre es buen abono en el que lamenta el despilfarro de la sangre en los mataderos públicos,  siendo esta un buen abono que según sus propias palabras puede convertirse  en flor y fruto.

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Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

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