Marsillán: historias olvidadas al pie de un monumento en Cienfuegos

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Conjunto escultórico A los mártires de la independencia, localizado en el Paseo del Prado de la ciudad de Cienfuegos. / Foto: Juan Carlos Dorado

El monumento nos avista con el asombro que le provoca nuestra indiferencia. A los mártires de la independencia se erige el conjunto escultórico emplazado en el Paseo del Prado de la ciudad de Cienfuegos, en la intersección con la calle Zaldo. La obra fue develada el 1ro. de mayo de 1917, en honor a los patriotas cienfuegueros fusilados en la Playa de Marsillán en época de la colonia española, luego del estallido de la Guerra de los Diez Años. Su aspecto solemne y majestuoso, sin embargo, se deshace en la mirada y el conocimiento esquivos de quienes pasamos a su lado, y seguimos de largo.

¿Quiénes eran?, ¿cuántos?, ¿por qué los ejecutaron?; ¿y por qué en Marsillán?… ¿dónde queda este sitio? Son varias las interrogantes suscitadas al pie del monumento, cuya idea comenzó a gestarse incluso antes de romper el siglo XX, con la bendición a un supuesto mausoleo levantado entonces —25 de febrero de 1899—, del que existen muy escasas referencias. El que hoy preside, imponente, la popular arteria citadina, fue proyectado por el escultor José Viralta Saavedra, con un valor estimado, originalmente, de 8000 pesos en oro.

No obstante, pese a contar con la aprobación del Ayuntamiento, aquella propuesta esbozada a finales del siglo XIX, solo llegó a concretarse el 24 de febrero de 1916 con la colocación de la primera piedra. El Centro de Veteranos y Patriotas de Cienfuegos, lo celebró con una peregrinación y el depósito, en los cimientos de la escultura, de una caja de plomo junto a ejemplares de los periódicos La Correspondencia y El Nacional, y el programa festivo de la jornada. La historia que lo encumbra puede ser, para muchos, reveladora.

El monumento fue ejecutado inicialmente por José Viralta Saavedra y culminado por el escultor Gerardo Huget. / Foto: Juan Carlos Dorado

DETRÁS DEL MÁRMOL

El profesor universitario e historiador cienfueguero Lesby José Domínguez Fonseca, resulta uno de los más entusiastas investigadores de cuanto concierne a la memoria histórica local. De acuerdo con sus apreciaciones, al iniciar la gesta independentista de 1868, “Marsillán era una porción de la otrora villa Fernandina de Jagua que abarcaba, desde lo que es en la actualidad la calle 35 hasta La Mar, y extendido hasta las inmediaciones del Hogar de Ancianos. Hasta allí llegaba el agua prácticamente; lo que existe ahora es relleno, porque toda esa zona nosotros se la quitamos al mar”.

Este paraje devino centro de ejecución de los acusados por delito de infidencia contra el gobierno español, así como de los sublevados en la contienda emprendida por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 en el ingenio La Demajagua. Según indagaciones de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Cienfuegos (OCCC), fueron 23 los cienfuegueros fusilados en dicho lugar, en un lapso de apenas tres años.

En el monumento se representa la figura de un mambí, en alusión a los patriotas cienfuegueros fusilados durante la gesta de 1868. /Foto Juan Carlos Dorado

Aunque en esta región la guerra había arrancado de manera tardía, a inicios de 1869, “Cienfuegos era puro español, un territorio fuerte en la producción azucarera, con fertilidad en sus tierras, muy rico e importante desde el punto de vista económico. Por lo tanto, la colonia requería acabar rápido con la sublevación al centro sur de la isla”, explica Domínguez Fonseca.

Para la época, alrededor de 140 ingenios poblaban el territorio, figurando entre los más prósperos del país. Pero las noticias del movimiento insurreccional corrían con prisa, y ya aquí, un grupo de patriotas habían formalizado la creación de la llamada Junta Revolucionaria. Ante los hechos, el gobierno instauró los batallones de voluntarios —con el encargo de imponer multas y llevar a prisión a quienes transitaran por las calles después de la once de la noche—, y luego aparecieron las “fuerzas locales”, a las que se atribuyeron los crímenes y atropellos cometidos.

Tan temprano como el 9 de marzo de 1869 aconteció, pues, el primero de los fusilamientos. A Juan Bautista Capote López y de Villavicencio, casado y con cuatro hijos, “se le consideró capitán de una fuerza en armas del poblado El Lechuzo, en Rodas”, según especialistas del Departamento de Investigaciones Históricas de la OCCC. Pese a tal advertencia, su condena dio paso a sucesivas ejecuciones por causas similares, todas en la conocida Playa de Marsillán.

El mismísimo general español Arsenio Martínez Campos visitó esta jurisdicción y dispuso hombres para apagar el fuego libertario, asegura el profesor Domínguez Fonseca. Así, pues, “la guerra iniciada en 1869, terminó en 1872. Ya en el ’72 una fiesta popular con carreras de caballos, juegos de cucaña, peleas de gallo y otras costumbres propias de la cultura hispánica, celebraba aquí la pacificación”. Para la fecha, la sangre de ilustres hijos de Cienfuegos se habría disuelto entonces en las aguas del litoral sureño.

LO QUE FUE DESPUÉS

Durante la llamada Guerra Necesaria de 1895, no sería Marsillán el lugar de fusilamiento empleado por la colonia española en la región centro sur de Cuba. Desde años antes, allá por 1880, comenzaron a apoderarse del espacio varias instituciones de vocación pública. Por ejemplo, convergen en el mismo sitio la plaza de toros y el terreno de pelota construido por el conjunto local Jabacoa.

“Se sucede una rivalidad entre la hegemónica cultura española y el carácter civilizador del béisbol: un deporte moderno, portador de concepciones higienistas, saludables, de buen gusto; en el que no muere nadie como pasaba en las corridas de toro”, comenta Lesby José Domínguez Fonseca, profesor auxiliar del Departamento de Historia de la Universidad de Cienfuegos. “El sentido del juego de pelota era diferente: táctica, estrategia, habilidad física, cuerpos sanos, hombres vigorosos y bien vistos para las muchachas de la época”, agrega.

A tono con este nuevo escenario cultural, en Marsillán llegó a construirse una glorieta para el disfrute e intercambio de los atletas con los clubes de féminas y la gran élite cienfueguera. Incluso, fueron instalados baños privados, cuyos dueños exigían el aseo de los usuarios a la entrada y salida de la playa. Se transformó tanto al paso del tiempo, que lo que hoy conocemos difiere casi de manera absoluta de lo que fue en el siglo XIX.

“Ha sido olvidado; nada identifica al barrio ni señala que en este lugar fusilaron a los patriotas del ’68”, apunta Domínguez Fonseca. “Marsillán —advierte— es víctima del vertimiento de residuos, de animales muertos y escombros. Por otro lado, persiste el desconocimiento total y la profanación de los valores histórico-patrimoniales del monumento A los mártires de la Independencia, erigido en el Paseo del Prado. Su historia, como la de Cienfuegos, sigue siendo una joven bella de quince años sentada al pie de la ventana, a la espera de que le descubran sus encantos femeninos. Marsillán adolece, de lo que adolece la ciudad”.

Muy poco queda de la otrora Playa de Marsillán. / Foto: Juan Carlos Dorado

5 Comentarios

  1. En cada ciudad se deberia dar historia de la localidad desde la primaria y que los niños aprendan a conocer la historia de sus monumentos la asignatura de civica abarca muy poco

  2. Excelente articulo ,cuando niño mi papa siempre me hablaba del Lechuzo (soy de Congojas ) y por primera vez lo veo en un articulo ,he pasado mil y una vez por el lado a ese monumento y a mis 50 años es q conosco su historia q ignorancia la mia , q rica nuestra historia , gracias a aquellos q luchan por conservarla .

  3. Roberto: José Acebo fue fusilado a las siete menos cuarto de la mañana del 26 de diciembre de 1895, de frente pero con los ojos vendados, en el placer del fuerte Zaragoza contra la tapia del Acueducto, lado Norte.
    Por lo (poco) que sé el resto de los patriotas pasados por las armas durante la Guerra del 95 tuvo su calvario contra los muros de la fortaleza de Jagua.

    • Gracias colega por señalar este error histórico, así registrado -no obstante- por el Departamento de Investigaciones Históricas de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Cienfuegos, fuente citada que, pese a esta “errata”, aún considero confiable por la labor y excelencia profesional de sus especialistas.

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