Marines en Cienfuegos: desafuero adicional | 5 de Septiembre.
mar. Nov 19th, 2019

Marines en Cienfuegos: desafuero adicional

Marines desfilan en Cienfuegos con su armamento con clara intención intimidatoria. /Foto: Archivo

Marines desfilan en Cienfuegos con su armamento con clara intención intimidatoria. /Foto: Archivo

Por ser dueños de un espacioso puerto de mar, los cienfuegueros sufrimos durante años un desafuero adicional de los causados por el imperialismo norteamericano a los cubanos: las oleadas de “marines” estultos, y prepotentes.

Generalmente se trataba de las dotaciones que bajaban de sus barcos de guerra, prestos a emborracharse y a molestar a las familias sureñas, comportándose como conquistadores, con aires de raza superior y esas maneras desafiantes que le inculcan en sus cursos militares. Por eso las páginas de los diarios de antaño están llenas de información sobre los inevitables choques con los cubanos que “no tienen sangre para dejarse sopapear por nadie”.

Uno de aquellos incidentes apareció en las páginas de la prensa local en mayo de 1898. Relata que el 21 de ese mes salieron de sus buques de guerra anclados en el puerto, oleadas de marines con comportamientos desmedidos, en busca de bares para emborracharse y de “muchachas” que procuraban no sólo en las llamadas eufemísticamente “zonas de tolerancia”, donde existían burdeles, sino que hasta tocaban a las puertas de casas de familias decentes en su búsqueda afanosa de distracción, como si toda la ciudad estuviese a su disposición.

Cuatro muchachas circulaban por una céntrica calle cuando un grupo de estos individuos comenzó a importunarlas. Las jóvenes se vieron de pronto rodeadas peligrosamente, y asustadas comenzaron a pedir ayuda a gritos, implorando auxilio. Un transeúnte ocasional, el esclavo liberto Claudio Sarría, acudió al reclamo. Increpó a los marines para entretener su atención y que aquellas pudieran escapar, como lo hicieron despavoridas. Los militares gringos comenzaron a golpearlo, él se defendió atacando, pero ya acudían en su auxilio varios vecinos y todos terminaron liándose a golpes. Ante el tumulto los ofensores se replegaron en huida. En el colmo del servilismo, intervino la policía local en favor de los norteamericanos, mientras la prensa pintaba los sucesos con pálidos reflejos, todo ello con tal de no perjudicar al comercio local, beneficiario directo del consumo de la insolente marinería yanqui.

Resultan ingratos recuerdos de aquellos tiempos y sucesos definitivamente pasados en Cuba, aunque constituyen pesadilla actual en países donde existen bases militares que repudian los pueblos por esas y muchas otras peligrosas razones.

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