Mariana Grajales Coello, la madre de los Maceo y de los cubanos | 5 de Septiembre.
dom. Oct 20th, 2019

Mariana Grajales Coello, la madre de los Maceo y de los cubanos

Monumento a la Madre de la Patria en el cementerio Santa Ifigenia./Foto: Radio Reloj

Gracias al valor de las investigaciones históricas que no se detienen, quedan en claro los hechos que conforman la relatoría patria. Así sucedió cuando hace relativamente poco tiempo fue hallada la partida bautismal de Mariana Grajales Coello, la madre de los Maceo y de los cubanos, que prueba que nació el 12 de julio de 1815 en Santiago de Cuba. Se corrige así el error que mantuvimos durante muchos años cuando se sostenía que había nacido el 26 de junio de 1808.

También quedó probado que Marcos, el padre de los Maceo, no era venezolano como se creyó, sino que también nació en Santiago de Cuba y quedó determinado que la fecha fue el 25 de abril de 1808 también.

De modo que el hogar de Marcos y Mariana fue de raíz santiaguera, por parte de ambos, y fragua de titanes por la enseñanza que emanó hacia todos sus hijos, los tres del primer matrimonio de Mariana con el fallecido Regueiferos, y los diez con Marcos: los trece como propios, como ”hijos de león y de leona” al decir de Martí. Realmente Mariana procreó 14 hijos, porque la número 14, María Dolores, nació y murió en 1861.

Analizando la frase completa de Martí, vemos que refleja cuánto tienen que ver los padres en la formación de la familia; dijo el Maestro: (los hijos de Mariana y Marcos) “fueron felices porque vinieron de león y de leona”. Ahora sabemos que de leones santiagueros, ambos.

A fuerza de sudor y machete, Marcos y Mariana ampliaron la pequeña estancia adquirida en 1852 llamada “El Desengaño” hasta expandirla y convertirla en la hacienda “La Esperanza”, aledaña a la anterior y luego adicionada a ”La Unión”, comprada en 1861. En ella trabajó muy duro toda la familia, padres, hijos e hijas, todos por igual; cada cual participando como podía según su edad, tanto en las atenciones a los cultivos, como en el manejo de los animales, de tiro, de arrias o de corral… Mariana y Marcos los educaron a todos en el trabajo, las obligaciones diarias en el hogar, y en las virtudes, que incluía pensamiento y actuación familiar y social.

Además, Marcos enseñó a los varones la esgrima del machete, en lo cual él era un experto; el machete no solo como arma  de trabajo, sino también como arma de guerra, de combate cuerpo a cuerpo; también en la doma y monta de caballos, actividades todas de enorme utilidad en la guerra. En los atardeceres y las noches, Marcos y Mariana les hablaban a todas y todos de los ideales de la libertad, para la persona, la familia y la Patria. Sobre la igualdad y la fraternidad. Les leían para luego comentar, buenos libros como novelas de Alejandro Dumas, biografías de Bolívar, del líder haitiano Louvertoure, historias de la Revolución francesa, y muchos otros que elevaban su cultura histórica e ideológica.

A los ojos de sus hijas e hijos, Mariana siempre fue la compañera del padre, jamás la esclava. Ambos analizaban los asuntos familiares y los problemas, y tomaban decisiones de mutuo acuerdo, después de analizarlos desde todos sus ángulos. Siempre estuvieron juntos en la felicidad y el dolor.

Juntos acudieron todos al llamado de Carlos Manuel de Céspedes para liberar a la Patria. Todos se fueron a la guerra, los padres, las hermanas hembras, la esposa de Antonio, los varones todos, incluso niños aún, que deambularon estos últimos con Mariana por los campamentos y tras los mambises. El padre, y los hijos Justo, Julio y Miguel, cayeron en la Guerra de los Diez Años. Fermín y Rafael, en la Guerra Chiquita. En el espacio de la “tregua fecunda” perecieron las hijas Mariana y Baldomera. La madre, Mariana, falleció en el exilio de Jamaica.

Todo lo entregó, lo que más amaba, orgullosamente por su Patria. Durante la guerra de 1895 cayeron Antonio y José. Sólo Tomás, Felipe, Marquitos y Dominga, sobrevivieron, aunque los tres varones fueron heridos, y solo ellos cuatro pudieron ver el fin de la dominación española sobre la Isla.

¿Podríamos dudar de la educación patriótica de todos ellos plantada desde las canciones de cuna? De esa estirpe nacimos los demás cubanos. Así hemos de educar a nuestra prole de hoy. Para que sean leones y leonas en la defensa de la Patria socialista.

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