María Magdalena, el cielo como techo…

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Magdalena en intercambio con estudiantes angolanos de la Universidad de Cienfuegos.

Habla despacio como si dictara al aire libre. Su discurso no divaga, no ancla la palabra a olímpicas muletillas, no corta la respiración antes de tiempo, no dispara de carretilla cuanto sabe. Pudiera ser política, astronauta, sicóloga, filósofa, locutora, médico. Pudiera ser de todo, pero solo puede ser maestra.  

A la Dra. C. María Magdalena López Rodríguez del Rey le corre sangre de educadora, esa que es multicolor. Su pensamiento siempre está en función de formar a los demás, dondequiera que esté, dondequiera que llegue la guagua o el avión. Ella tiene un techo alto, y quiere que los demás también lo tengan; a veces la entienden, otros no la comprenden, pero nunca deja de atenderlos en sus momentos de trabajo, en sus momentos de descanso.

Usted ha sido, de los profesores de la Universidad de Cienfuegos, la que más doctores ha formado a lo largo de la historia, unos 16 si nuestra memoria no falla. ¿Estudia más que los demás o es una meta profesional?

“Hay un mezcla de cosas, incluso de otras que no están dentro de esa pregunta. Hay un compromiso con la profesión y, por supuesto, no hay profesión en desarrollo si no se investiga. En la investigación encontré la vía para alcanzar desarrollo, para ser mejor profesora, mejor ciudadana, mejor madre. Fue el camino que moldeó mi manera de ver el mundo (…) Yo me sentí muy sola cuando realicé mi doctorado, porque mi tutora vivía en España y mis compañeros estaban en ese mismo proceso; eso me hizo meditar y prometí que nunca vería a nadie pasar trabajo sin tenderle la mano, eso es humano…

“Mi esposo siempre dice que no regale lo que sé, y siempre le digo: ‘nadie puede hacer con lo que sé, pero las personas sí pueden saber armar su método a partir de lo que lo sé’. Para mí, formar personas es un ejercicio de realización integral, humana, afectiva, personal, no espero de ese proceso más que ver a mis alumnos crecer”, sentencia con la voz entrecortada, por las emociones, por el amor que siente.

Bajo su tutela se tejió la historia de la educación en Cienfuegos. Sus alumnos de pregrado en las tesis de licenciatura lograron describir tiempos pretéritos de este sector, develando sistemas, procesos, maestros…

“Debemos ver la localidad como expresión de lo nacional, esa visión es necesaria en la formación de ese pensamiento profesional, no solamente para nosotros, sino para todos. La historia de la profesión ayuda a encontrar las claves que te lleven a realizarte en ese campo, a identificarte, a reconocer las necesidades y potencialidades (…) La historia no solo te da las brechas científicas y prácticas, sino que transmite las actitudes, los compromisos, hay toda una carga ética que puede ser útil.

“Realmente hay una característica puntual de la educación a partir del siglo XX y es la centralización, ello implica una normalización, por tanto, los educadores deben hacer lo mismo en cada uno de los territorios.

“Hemos encontrado aportes desde Cienfuegos en el vínculo entre estos y las artes, por ejemplo, maestros que escribían para periódicos, maestros-poetas… esas potencialidades importantes que hemos ido perdiendo (…)”.

Ahora mismo se pueden ver contradicciones: unos se van hacia otros sectores donde les puede ir mejor o peor profesionalmente, otros que como ustedes no claudican, estudian, aman… ¿Por qué?

“En mi caso le debo mucho a la familia. La educación que tuve de pequeña no hizo énfasis en lo material, siempre me ha sido suficiente. No puedo negarte que he tenido apoyos que me hacen descansar de lo económico. (…) Cuando uno es maestro es maestro dondequiera, no escoges este lugar porque es donde mejor te sientes, sino donde más útil eres, puedo irme a trabajar al periódico y no dejaré de ser maestra.

El exceso que tenemos acá en la Universidad siempre está determinado por una historia personal, hay añoranzas…”.

Entonces, ¿usted cree que el verdadero maestro no abandona?

“Puede abandonar, pero el ejercicio nunca lo abandona. (…) A dondequiera que fuera estaría implicado en los procesos, aprendiendo, buscando información, armando grupo, dando lecciones de compromiso, de moral, y eso es un maestro. No creo que las personas se vayan del sector por dinero solamente, sino por lo complejo que se va volviendo la actividad pedagógica, la incomprensión de jefes o de tus iguales. El verdadero se queda a pesar de cualquier huracán, de tormenta bulliciosa, siempre encuentra la posibilidad de crear”.

A diferencia de otros académicos que apuestan por la tutoría individual, Magdalena arma su método en lo grupal, y puede llevar a la misma vez hasta tres doctorantes y un buen número de licenciaturas. Apoya a los de ella y otros que vienen. En España aprendió mucho más y a Ecuador llevó el procedimiento que genera desarrollo. Con un currículo amplísimo honra la educación cubana, honra a sus profesores de siempre.

“Muchas veces los alumnos me enseñan a mí. El conocimiento lo negociamos, yo lo que tengo es un método para descubrir las potencialidades (…) No puedo decir NO cuando alguien me pide ayuda, sea incluso alumno de otra tutora, yo ayudo. A veces me sobresaturo, pero siempre veo el lado positivo”.

Ella se autorretrata como sol, como luz que aclara los caminos… y nosotros le ponemos el cielo como techo.

2 Comentarios

  1. Es de seguro una excelente persona, profesional y amiga. Jamás deja un alumno solo, lo abandona en el conocimento.Ttodo lo contrario siempre está presta a enseñar lo que sabe.

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