Mamíferos de Cuba: pequeña joya de nuestra divulgación científica

De manera general, durante las excursiones en el llano o en las montañas cubanas, no es común toparse con animales grandes, a excepción de vacas y caballos y otros domésticos harto conocidos. Por eso es tan sorprendente y regocijante cruzarnos a nuestro paso con mamíferos nativos que en su mayoría son escurridizos y muy raros de ver en la naturaleza.

Ese era el objetivo del paleontólogo, geólogo y zoólogo habanero Luis Sánchez Varona (1923-1987), quien fuera en vida fundador de la Academia de Ciencias de Cuba y del Museo Nacional de Historia y Ciencias Naturales Felipe Poey: difundir a través de su texto Mamíferos de Cuba (1980), un conocimiento esencial sobre la mastofauna cubana, “añadiéndole pinceladas históricas y anécdotas de experiencia personal”.

Con este pequeño libro (reeditado en varias ocasiones), los lectores aventureros podrán aprender a identificar cada espécimen a través de los rasgos del no tan amplio grupo de vertebrados que habita este archipiélago, tanto los que han sido introducidos en otras épocas como aquellos endémicos.

El primero en aparecer en las páginas de esta pequeña joya de la divulgación científica es el almiquí, en el capítulo titulado Especies autóctonas terrestres. No por gusto Varona ubica al Solenodon cubanus Peters en primer término: “El almiquí, pese a su tamaño inferior al de un gato, es un verdadero gigante dentro del orden Insectivora, al que pertenece”, expone el autor, quien además, lo cataloga como un representante arcaico de nuestra fauna de mamíferos, distribuido solamente en las zonas boscosas de las provincias orientales (la Sierra Maestra, nordeste de Holguín y el norte de Guantánamo). ¡Qué privilegio sería poder observar en su hábitat natural a este roedor prehistórico que hoy, desgraciadamente, está en vías de extinción!

Fotocopias: del autor

Sánchez Varona también le dedica un apartado aquí a los mamíferos voladores, los llamados quirópteros o murciélagos, entre los cuales destaca por su interés al mariposa, el más pequeño de Cuba; el Molossus tropidorhynchus, el más abundante, y el Noctilio leporinus mastivus, apodado como murciélago pescador, que ostenta la mayor talla de los que se encuentran acá.

El viaje por el libro continúa con un examen de las ocho especies de jutías, que “son, sin duda, nuestros mamíferos más representativos”. “Son fitófagas —explica—, o sea, se alimentan de sustancias vegetales: cortezas de árboles, raíces, frutas, tubérculos y hojas”. La conga, la carabalí, andaraz, la jutía enana o la muy rara jutiíta de la tierra, son algunos de los nombres que resaltan, además de la necesidad de estudiar mucho más sus hábitos en pos de su conservación.

No queda fuera la rica lista de mamíferos acuáticos autóctonos, destacando sobre todo el extraordinario e inofensivo manatí.

Sin embargo, el último capítulo es de los más atractivos, dedicado a las especies introducidas y establecidas en el archipiélago, obviando, por supuesto, a los domésticos.

En este apartado se les revela a los lectores, una lista de animales que jamás pensaríamos que hubiesen sido traídos a Cuba, como el camello dromedario o la llama andina, pero también aquellos cuadrúpedos que se han “acimarronado” con éxito, dígase el gato, el puerco y el perro jíbaro, o los caballos salvajes que perduraron en los cayos Guajaba y Romano, al norte de Camagüey.

Casi al término, Varona explica los rasgos del esquivo y hermoso venado, que “aunque no es nativo de Cuba, (…) desde su introducción ha logrado establecerse a la perfección en nuestros suelos”.

Con las ratas y mangostas (hurones), voraces y perjudiciales roedores llegados de otras latitudes desde hace siglos, termina el investigador este plausible bojeo, que siempre agradecemos los amantes del conocimiento y la naturaleza local.

Delvis Toledo De la Cruz

Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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