Mal Tiempo sin ira | 5 de Septiembre.
lun. Jul 15th, 2019

Mal Tiempo sin ira

El sitio histórico Mal Tiempo se ubica en el municipio cienfueguero de Cruces y ostenta la condición de Monumento Nacional desde 1978. / Foto: Idelfonso Igorra

Sobre el obelisco un joven agita la bandera. Lo hace como si en ella fuera el filo del machete, enfrentado ahora contra la altura y el viento, y la ventaja infinita del cielo. Bajos sus pies, la misma llanura, aquella del 15 de diciembre de 1895 cuando Mal Tiempo dejó de ser invisible.

Un día antes era silencio. Los ruidos de la Invasión a Occidente se expandían en la montaña, mientras la sabana aguadaba la quema de campos y centrales azucareros. El descenso sería doloroso, pero necesario, escribe en sus Crónicas de Guerra, José Miró Argenter, general de división del Ejército Libertador.

“El nuevo día será, pues, memorable en los fastos de la guerra: se dará principio a la obra de destrucción. Por las limpias guardarrayas de los sembrados se esparcirá el gran tropel de la caballería, levantando a su paso, en vez de nubes de polvo, olas de fuego. (…)Nos esperan maldiciones, grandes fatigas y encarnizadas peleas”.

Tan solo amanecer fue imposible el reposo ante la trampa que pretendía el general español Martínez Campos, confiado en la disciplina de sus tropas, la superioridad en armamentos y recursos. Sin embargo, desconocía la fuerza de aquel huracán de hombres, aun desprovistos de municiones y casi al desnudo.

Según el relato de Enrique Loynaz del Castillo, general de brigada, “Maceo, levantada el ala del sombrero, en alto el machete relampagueante, en el corazón la ira, y en la voz el mandato imperioso; enardecido por el obstáculo de una cerca de alambre —pronto echada abajo— bajo el plomo enemigo, avanzó con una nube de guerreros.

“(…) al grito atronador de ¡Viva Cuba!, se soltaron todas las iras: fue una incontrastable avalancha de machetazos…Los cascos de nuestros caballos atropellaban cadáveres, o pasaban arrollando los desordenados grupos enemigos. En ellos, el espanto; la desesperación; España perdida en América”.

Tres horas bastaron para la rendición del batallón 42 de Canarias,  junto a una columna de quintos, compuesta por jóvenes campesinos traídos a morir. De acuerdo con Loynaz del Castillo, sobre el campo se encontraron 247 cadáveres; las tropas cubanas sufrieron apenas cuatro bajas.

El botín de guerra —describe Miró Argenter— resultó abundante: 150 fusiles máuser, 60 rémingtons, seis cajas de municiones, caballos, acémilas, los equipos, el botiquín y la bandera.

Similares impresiones reproduce Miguel Barnet en su novela Biografía de un Cimarrón, al darle voz a Esteban Montejo, protagonista del combate: “Cuando la matanza terminó nosotros veíamos las cabecitas de los españoles por tongas, en las cercas de piñas. Pocas cosas he visto yo más impresionantes. (…) Las balas eran algodones para nosotros. Lo importante era el ideal, las cosas que había que defender. (…) Mal Tiempo ‘jamaqueó’ a los cubanos. Les abrió el espíritu y la fuerza. Allí hubo de todo. (…) Pasó así porque estaba dicho ya. Hay cosas que no se pueden cambiar. El curso de la vida es muy complicado”.

A 122 años de la gesta, el obelisco se empina sin la ira de antaño. Su altura todavía parece insuficiente. Pero es bueno saber que existe un monumento a la victoria ante tantos que se regodean en la muerte.

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2 thoughts on “Mal Tiempo sin ira

  1. Excelente Robe, le has dado, como profesional, tantas miradas a Mal Tiempo y sin embargo, siempre descubro algo diferente, maestría. La crónica que escribiera Miró Argenter de ese día le para los pelos de punta a cualquiera, cuando describe cómo corrió la sangre alli, joven, fresca… Sabes, serías un buen historiador y guía del lugar

    1. Gracias Maga, las crónicas de Miró Argenter, los escritos de Loynaz, el diario de campaña de Máximo Gómez, todos ellos protagonistas de la historia. Es una suerte acercarse al hecho de Mal Tiempo a través de sus viviencias narradas, es como revivirlo.

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