Maestros e instructores de arte, valioso tesoro

Cuando volvemos a transitar los pasos de la historia musical en Cienfuegos, encontramos importantes proyectos juveniles e infantiles relacionados con la enseñanza artística. Estos han ayudado al descubrimiento y desarrollo de valiosos talentos, así como al enriquecimiento espiritual de muchos que hoy agradecen el haber contado en su generación con maestros que les abrieron las puertas a un mundo cultural y espiritual que dio un nuevo sentido a su apreciación estética y formación integral como seres humanos.

Tales proyectos culturales son un ejemplo meritorio de la preocupación de muchos cienfuegueros por llevar el arte a los niños y jóvenes. Así, han vinculado el juego a la enseñanza artística junto al descubrimiento de los valores humanos desde lo vivencial. Podríamos mencionar, en el caso específico de la música al maestro Rafael Lay, que tuvo en la Sala Ateneo un proyecto muy instructivo para jóvenes músicos; a Luisa Acea, Irma Serrano, Mirta Cuesta, Valentín Mesa; El Jety, con el Combo Los Delvis; Pancho, con La Edad de Oro; Enrique Pérez, creador del grupo infantil Cielito Lindo; Iván García, con Los Aragoncitos y tantos otros que han hecho grandes aportes al desarrollo del gusto estético en niños y jóvenes de la ciudad. Y por supuesto, se suman todos los maestros de las diferentes enseñanzas especializadas del arte, instructores, artistas en general y los que actualmente continúan apostando por nuestros niños y adolescentes como el maestro Gonzalo Bermúdez, con su grupo Ismaelillo; Belkidia López, con su proyecto artístico Al compás de las olas, y la Tía Rosa, con Chicuelos del mar.

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José Martí decía que no se sabe bien, sino lo que se descubre. Tal vez por eso, el ya desaparecido profesor de Estética de la Universidad de las Artes, José Orlando Suarez Tajonera, afirmaba que los seres humanos debían descubrir los valores mientras sentían por sí mismos la gratificación de hacer una buena obra, de actuar bien. El arte es una de estas maneras de hacer que a los niños, adolescentes y jóvenes les lleguen muchos mensajes positivos para la vida.

Cuando un ser humano carece de un arsenal o bagaje cultural que permita la comprensión del arte, va a dejar pasar verdaderos momentos de placer estético, solo por desconocimiento. No es lo mismo apreciar, por ejemplo, la fotografía, los diálogos, la dirección de actores, los aportes de los mensajes explícitos o subliminales, con toda la majestuosidad que ofrece la pantalla grande y la interacción social que se establece en un cine; de la puesta en escena de una obra de teatro en su tabloncillo; de un concierto en vivo, donde la maestría de la ejecución lo hace único e irrepetible. Algo que el espectador va a llevar consigo en su memoria siempre. El pequeño ritual de ir a…, de tener la posibilidad de socializar, de unir la experiencia a una emoción, lo que determina una vivencia, un recuerdo, anécdotas para la vida; tan diferente a ver lo mismo en casa frente a una computadora o un televisor, como un día más.

Tenemos una rica historia en todas nuestras manifestaciones artísticas que no debe separarse de la historia de la nación, porque forma parte de ella. Se les debe enseñar a los niños quiénes han sido nuestros músicos, pintores, escultores, escritores, bailarines más reconocidos; los géneros de nuestra música, sus bailes tradicionales, obras literarias; la historia de nuestros teatros, museos, centros de alto valor patrimonial; los valores arquitectónicos, los monumentos. Un poco de arte y cultura cubana al acceso de todos desde edades tempranas. Debemos llevar el arte a las escuelas y a la vez, acercar a los niños a los teatros, a las exposiciones, a las manifestaciones autóctonas de su región; al buen cine, a las obras de valor histórico y patrimonial. Para eso deben tener las herramientas mínimas de apreciación en estas ramas; solo así podrán entenderlas y valorarlas. Y eso se puede lograr con la guía de los instructores y maestros de arte.

No se ama lo que no se entiende, se desconoce, o no nos sentimos identificados. En las nuevas generaciones recae la salvaguarda de todo el patrimonio inmaterial, la espiritual de la nación y la provincia. Es por eso que deben saber valorarlo, para sentirse identificados con él como parte de su identidad, de su cultura. Sea este un pequeño reconocimiento a la obra de todos los pedagogos e instructores de arte, que tanto han aportado a la ciudad y continúan haciéndolo.

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