Maestro

El principal mérito que le confiere a José Martí su categoría de Maestro ante los ojos del pueblo cubano radica en su capacidad de iluminar la conciencia nacional en torno al destino necesario e inevitable de nuestra Patria.

Amén de humanismo, sensibilidad, conocimiento, fe, bondad, entereza, solidaridad, Martí nos transmite tres enseñanzas cardinales: valor, resistencia y lucha contra quienes intenten mancillar nuestro suelo.

A lo anterior se suma su alerta esencial, consistente en la vigilia permanente ante el apetito imperial.

Antiimperialista convencido, el Maestro nos escribió en la pizarra del futuro que nos cuidáramos de la voracidad de los gobiernos norteamericanos. Siempre. Fidel, su más fiel seguidor, no dejó de tenerlo en cuenta ni un minuto.

Nadie, por tanto, que sea martiano de verdad, no de palabritas, puede ser realmente pro-estadounidense; como tampoco contrarrevolucionario.

Una de las líneas de trabajo trazadas por el pensamiento reaccionario del enemigo consiste en intentar deslindar, e incluso ubicarlos en un plano antónimo, la esencia martiana del sentido político del proceso social en curso desde 1959. Algo carente de todo sentido, en tanto este es su consecuencia.

Quienes se proclamen martianos, pero no identificados con la Revolución, sustentan algo tan ilógico como decir que creen en Dios, pero no aman a Jesucristo.

Y quienes empleen a Martí, desde el exterior, como emblema de lucha contra Cuba entran de a pleno en la mayor de las contradicciones.

Pero ya esa hora pasó. Como de una vez por todas comprendieron que Martí es Cuba y Martí es Revolución, llegó el momento de atacarlo. Los mercenarios que reprodujeron, ahora con sangre de cerdo, pero el sentido es el mismo: la humillación de nuestra identidad nacional-, la profanación cometida por marines yanquis el 11 de marzo de 1949 en el parque Central de La Habana responden a la orden del sector ultra del exilio de Miami de ir por todas con cuánto nos hace, identifica y convence.

Miami y Washington los seguirán pagando y alentando, para a la larga solo hacer el ridículo histórico de ver demostrado ante la opinión pública mundial, con pruebas y en escasos días, cómo les ordenan y les pagan sus fechorías.

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La orden dada en este minuto a los medios corporativos, alternativos, blogs y a los youtubers de Miami es clara: incentivar el terrorismo contra Cuba.

Eso es lo que hacen cada día en sus arengas virtuales todos estos tristes personajes, cuyas mentiras cotidianas (más despampanantes e insólitas en cada programa) son rebatidas al instante por otros youtubers como Alex Guerrero Cubano o El Invicto, por citar dos en su misma plataforma de combate.

Lo mejor que ha supuesto Trump para los voceros mediáticos del exilio radical cubano en La Florida es que los ayudó a quitarse la careta en su expresión oral. De igual forma que hace pocos días el presidente No. 45 no tuvo ambages en proclamar, abiertamente ante el planeta, que estaban en Oriente Medio para coger su petróleo –—así, sin vaselina—, ya esta gente no habla con medias tintas. Lo suelta todo como le sale del pecho y le escriben en el guion que les paga sus dólares

Apoyan mancillar a Martí, exhortan directamente al terrorismo contra la Isla (donde viven muchos de sus familiares), mandan a realizar acciones violentas de todo tipo, instan a la fragmentación…

La Revolución está haciendo frente a tales actos e incitaciones terroristas del exilio radical miamense y Washington desde sus inicios; lo que cambia hoy es la forma en extremo directa del discurso de los perpetradores.

Y es lo peor para ellos, en tanto pone al descubierto ante nuestro pueblo sus verdaderas intenciones, para el que todavía tenía alguna duda.

El Maestro nos vacunó, también, contra esta gente, capaz de traicionar a su pueblo por unas migajas. Por eso, cada día, es más preciso leerlo, comprenderlo. Asumirlo.

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Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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