Madres por profesión

A propósito del aniversario 56 de la creación de los Círculos Infantiles en Cuba

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Aniversario por la creación de los Círculos Infantiles celebrado en el C.I. Amiguitos del Granma./ Foto: Juan Carlos Dorado

Para cuidar de la pequeña (menos de 3 años), en casa necesitamos cinco y hasta seis personas a la vez. ¿Cómo pueden entonces tres educadoras de un Círculo Infantil (CI) custodiar a 15 niños? ¿Dónde las entrenarán? Porque a mí no me engañan, se requieren técnicas especializadas.

Recientemente formé parte de una experiencia que me ayudó a valorar mejor su trabajo. Al cambiar a mi hija de CI, sobrevino el proceso de adaptación y en los primeros dos días, la madre permanece en el salón. Y si tener cerca uno de esos “cachorritos” resulta tarea complicada, ya pueden imaginar una manada completa.

Cada uno siguió la ruta que le pareció, jugó con el objeto que entendió, se sentó, o no, donde quiso, hablaron, murmuraron, rieron, cantaron, lloraron, todo a la vez. Y mientras yo (objeto anacrónico y extraño dentro del habitual paisaje), me desesperaba por el “libre albedrío”, el semblante de aquellas “tatas” mostraba la tranquilidad de quien tiene la situación bajo control.

Luego, cuando la educadora llamó, ellos vinieron. Uno a uno, sin ovejas extraviadas ni negativas. Todos. Sentados en el piso, en silencio, escucharon los cuentos, siguieron las melodías y reconocieron los animales de las tarjetas. No hubo regaños ni gritos, solo comprensión y ternura.

¿Tomarán medicamentos para mantener la calma? ¿Les harán un examen de “paciencia” para admitirlas? Además son muy jóvenes, muchas de ellas no tienen aún sus propios hijos y asumen como suyos a los nuestros.

Desde que Roselyn va al círculo ha desarrollado el lenguaje considerablemente y ha ganado en independencia; conoce nuevas canciones y aprendió a relacionarse mejor, especialmente con sus “compinches” de travesuras. Y aunque de camino a “Amiguitos del Granma” me repite varias veces “no quiero ir al círculo”, se queda encantada en los brazos de Arianna, de Cary o de la jimagua.

Allí, en “Amiguitos del Granma”, su directora les da la bienvenida diariamente en la entrada y los despide en las tardes, conoce el nombre de cada uno de sus pupilos, sabe dónde viven y dónde trabajan los padres.

No ha faltado la disciplina, también necesaria, y lo sé de buena tinta, pues mi niña reproduce con sus muñecas, lo vivido durante el día.

Existen mitos y leyendas urbanas sobre las educadoras de los Círculos, muchas serán ciertas, no lo dudo, e historias hay para escoger. Tampoco son iguales todas las tatas, ni todas las instituciones. En la práctica, más de tres mil 600 familias de Cienfuegos les confían a sus pequeños, conscientes de la impronta que dejan en su educación.

Una madre es sacrificio, entrega, constancia, responsabilidad, amor. La crianza de un hijo resulta, ya en sí, un empleo, un trabajo a tiempo completo. Ellas, las “tatas”, son madres por profesión.

1 Comentario

  1. Gracias a usted por hacer de su artículo una reflexión tan conmovedora, por identificar a nuestras educadoras como madres de profesión, porque realmente así son, entregan todo y lo hacen de corazón, esa es la técnica especializada: hacerlo de corazón y con mucho amor.
    Admiramos mucho su trabajo.
    Queremos invitarla al acto por el 56 aniversario de los Círculos Infantiles el próximo lunes 10 de abril en el Círculo Infantil Pececitos de colores, para que siga disfrutando de estos niños.
    Gracias.

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