¿Macho, varón, masculino?

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Fotos: de las autoras.

Siempre han existido personas ancladas al espejo. Pendientes a su imagen, pendientes a ser bellos. Eso se sabe y, no por ello, el mundo ha dejado de girar, ha dejado ser mundo.

Sin embargo, “lo de hoy no tiene nombre. No puedo con eso. Hay muchachitos que pasan seis o siete horas en una peluquería, pintándose el pelo, sacándose las cejas, depilándose los brazos y el pecho, hasta le quitan pellejitos de las uñas…; ellos lo que tienen que hacer es coger una guataca”, dice el abuelo, mientras ve salir a dos jóvenes de una barbería de tiempos modernos, o sea, con equipamiento para “pulir” la belleza masculina.

Con solo caminar por el Paseo del Prado o sentarse en el Malecón bastaría para notar que algunos hombres en Cienfuegos lucen y visten diferente.

“Hay una estética más ambigua sobre el hecho de ser hombre, que no indica tampoco exactamente una opción sexual. Los límites entre lo heterosexual, lo homosexual y lo bisexual se rompieron a nivel mundial, y Cuba forma parte de eso”, esclarece el Dr. Julio César González Pagés, coordinador de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades en Cuba.

Metrosexual, tecnosexual, ubersexual, retrosexual, lumbersexual, hombre alfa… son algunos de los calificativos que usualmente las personas y los medios de difusión utilizan para nombrar comportamientos vinculados a la estética, a una cierta “liberación masculina”.

HOMBRES DE ROSA

“En la actualidad el hombre se hace más cosas que la mujer, porque visitan más seguido los salones de belleza. Mientras ellas se pelan cada tres o cuatro meses, ellos vienen casi todas las semanas a pelarse y peinarse (…) También vienen a limpiarse la barba, hacerse las ‘californianas’ y darse el tratamiento con keratina (…) Han cambiado los tiempos, yo no los llamaría metrosexuales”, dijo Manuel Alejandro Bermúdez, estilista de la peluquería Manos Tijeras.

“A las muchachitas les gustan los muchachitos arreglados. Yo estudio y voy semanalmente a esos espacios, me gusta estar allí”, confesó Manolo Magariño Marchante, de 19 años.

“Antes, para ir a una fiesta debías saber bailar y ya, ahora hasta se hacen peinados, se pintan el pelo de rosado, verde, azul. Mis hijos no pueden llegar a la casa con esos colores ni ponerse pantalones de mujer para que le luzcan más apretados”, enunció Carlos Hernández López, padre de dos hijos varones.

La mayoría de las chicas entrevistadas informalmente dicen no importarle tanto, siempre y cuando eso no se convierta en excesivo, en esclavitud frente al espejo. “He notado un vacío en la cultura de estos muchachos metrosexuales o como se les quiera llamar. Una buena parte no lee, ni sabe de buena música, ni va al teatro, los veo poco responsables. Yo soy de las que creo que se necesita algo más que un novio bonito…”, agrega Lilian Gómez Pérez, estudiante universitaria.

Inicialmente el interés por el cuidado estético fue evidente en los adolescentes, sin embargo, con el paso de los años se ha extendido hasta después de los 30: hombres con economía propia y vulnerables por la llamada crisis de los 40.

Para mantener su estilo cool no solo cuidan su cabello, sino que van a los gimnasios, usan cremas faciales y protector solar, ingieren suplementos alimenticios e incluyen en su ajuar cotidiano, accesorios como bolsos, sombrillas, pulseras, además de vestir con ropa de marcas establecidas en el mercado.

La diseñadora Lourdes Trigo menciona algunos de los cambios que ha incorporado en sus diseños masculinos en los últimos años: “(…) el pareo para los hombres, se ven muy sexy en la playa; la chaqueta corta; también los tonos pasteles, el rosado, el malva, que antiguamente eran vetados”.

Entonces, la apariencia que devuelve el espejo es bien costosa y requiere ingresos superiores a los salarios medios cubanos. El precio del pelado, por ejemplo, oscila entre los 30 y los 125 CUP (en dependencia del prestigio del estilista); el peinado, 25 o 50; el arreglo de la barba, 25; el de las cejas igual. A medida que se complejiza el tratamiento, los números ascienden hasta, incluso, los 500 pesos o más. Dicho así, pudiera lucir poco en relación con los costos de las mujeres, más la sistematicidad con que deben regresar a las manos del estilista marca la diferencia.

¿Quién iba a decir que un hombre iría a una peluquería a lavarse la cabeza, echarse acondicionador, secarse el pelo, o a darse cepillo? ¿Quién iba a decir que un hombre se vestiría de rosado o ponerse aretes que cuelgan?

LA IMPORTANCIA DEL ESPEJO…

“No podemos afirmar respecto a la construcción de la imagen corporal y de la apariencia masculina, que ha habido un cambio radical —explica Maité Díaz Álvarez, pionera en los estudios de masculinidades en Cuba. Hay un grupo mayoritario de hombres, sobre todo entre los jóvenes, que han asumido características típicas de la metrosexualidad, lo cual, más que todo, deviene una moda contemporánea.

“Cuando Mark Simpson definió esa categoría en 1994, se refirió a un nuevo tipo de hombre preocupado en extremo por su imagen y que tiene ciertos gustos y costumbres muy pegados a lo consignado como femenino. Un varón que vive en la ciudad y que invierte mucho dinero en ropa, en el cuidado de su cuerpo y cara (…) Hay tendencias entre los jóvenes, pero no podemos decir que en Cuba sea masificada”, agrega la investigadora.

Nuestra nación, aun cuando intenta zafarse de la maquinaria publicitaria, no puede alejarse de la globalización. Y en la mayoría de los casos solo se trata de hombres que reproducen estereotipos ajenos a la cultura e idiosincrasia cubanas, pero sí acordes con las series, las películas, los deportes… Lo hacen, además, porque de alguna manera tienen aceptación en el plano social.

“Antes nos cuidábamos más de ser comparados con mujeres. Ya no hay preocupaciones a que nos juzguen por cómo nos vestimos, o cómo somos; ahora podemos sacarnos las cejas, darnos un tinte, perfilarnos, hacernos iluminaciones, la keratina. Las tendencias van tan veloces como los nuevos tiempos”, refirió Osmany Calzadilla, animador de centros nocturnos en Cienfuegos.

Al resquebrajarse un tanto las barreras del machismo, aparece un hombre con nuevas maneras de proyectarse, de vestirse, de asumir la vida…

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