Luisol, el talismán de los Marineros

El INDER más allá de las medallas

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Luisol es sinónimo de fútbol cienfueguero. /Foto: Carlos Ernesto Chaviano.

Todo el que tiene que ver, de alguna manera u otra, con el fútbol de Cienfuegos (y mucho más allá), conoce al ser que da vida hoy a esta sección. Les costaría creer a los amantes del más universal de los deportes en nuestro territorio, que Luisol Mora Pedroso jamás jugó al balompié, al margen de que en la actualidad, ya con 40 hojas arrancadas al calendario, de vez en vez corretea tras un balón en defensa de Los Rojos, una de las selecciones de veteranos de la ciudad.

Todavía más increíble será para muchos que los inicios de Luisol en el deporte estuvieron bien lejos de terrenos de juego, goles y penaltis, pues en la otrora Pre Eide (en paz descanse) integró la matrícula del clavados (o saltos ornamentales, disciplina que hoy Cienfuegos no practica), y hasta incursionó en la natación.

A pesar de que confiesa se acercó a una cancha de fútbol motivado por la cantidad de jugadores con los que compartía estudios, hace muchos años comprendí que su destino estaba ligado, de antemano, con ese deporte que arrastra multitudes. Es la única manera de explicar que ese primer acercamiento resultara definitorio, hasta el punto de convertirlo en personaje imprescindible (allá los que sentencian que esos no existen) en el mundillo futbolero de este pedazo de Cuba.

De ello pueden dar fe varias tripulaciones de Marineros, entrenadores, directores técnicos, unos 15 Campeonatos Nacionales, Juegos Escolares, Juveniles, Pioneriles, torneos municipales y provinciales, eventos de futsal…

Recuerda que Odilio Vázquez, experimentado estratega, lo “secuestró” de la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE), donde se desempeñaba como Especialista en Calderas luego de vencer el Técnico Medio en Termoenergética y cumplir con el Servicio Militar.

Así llegó al estadio Luis Pérez Lozano, lugar del que ya jamás se separaría, y no sé si algún día pueda hacerlo, pues, confiesa, es parte de él. Aunque en el Combinado Deportivo número 5 cubre la plaza de Operario de Mantenimiento, a Luisol se le ve haciendo de todo en ese lugar, desde marcar el terreno de juego y “coser” las agujereadas porterías, hasta asegurar el agua y la merienda de los atletas en competencia.

Es pésimo con las fechas, pero recuerda que su primer Campeonato Nacional de fútbol fue bajo las órdenes de Israel Blake, cuando Cienfuegos ocupó el quinto lugar. Mucho ha llovido desde ese entonces, y nunca ha faltado en el puente de mando Marinero, donde hoy funge como Delegado.

Su mayor alegría en estos menesteres llegó cuando la famosa “generación del ‘85” ganó dos coronas consecutivas, aunque también rememora un subtítulo y dos medallas de bronce. Asimismo, no olvida cuando el equipo, luego de los dos cetros, cayó a la segunda división del balompié nacional, algo inédito para la disciplina en nuestra provincia. Y aclara que, de todos los lugares del país, ha sido la cancha de Zulueta la más difícil para los onces de casa.

Reconoce el tradicional sistema de juego local, matizado por la armonía, los toques cortos y rasos, el cual ahora se intenta, pero “no es igual”. Acerca de la actual situación del fútbol acá, bien alejado de sus momentos de gloria, opina que “falta motivación y atención a los jugadores, además de que las condiciones son discretas desde el punto de vista de terrenos, balones e indumentaria”, porque “futbolistas y entrenadores abundan”.

Aunque ha sufrido cientos de veces injusticias en contra de su selección y ha tenido deseos de salir al césped, jamás lo han expulsado de un choque. Por el contrario, soy testigo de que en todo momento ha incidido en el retorno a la cordura.

Por eso y por mucho más ha recibido reconocimientos de la Comisión Provincial, el Inder y hasta del Gobierno local, pero sin dudas el mayor regocijo llega cuando, ante cualquier situación, por increíble que parezca, atletas, técnicos, federativos, aficionados, y hasta periodistas, buscan a Luisol para solucionarla.

2 Comentarios

  1. Gracias Carlitos por develar la historia de Luisol. Ni te imaginas la cantidad de cafés que me debe (más que los tuyos), en tanto punto fijo todas las mañanas sabedor del horario de la primera colada del día. Aquí en casa le apreciamos y se le quiere como uno más de la familia, y así y todo desconocíamos buena parte de su historia de cubano sencillo y jodedor, que lo es y bastante. En son de cariño y afecto, en lugar de “talismán” le hubiese apodado “sinapismo” de los Marineros. Con absoluta seguridad el habría respondido el epíteto con una carcajada antes de soltar la pregunta de siempre: ¿No hay un cafecito por ahí?