Luis Pérez Lozano, mártir del 5 de septiembre

0
359
Alzamiento revolucionario del 5 de septiembre de 1957./Foto: Centro de documentación.

Desde su humilde cuna, Luis Pérez Lozano solo podía observar en todo su entorno el barro amarillo salpicado de cuevas de enormes cangrejos. Era el entorno del barrio Bonneval, que todos conocían no con el apellido de sus dueños, sino con el color de su barro por eso era llamado de “Los Amarillos”. 

En terrenos baldíos impropios para construir, que quedaban justo al lado de las fabulosas residencias levantadas por los ricos a ambos lados de la avenida de Punta Gorda, allí nació Luis Pérez Lozano, en un caserío marginal e insalubre en las calles Cristina y Central, el 3 de agosto de 1929. Su padre era tripulante de barcos de cabotaje, con un salario que apenas le alcanzaba para sostener el hogar con tres hijos, lo cual llevó al pequeño a comprender bien temprano las diferencias de clase, en la observación de la opulencia de unos cuantos y la miseria de los más. En aquellos terrenos se desenvolvió su niñez, jugando a la pelota con los niños pobres de la barriada. Eran pelotas confeccionadas con trapos y envueltos con el cartón de las cajetillas de cigarros que recogían en la calle y bateaban con un palo del mangle o el marabú que abundaba allí, aunque a veces perdían la pelota cuando entraba en una profunda cueva de cangrejos.

Por supuesto en la ciudad no existía ni un solo campo de beisbol, ni para ningún otro deporte, aunque los clubes de los ricos los tenían de todo tipo, pero eran sociedades exclusivas de ellos. Hacia 1938 la familia se mudó para una casita mejor, en las calles San Rafael, entre Cuartel y Tacón en el mismo barrio. Así que con esa diferencia social que no comprendía, pero que le golpeaba como un bofetón,  Pérez Lozano desde que cumplió diez u once años tuvo que dedicarse a limpiar zapatos por unos centavos, y apenas se hizo un joven, empezó a comprender lo que escuchaba de su primo Rogelio Bolufé, quien le hablaba de la lucha de clases y de las ideas de Antonio Guiteras, que fundó la organización revolucionaria “La Joven Cuba”, en la cual llegó a militar.

Estudiando Luis ya en el Instituto de Segunda Enseñanza, porque nunca abandonó sus estudios, ni su “oficio” de limpiabotas durante las noches, pulió su rebeldía y la orientó hacia huelgas, protestas callejeras y concentraciones populares contra la politiquería y la corrupción oficial imperante.

También se enfrentó a los “demonios del Norte”, aquellas oleadas de marines de los barcos de guerra norteamericanos que llegaban al puerto y bajaban a emborracharse y molestar a las familias en busca de prostitutas. Por su vocación revolucionaria, se enfrentó a la tiranía de Batista y surante su participación en una da las famosas huelgas cienfuegueras, con la unidad proletario-estudiantil que las caracterizaba, el 17 de noviembre de 1947 fue detenido y remitido al Tribunal de Urgencia de Santa Clara. En agosto de 1948 participó en la huelga por los filtros para el acueducto de Cienfuegos, en la que también fue detenido, golpeado y remitido de nuevo al Tribunal de la capital villareña. Hacia inicios de 1950 laboraba en la farmacia de Clark que era un revolucionario activo del Partido Ortodoxo de Chibás, en que militó, y posteriormente se hizo militante de las filas del Movimiento 26 de Julio y comenzó a laborar clandestinamente. Una noche que pintaba consignas rebeldes fue sorprendido por la policía, se batió a tiros y escapó.

Llegado el alzamiento revolucionario del 5 de septiembre de 1957, Luis Pérez Lozano ocupa un puesto de combate en la azotea del Ayuntamiento, frente al Parque Martí, junto a sus compañeros del M-26-7, Tomás Toledo Benítez y Galo Tiel. Combaten durante todo el día contra fuerzas superiores en armamento que Batista lanzó desde varias provincias para aplastar la rebeldía del pueblo cienfueguero, y por la noche quedan sin balas ni posibilidades de abandonar ese edificio por estar rodeado todo el entorno. Al amanecer siguiente, soldados y policías los encuentran desarmados y los asesinan. Sus cuerpos baleados aparecen entre los “caídos en combate”.

Esta es la historia de un cienfueguero humilde que entregó su juventud y su vida por luchar contra dos tiranos en su Patria. Siempre fue un rebelde con causa, y hoy es ejemplo para las nuevas generaciones que, en otro contexto histórico, se enfrentan a las tareas actuales y luchan por las próximas victorias.

Dejar respuesta