Los retratos en el despacho de Martí | 5 de Septiembre.
lun. Oct 21st, 2019

Los retratos en el despacho de Martí

Retrato de Walt Whitman, autor del famoso poema "¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!"

El literato e investigador crucense Raúl Aparicio nos ha dejado su análisis sobre Los retratos en el despacho de Martí. Quienes visitaron esa oficina y vivienda del Maestro, en la calle Front de Nueva York, concuerdan en que de las paredes colgaban cinco retratos de personajes:  Darwin, Bolívar, Marx, Walt Whitman y Wendell  Phillip.


Se sabe que Martí sentía predilección y daba valor sentimental a esos retratos, tanto que los dejó en herencia a personas que quería. Encargó a su albacea literario Gonzalo de Quesada que los entregara a determinadas personas.

Esos retratos no eran meros adornos en su oficina, -razona Aparicio en su libro Sondeos.  Son personas que han tenido mucha influencia en la historia de la humanidad, personajes que merecen respeto y admiración. Están ligados a él por afinidad o simpatía, por su obra, aunque no se conocieran personalmente.

Darwin, el gran sabio inglés, era el autor de la teoría evolucionista. Martí siempre tuvo su obra como material de consulta de trabajo y comparación en lo relativo a la naturaleza en general.  Para elogiarlo, ha dicho Martí : “Se ve la garra de Darwin en la política, en la historia y hasta en la poesía”.

Bolívar, su retrato debió mirarlo muchas veces, y conocedor de la América trigueña y de su larga y dramática historia por liberarla, debió pensar Martí en hacer lo que el caraqueño no pudo. Los que hemos leído el relato Los tres héroes, en la antológica revista para los niños de América, La Edad de Oro, entendemos por qué estaba ahí el retrato del Libertador.

Que Martí tuviera el retrato de Walt Whitman  en su despacho es comprensible: él era el más grande poeta norteamericano de su tiempo. También el de Wendell Phillip, admirado por Martí porque dedicó toda su vida a luchar por la abolición de la esclavitud y por ser famoso orador.

Así que nos quedan conjeturas sólo para el retrato de Carlos Marx, el creador con Federico Engels de la teoría del comunismo científico, y Raúl Aparicio comenta: “La obra del filósofo y economista alemán fue muy penetrada por el Apóstol: no sólo lo leyó y estudió sino que también dedicó al pueblo ruso, a sus escritores y artistas, como Pushkin (para el que pidió que le hicieran un monumento en Nueva York)  atención a su obra social. Tuvo igualmente respeto para la obra social de Marx y para la doctrina socialista que predicaba, al respecto escribió Martí de Marx: ‘Porque se puso al lado de los débiles, merece honor'”.

Por eso, cuando nuestro Martí se afanaba en preparar la guerra liberadora de su amada isla caribeña, acaso fijó sus ojos en la efigie de Marx y pensara en lo próximo que  ya estaba para “echar su suerte con los pobres de la Tierra”. Acaso recordaría la afirmación de Marx, de que “en Rusia sólo hay dos partidos: el de los siervos azotados y el de los dueños”. (Así como en Estados Unidos hay uno solo, con muchos nombres: el de los poderosos). Sí, Martí estudió a fondo a Carlos Marx, no podemos pensar que haga reflexiones volanderas  sin conocimiento cierto de las cosas. Y en un artículo sobre Walt Whitman,  Martí escribió  que éste “actuaba en su pensamiento con “praxis marxista”. O sea, que Martí había penetrado la obra del alemán Carlos Marx, no era solamente referencia ocasional, no lo estudiaba por simple curiosidad intelectual.  La conocía bien, y al parecer no le desagradaba. Incluso, en las Bases del Partido Revolucionario Cubano, nuestro Héroe Nacional, habla “de paz y de trabajo como fuentes de felicidad”, y al referirse a la estrategia de usar el método republicano para llevar  a la guerra, dice: “unidos todos los cubanos de buena voluntad para establecer luego la orden real del trabajo y el equilibrio de las fuerzas sociales”.

Tampoco eran palabras sin fondo las que dijo el Maestro cuando calificó a Marx de “alma sedosa y mano férrea”, y cuando afirmó que “estudió los modos de asentar al mundo sobre bases nuevas, y los puntales rotos”. Y tampoco es casual que en el texto del Manifiesto de Montecristi,  Martí  utilizara la expresión de  “abrir a la humanidad una  república trabajadora”.  También quiere que su hijo, “aunque lo llame mi príncipe, sea un trabajador”.

¿Qué Martí era marxista? Por supuesto que no. Pero había empezado a descolonizar su pensamiento y así llegó a ser la más pura y acabada expresión de la Cuba revolucionaria, y es la personalidad más completa cubana del siglo XIX.

Así hay que razonarlo todo, analizarlo todo, incluso lo que pueda parecer trivial: por qué Martí colocó en su despacho, una pieza pequeña que le servía de gabinete de trabajo y dormitorio que era lo que podía pagar su pobreza de exiliado en Nueva York, los cuadros de hombres que compartían sus ideas redentoras de los pobres de la Tierra.

En el aniversario del nacimiento del Maestro, estas ideas no resultan estériles y nos permiten conocerlo más a fondo, para traerlo al presente.

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