Los recuerdos de Haydée Santamaría y Melba Hernández, heroínas del Moncada

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Melba Hernández y Haydee Santa María, ejemplos de cubanía, de valentía, de amor patrio... /Foto: Archivo

Los recuerdos de Haydée Santamaría y Melba Hernández, las dos heroínas del Moncada, están marcados por la emotividad. Eso tienen de bueno estas fechas, que son universales y eternas, y sabemos que no debemos detener el motor grande de la Revolución, que arrancó ese día 26 de julio de 1953.


Melba ha contado que cuando conoció a los hermanos Santamaría, quedó impresionada por igual con la personalidad de Abel y de Haydée, y a partir de ahí fueron como tres hermanos. Haydée era una madrecita buena con su hermano Abel, leían todos mucho, gustaban de la buena música, del cine, conocer más sobre la Unión Soviética, y tenían una sensibilidad especial con todos los compañeros del Movimiento.

“Los que estábamos en el Hospital Civil aledaño al cuartel Moncada caímos prisioneros.  A Abel se lo llevaron antes que a nosotras y a partir de entonces, toda la información que teníamos era la que nos traía, a su manera, aquella jauría batistiana. Eran monstruos. Nosotros luchamos con armas contra esos enemigos pero nunca nos comportamos como esas bestias. El mismo sargento que martirizó y asesinó a Abel, nos lo dijo para martirizarnos también. Nos dijo que para que Abel no se creyera tan guapetón le sacó un ojo, y nos lo enseñó, lo traía ensangrentado en su mano. Luego habló de Boris Luis Santa Coloma que era el novio de “Yeyé” (Haydée), refiriéndose a él, como “el de los zapatos de dos tonos”, que era los que usó Boris ese día, y nos dijo que lo estaba castrando. Así nos dijo para martirizarnos, cuando le preguntamos por ellos, y por otros, y nosotras albergábamos la esperanza de que todo eso fuera mentira, ¡pero era verdad!

“Después, cuando nos bajaron a los sótanos del cuartel Moncada, nuestras esperanzas acabaron ahí. Íbamos cogidas de las manos, empujadas por los guardias que nos llevaban, y pasábamos por los calabozos mirando para ver a quiénes estaban allí,  buscando a los compañeros y seres queridos, y cuando abrimos nuestras manos estábamos a punto de sangrar, con las uñas como garfios, enterradas.  No vimos ni a Fidel, ni a Abel, ni a Boris. Pero los que estaban allí en los calabozos, estaban destrozados, caídos, sangrando… Y Haydée y yo (cuenta Melba) como témpanos de hielo, duras como mármol, frías… Pero los muchachos y nosotras mantuvimos una dignidad que desmoralizaba y exasperaba a los esbirros aquellos.

“Luego nos trasladaron para la cárcel de Boniato. Allí tenían a Fidel y vimos el peligro que corría la vida de Fidel y nos concentramos en pensar que él no podía morir. Primero estábamos en la misma galera que él y veíamos un poquito para su celda, sabíamos si estaba escribiendo o paseándose. Nos mandaba papelitos con instrucciones a través de los presos comunes que colaboraron mucho. Y vivimos pendientes de su vida hasta que nos sacaron de allí. Fuimos a la prisión de mujeres, donde también nos recibimos  con mucho apoyo de las presas comunes. Nos consiguieron una latica con agua y nos dábamos buchitos para contener el llanto. Un día, amaneciendo, levanté la cabeza y no vi a Yeyé en su columbina. Me tiré desesperada. Me dije: ¡Ay, me quedé también sin Yeyé! Estaba tan acurrucada que no la vi y me asusté. Pasamos mucho.

“Después se celebró el juicio y Haydée estuvo brillante. Yo era la abogada, pero ella estuvo más emotiva, impresionó al jurado y también a los soldados. Lo que hablaba era su corazón destrozado. Nos condenaron a seis meses de prisión porque se probó que nosotras solo fuimos enfermeras y atendimos a las dos partes, a heridos de los dos bandos en pugna.

“Cuando cumplimos y nos soltaron a nosotras, organizamos las vías para saber de los moncadistas presos en el presidio de Isla de Pinos, y ayudarlos. Y Fidel nos mandó a organizar el Movimiento que empezó a llamarse Movimiento 26 de Julio, por la fecha del asalto al Moncada”.

Así de grande eran estas heroínas, Haydée Santamaría y Melba Hernández. Ejemplos de cubanía, de mujeres cubanas. Ejemplos de valentía y amor patrio. De sencillez, de patriotismo, de compañerismo, de fidelidad a Fidel y a la Revolución.

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