Los niños en el cine iraní (IV Parte)

0
485
El color del paraíso (Majid Majidi, 1999)

A fuer de sinceros, tanto la propensión antropológica como el registro factual, social, histórico de sus fotogramas marcan una seña identitaria tan fuerte o igual a como lo pudiera ser su estilo formal, su arquitectura narrativa que fabrica desde esos los mismos postulados -o por lo bajo con varias analogías- del cine pobre cuya supervivencia igual defienden en lares bien distantes.

La metodología iraní erigida en cuño de fábrica de la casa acude de forma recurrente a la transparencia en la puesta en escena, a escenarios reales y abiertos donde la naturaleza eventualmente se enseñorea del cuadro con su gama de sonidos -por lo general directo en pantalla- y luminiscencias, a imágenes copiadas justo mediante el plano necesario sin más dado la economía con la cual se trabaja, limitados parlamentos, guiones preoriginalmente concebidos pero en la práctica sobrescritos sobre las urgencias anunciadas en el set, apreciable sentido del ritmo, secuencias que destilan savia emocional e innegable capacidad de sugerencia …

Poesía fílmica y literaria para nada se escabullen de textos fílmicos definidos además por la convicción y la coherencia, con independencia de su sesgo alegórico; obras que sacan trigo del color local sin postalizar ni perder camino en afanes didácticos una vez prescinden, al revés, de muchas explicaciones narrativas o de otra índole… Películas que suelen bordear la línea que cruza entre la ficción narrativa y el texto etnográfico, están armadas a partir de anécdotas mínimas, premisas argumentales de apariencia simple pero que la larga portan, concentran, gravitan, fecundan e implosionan o estallan a ojos del espectador.

Devinieron obras artísticas en cuyas capas de sentido se reflejaron las expectativas, deseos, añoranzas, miedos, angustias de esos los niños que representaron los antecedentes de las generaciones de un futuro que ya pronto llega, activas ahora y en posición de entregar a su sociedad la cosecha de sus nuevas vivencias, ángulos de percepción… Fueron aquellos chiquillos -una relectura hoy de este cuerpo fílmico lo indica en primer caso, a no dudarlo-, instancia de esperanza, motivo generador de optimismo del mañana en ciernes.

La explicación del auge mayor del cine con niños a partir de la premiada El corredor tiene muchos exégetas de diversa postura. Por ejemplo, Mamad Haghighat, crítico e historiador iraní, razona que “Desde entonces se convirtieron en los actores fetiches de este cine. El tema está de actualidad, pues en Irán se registra una explosión demográfica espectacular. En veinte años, la población casi se ha duplicado y cerca de la mitad de los iraníes tiene menos de 20 años. Los realizadores parten del adagio que asegura que la verdad sale de boca de los niños para abordar la realidad a través de sus ojos”.

No pocas tesis suscriben la idea de apreciar la tendencia cual mecanismo de escape a una censura que nada quiere saber de cintas sobre violencia, sexo o política. Incluso, los propios realizadores la confirman. En entrevista con la revista chilena Mabuse, Jafar Panahi, discípulo de Kiarostami -de quien sería asistente- y autor de la excepcional El globo blanco, hombre de siempre obsesionado con la espontaneidad e inocencia de los pequeños cual ha declarado más de una vez, reflexiona: “Esta sociedad está compuesta de muchos niños que están en una especie de enclaustramiento y quiero resaltar eso. También las mujeres están sufriendo y trato de reflejar la energía que tienen para combatir ese estado de las cosas. Tenemos real esperanza que serán ellas quienes tomarán la antorcha de la libertad. (…) Yo empecé haciendo cine con niños, luego con las mujeres y ahora pienso en ocupar otros segmentos de la sociedad. Pero hace un tiempo estaba de moda que los niños aparecieran en la mayoría de las películas por una razón práctica: a los niños los cortan menos, los censuran menos que a los adultos. A los niños no los toman en serio. Los niños traspasan los parlamentos que dirían los adultos. Pero son testimonios espontáneos. Yo trato de no exteriorizar mis pensamientos a través de lo que dicen ellos, sino a través del ambiente por el que se desplazan”.

(Continuará…)
(Texto publicado originalmente en la revista El Caimán Barbudo)

Dejar respuesta