Los gigantes de la zafra en Cienfuegos

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De izquierda a derecha Yasmany Arias Leyva y Carlos Manuel Hernández Mejías, asistentes de mecánicos en el central 14 de Julio. / Fotos Dorado.
Los jóvenes son hoy protagonistas de las diferentes ramas de la producción y los servicios. / Foto: Juan Carlos Dorado.

Inmensidad: es la primera sensación que experimentas dentro de un central. Torres, escaleras, molinos y hasta tornillos a gran escala, como Gulliver en tierra de gigantes. Pero fue en el recorrido por el ingenio 14 de Julio, donde encontré los verdaderos gigantes, aparentemente anónimos, paseando a sus anchas por el lugar y con un evidente dominio de cada maquinaria: los jóvenes.

Más de la mitad de los trabajadores allí tienen menos de 35 años, llevan en sí la responsabilidad del éxito de la próxima zafra y lo tienen asumido. Su falta de experiencia la suplen con esfuerzo durante cerca de 12 horas diarias, de lunes a domingo, para asegurar el “listo” de la industria antes del 20 de noviembre y los altos índices de eficiencia cuando el pitazo inicial marque el comienzo de la molienda.

¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué los llevó al central? ¿Cuál es su función dentro del entramaje productivo? ¿Disfrutan de su quehacer?

Yasmany Arias Leyva tiene 20 años y lleva solo dos meses como ayudante de mecánico en el “14”, por eso sorprende su sentido de pertenencia: “Me gusta saber todo lo del central; este es el primero donde entro y me he quedado frío, por eso lo pregunto todo. El mecánico que está al frente mío fue quien me enseñó qué es el nivel, la llave española, para qué sirve esto otro…

“Me resolvieron; se trabaja fuerte, pero también se gana algo; entramos a las siete de la mañana, porque necesitamos adelantar. Ahora estoy en el área de los molinos, organizando las masas de moler, poniéndo los techos, armándolo todo, de esto depende la molienda, es de donde sale el guarapo, va para el guayo de arriba y luego para los hornos, pero sin molino no hay azúcar.

“Esta será mi primera zafra, pero pienso estar un buen tiempo aquí”.

Cuatro años de experiencia en la industria suma ya Carlos Manuel Hernández Mejías, de 22, y con el inquietante ruido de la soldadura como fondo asiente en darme la entrevista. “Casi el ciento por ciento del central depende de los mecánicos (él es ayudante), nuestra función es armar, medir, dar mantenimiento. Tenemos el objetivo de hacer esta zafra mejor que la pasada y la presión es grandísima, pronto hay una prueba para saber cómo está todo, por eso estamos aquí día por dia.

“Estudié en una primaria muy cerca del ingenio y desde entonces me gustaba esto; empecé la carrera de gastronomía, tuve un accidente y no pude terminar, esto me cayó del cielo, me lo consiguieron y al final me he quedado, al principio comencé en el basculador, solo durante la zafra. Soy el único de la familia que ha trabajado en un ingenio”, comenta con orgullo.

Daniel Calderón Morales.
Daniel Calderón Morales.

Una pequeña ventaja les lleva Daniel Calderón Morales a los dos anteriores, porque él (de 22 años) ya acumula más de un lustro de servicio a este renglón económico que en los últimos tiempos intenta recuperar el impulso de antaño. Convencido de la superioridad de la zafra 2016-2017, a punto de comenzar, nos cuenta: “Siempre he estado muy feliz en este lugar.

“Los equipos están muy bien, todo cuanto hemos necesitado está a la mano y vamos saliendo ya de todas las dificultades. Los jóvenes estamos muy bien representados, el director nos apoya, tenemos el espíritu para hacerlo y, claro, la experiencia de quienes saben más nos ayuda a mejorar cada día”, explica.

La llegada de Daniel al “14 de Julio” fue, como él mismo cuenta, el llamado de la sangre, pues en su decisión le antecedieron el padre y el hermano: “Terminé el preuniversitario y decidí no hacer las pruebas de ingreso a la universidad. Una vez aquí roté por varias áreas, como el clarificador, la grúa y ahora en el basculador, donde soy auxiliar general. En esta etapa de preparación nos pagan por el avance del trabajo y durante la molienda por el azúcar que se produzca, estamos vinculados los doce meses”.

Mi única preocupación, mientras me alejo de la inmensidad, resulta la confesión de todos mis entrevistados de su presencia temporal en un central azucarero: ninguno vislumbra allí el final de su etapa laboral.

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