Los fraudulentos aprueban el examen, pero reprueban en la vida

El 7 de julio de 2013 durante la Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros a la sazón, caracterizaba los actos fraudulentos en el ámbito docente como “graves grietas de carácter familiar y escolar”. Hoy, a 6 años de esa cita, el fraude continúa vistiendo el uniforme; paseando entre aulas y pasillos.

Todos los niveles educacionales del país no son afectados de igual manera por este comején virulento, acentuado principalmente a partir de la enseñanza Secundaria en adelante, hasta llegar a la Educación Superior. Sin embargo, es durante el período del bachillerato donde se han comprobado los mayores problemas, salidos a luz cuando los estudiantes “no rinden”, a pocos días de ingresados en la Universidad.

La Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) constituye el baluarte principal para erradicar las acciones negativas que influencian a este nivel. Sobre ello, varios de sus dirigentes han referido la necesidad de incentivar el estudio como vía óptima para extirpar este y otros flagelos.

Por supuesto, la viabilidad con que la FEEM pueda identificar dónde ocurre el fraude, cuáles son las causas específicas que lo motivan así como los implicados en él, puede ser una solución, si no para erradicarlo, al menos para frenarlo. No obstante, habrá que implementar nuevas medidas encaminadas a revalorizar el diálogo, la reflexión durante las asambleas de grupo en los preuniversitarios y politécnicos para que surtan efecto.

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La tendencia pasmosa de no pocos adolescentes actuales es a transitar por el facilismo; carecen de la más mínima chispa de curiosidad por adquirir conocimiento, propiciado por el modus operandi: “Me da lo mismo, como quiera voy a aprobar”. Y en el peor de los casos: “Lo único que me hace falta es el dinerito para sacar la nota, y ese me lo va a dar mamá o papá”. Papá o mamá se lo darán y entrarán a formar parte —todos— de un círculo vicioso motivado, en primer lugar, por la desintegración moral de un profesor que trastocará el sistema de valores completo del centro donde ejerza su nefasta incidencia. Por eso, las direcciones de los planteles tienen que poner el ojo avizor ante estos lamentables fenómenos, escuchar lo que se habla en el patio, y actuar en consecuencia. Hacer la vista gorda es otro pecado capital aquí.

Los muchachos y muchachas criados a base de “chivos”, notas sueltas o (mucho peor), a base de pruebas facilitadas por integrantes de los claustros o directamente compradas a profesores corruptos (a quienes los propios adolescentes tienen identificados y cuya desvergüenza y tarifa se conoce bien en los preuniversitarios), tendrán un déficit educacional notable que los convertirá en reproductores de patrones y serán peleles de la sociedad, escasos de razonamiento en las esferas del saber.

Las posibilidades de superación en ellos serán nulas, sumándole además el terrible daño moral adquirido. Pagarán los 5 CUC del control hoy y aprobarán; pero la vida les pasará la cuenta mañana.

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A tono con este tema, la Televisión cubana dio play hace algunas semanas a una oportuna telenovela, que da en el blanco —desde la ficción—, con las intenciones de la propia Ena Elsa Velázquez Cobiella, ministra de Educación de la República, en torno a la flexibilidad, organización de los horarios, las actividades y la vida interna en las escuelas.

La titular ha referido sobre “las necesarias visitas a museos como apoyo indispensable a las clases de Historia, la implementación del Movimiento de Monitores, los Círculos de interés y la imbricación a los centros laborales”. De esta manera, se consigue explotar al máximo cada posibilidad en el adiestramiento integral de los alumnos, y a la larga, moldear estudiantes más apasionados, curiosos, entusiastas que no optarán o cometerán mucho menos fraude académico.

Ahora bien, de la calidad con que se prepare a los docentes dependerá en buena medida el logro de los objetivos anteriores, por lo cual el desarrollo de los maestros —en cursos de posgrado, diplomados y maestrías— tiene una importancia vital.

Nuestro proceso educativo no se detiene, y esquiva los obstáculos mientras logra adaptarse a las nuevas condiciones, desafíos de la compleja sociedad actual. Pero jamás perdamos de vista al adolescente: un joven que se acostumbre al facilismo tanto en el estudio como en la vida cotidiana, será infaliblemente un profesional mediocre. Y como persona —acostumbrada a la mentira—, carecerá de los valores elementales a todo ser humano, en especial la honestidad.

Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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