Los brazos de ellos también saben mecer

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Foto: Centro de Documentación (Juan Carlos Dorado).

Sin reparar en la inexperiencia, Ariel Alfonso puede decir que ha asumido con seriedad su papel de padre. Comparte con la esposa el protagónico en esa historia de nunca acabar que es la crianza de un hijo. Lava pañales, prepara la leche o la comida de su bebé, la viste, la baña… quizás no se lo haya planteado jamás, pero su actitud es la de aquellos que agregan el valor de la participación al desempeño paterno.

En una sociedad como la cubana, con una elevada tasa de ocupación femenina, se hace más y más necesaria la inclusión de los hombres en el cuidado y la educación de la prole. En ese imperativo descansan las acciones emprendidas aquí para fomentar una maternidad y paternidad responsables, en la cual la figura masculina aporte en la misma medida que la femenina al bienestar de los hijos.

Justo es reconocerlo: cada día aumenta el número de cubanos que se desvisten de viejos prejuicios para enrolarse en la crianza de su descendencia de una manera activa, quienes no solo proveen para el sostenimiento económico de sus niños y niñas, sino asumen el cuidado de estos cuando la mamá se ausenta por razones diversas. No obstante, en muchos hogares la balanza todavía pesa más en el lado de la madre, sobre todo, en aquellos casos —la mayoría— donde, al producirse el divorcio, quedan ellas al frente de la casa y la descendencia.

Con agrado recibimos en días pasados la noticia de las nuevas resoluciones y decretos-leyes que modifican la Ley de la Maternidad en el país y contribuyen a incentivar la natalidad, signada por una tasa baja desde hace varias décadas.

Las nuevas normativas constituyen otro paso hacia adelante, pero siguen quedando atrás iniciativas capaces de estimular la equidad en la crianza de los hijos. Ya en 2003 el país daba un movimiento de avance al otorgar a los padres trabajadores el derecho a una licencia de un año para atender a su prole en caso de viudez o abandono materno, y de seis meses, para sustituir a las madres en el cuidado luego de concluir el período de lactancia materna exclusiva.

Ahora, esta medida alcanza también a los abuelos maternos y paternos con vínculo laboral, quienes pueden acceder a tales permisos sí así lo decide la familia, dado el nivel de importancia social o económica del empleo de la madre. Sin embargo, todavía resulta exigua la cifra de hombres acogidos a esta facilidad. Ante tal reticencia, no pocos analistas advierten los rasgos del machismo persistente en la sociedad cubana, actitud de la que no solo ellos son responsables.

Hace poco, durante un programa televisivo sobre el tema, un habanero se quejaba de cómo mientras dos vecinos suyos se desenvolvían con excelencia en la atención a sus pequeños, su esposa con frecuencia paralizaba sus impulsos de ser más participativo en las cuestiones del hogar: “Si lavo, dice que no dejo limpia la ropa; si cocino, que gasto mucho sazón; si limpio, que… Increíblemente es ella la de la actitud machista”, ilustraba.

A tales incoherencias en la conducta de algunos hombres y mujeres por igual, debemos añadir que las medidas recientes aún dejan fuera otros asuntos que podrían fomentar la inclusión comprometida de los padres en la crianza de su descendencia. Una de ellas sería, por ejemplo, diseñar salas en las maternidades donde el padre pueda quedarse con la madre durante el proceso del parto. No son pocos quienes se quejan de la imposibilidad de acompañar a su pareja y al recién nacido en esas primeras horas y días en los cuales permanecen en el hospital luego del alumbramiento.

Otra medida pendiente, coinciden varios especialistas, radica en la inclusión dentro del aparato legal de una licencia por paternidad, tal cual sucede en varios países como Chile, Perú, Finlandia, Estados Unidos, Suecia, Ecuador, Venezuela y España, por solo citar algunos, donde los progenitores tienen derecho de ausentarse de su puesto de trabajo, con respaldo salarial, en ocasión del nacimiento de su hijo o hija.

Lo sabemos: queda trecho por recorrer para llegar a la meta de la equidad dentro de las funciones de los progenitores, pero los cambios ya se vislumbran. Cada vez resulta más familiar la imagen del padre que lleva a su pequeño (a) al círculo infantil, a un entrenamiento deportivo o se encarga de todo, mientras la madre cumple una misión en el extranjero, pues los brazos de ellos también saben mecer.

4 Comentarios

  1. Gracias, Leyaní, por comentar. Tienes razón, hay muchos hombres que con su actitud dan excelentes lecciones de una paternidad responsable. Claro, todavía necesitamos desterrar las actitudes machistas que persisten en la sociedad.

  2. Yudith, gracias por escribir sobre los hombres que asumen la paternidad con responsabilidad. Tengo un buen amigo que por viudez hubo de hacerse cargo de sus dos hijos y lo ha hecho muy bien, es más, lo admiro por joven responsable que ha sabido guiar a sus hijos. Hoy no viven en Cuba, y mantenemos la comunicación por las vías alternativas, quiero mucho a sus niños que hoy son jóvenes de bien. Otro caso, Iván, nos enseñó a la Yusa y a mí cómo cuidar a un bebé porque bien temprano él decidió ser parte de la vida de su niña, involucrarse en todo, desde las primeras comidas, los baños, el peinado, la escuela… lo hizo conscientemente de lo que representa el término paternidad responsable, muchas veces slogan que no se concreta en la realidad. La modernidad ha cambiado a las parejas para bien, son tiempos de decidir en comunción y por eso las responsabilidades se asumen por ambos miembros de la familia; desgraciadamente, todavía persisten muchas mujeres machistas que no dejan a sus esposos formar parte de la dinámica del hogar. ¡Buen comentario!

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