Lembranza: una pasión interior legitimada

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De cuantas agrupaciones hoy suben al escenario cienfueguero, una de las más destacadas y prometedoras es “Lembranza”, entidad patrocinada por la Sociedad Gallega y los teatros Luisa y Tomás Terry.

Conocer la intimidad de aquellos por quienes está constituida, resulta especialmente interesante; aún más por estos meses, en que acaban de cumplir ocho años de existencia.

Con ese fin, abordamos primero a la profesora y directora artística Nelvis González, figura principal sobre el tabla’o en esta compañía, y una de las personas más talentosas que uno puede encontrar haciendo arte por acá.

“El proyecto comenzó en el año 1996, meses después de fundada la Asociación. Es una tradición de las congregaciones de naturales españoles la de tener compañías de danza, aunque no sean propiamente de su folclore natal. Muchos de los mejores bailaores del Archipiélago se formaron en ellas, que a su vez dieron origen a la mayoría de las compañías más recordadas.

“Yo empiezo como bailarina. Poco después se abre la Academia y comienza mi desempeño como instructora, colaborando en la preparación de las muchachas que a lo largo de estos años han venido nutriendo el elenco”.

¿Cómo marcha la Academia?

“Nos va bien. Actualmente contamos con ocho grupos de instrucción, distribuidos en varios niveles; más de 130 niñas y muchachas que se preparan para integrar en el futuro nuestra agrupación; pero también para la vida, porque la disciplina, los conocimientos y la condición corporal que obtienen con nosotros marca sus existencias de manera considerable, y su visión de la vida, a partir de un enfoque basado en el amor a la cultura, a la belleza de las cosas”.

Uno descubre cierta fusión cuando los ve en el escenario.

“Trabajamos el flamenco, aunque también elementos de la danza moderna contemporánea… Abordamos, por otra parte, el folclore aragonés, gallego y madrileño, entre otras vertientes más actuales que nos parezcan afines”.

¿Cómo fue que te encontraste con la danza?

“Desde pequeña me apasionó bailar, allá en mi tierra natal, Aguada de Pasajeros. Mis maestros siempre me señalaban actitudes para ello, aunque las posibilidades para desarrollarme, cuando aquello, eran bastante escasas. También estaba la cuestión del tamaño, que siempre fui bajita.

“No obstante me había ido preparando. Comencé en La Habana con los cursos de verano de las grandes compañías (donde luego de ser coreógrafa, directora artística, seguí encontrando maneras de continuar mi preparación).

“Ya cuando pude escoger por mí misma el camino, fui buscando la manera de encauzarme hacia la práctica de aquello que yo consideraba debía ser mi futuro, porque me atraía y me llenaba. En ese momento encontré a Lembranza”.

¿Qué quedará entre estas chicas de aquel momento fundacional? Valdría la pena indagarlo, llevando nuestras dudas ante los más antiguos y los más recientes miembros de esta aventura de castañuelas y tacón.

“Yaima Alomá y yo nos mantenemos en la agrupación -nos cuenta la joven bailaora Arlene Jassa, una de las fundadoras de ‘Lembranza’. Comenzamos, ella desde los seis, y yo desde los siete años”.

Bailar flamenco se las trae, hay que llevar algo en la sangre, quizás también llegar a ser un poco “sata”, zalamera, no sé… y tú pareces calladita. Cuéntame al respecto.

“Tengo que decirte que era penosa cantidad, pero me fui desenvolviendo en este mundo, y cuando se tiene la herencia de verdad, uno siente un ‘bichito’. También me lo inspirada mi mamá, que con su entusiasmo me ha facilitado estos ocho años de ensayos y actuación”.

¿Piensas que tu vida hubiera sido diferente sin la danza?

“Muchísimo. Para empezar, habría seguido siendo tímida, quizás habría desarrollado otra aptitud, pero nunca como esto…; yo nada más que tengo ‘escuela y baile, escuela y baile’, pero me siento bien, me gratifica mucho ver el resultado”.

¿Qué me cuentas de la popularidad?

“Casi todo el mundo me conoce por ‘la bailarina’ “.

Justo González Lima, una de las más recientes adquisiciones de “Lembranza”, tuvo su primera guitarra como a los siete. Aprendió por sí mismo, lo que muestra su instinto natural hacia la música, reflejada en sus genes, puesto que el padre, en su juventud, había hecho música de iglesia.

“Hace como dos años que pude entrar a la agrupación -cuenta. Mi oportunidad se presentó cuando Cultura Comunitaria propuso al grupo para su categorización nacional, y para ello era imprescindible la ejecución de la música en vivo.

“Ahora estoy estudiando el instrumento mucho más en serio, me siento como empezando una cosa muy mía, he descubierto cuánto importaba para mí, cuánto la había guardado, con un poco de impaciencia por dejarla salir. Es una suerte encontrarse uno mismo, y poderse dar riendas sueltas, ¿tú me entiendes?”.

Sobre la relación con la compañía de Litz Alfonso quisimos preguntarle a Rosa Mendoza Herrera, la directora general.

“Ha resultado muy grata, y artísticamente muy productiva. Habíamos participado de un concurso auspiciado por esa agrupación, en el que nos señalaron con una mención especial del jurado. Posteriormente se decide hacer un curso de verano aquí, en el que participa casi toda la Academia e inclusive la compañía; de manera que Litz se siente inspirada a apoyar un proyecto profesional en Cienfuegos, canalizando a través de la dirección de las Artes Escénicas el asesoramiento necesario.

“Pienso que esta relación redundará en la elevación del nivel de nuestras muchachas (y por fortuna incidirá directamente en el futuro de la compañía); eso lo puede ver el público en el ‘Luisa’, en el espectáculo de graduación de nuestra Academia; noche en que bailarán todos los grupos lectivos que tenemos”.

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