Las raíces del «Gallego Otero» quedaron en su finca

El propio Enrique Otero Fernández me contó que por el año 1984, luego de “desandar medio Escambray”, al fin encontró el sitio ideal para establecer su finca en un paraje paradisiaco, entre La Sierrita y San Blas. El Comandante en Jefe Fidel Castro — comentaba—,  le había encomendado el fomento de plantas medicinales en una pequeña porción del macizo de Guamuhaya, en el municipio de Cumanayagua, a sabiendas de los conocimientos que sobre estas especies tenía el emprendedor montañés.

Enemigo de los nombres rimbombantes, al “Gallego”, como todos lo llamaban, aceptó la sugerencia y puso manos a la obra en su proyecto, al cual denominaron Finca agroecológica y agrobiológica de plantas medicinales. Luego del fallecimiento del afanoso serrano, sobrevenido el 27 de marzo de 2012, se le agregó el patronímico de único Científico Popular reconocido en Cuba.

El patrimonio tangible e intangible dejado por este soñador fue depositado en buenas manos, toda vez que sus hijos Pedro Jesús “Chuchi” y Tania, quedaron a cargo de la administración de la forma productiva y la Casa Museo y las diferentes áreas expositivas, respectivamente. Ambos, de acuerdo con sus propias palabras, fueron preparados desde muy pequeños para asumir la continuidad de tal empresa.

“Las raíces de mi padre, asegura Tania, permanecen en cada rincón de este lugar. Estamos obligados a consultar a diario su sapiencia, consejos y enseñanzas, por constituir la principal guía en llevar adelante el legado que nos dejó para las actuales y futuras generaciones. Debemos recordar que a instancias del General de Ejército Raúl Castro se indicó preservar y atesorar todo el saber popular que poseía el ‘Gallego Otero’”.

Tania Otero, hija de Enrique Otero Fernández, conocido como el Gallego Otero, es fiel seguidora de la tradición de su padre, la medicina natural y tradicional, en la provincia Cienfuegos, Cuba. /Foto: ACN
Tania Otero, hija de Enrique Otero Fernández, conocido como el Gallego Otero, es fiel seguidora de la tradición de su padre, la medicina natural y tradicional, en la provincia Cienfuegos, Cuba. /Foto: ACN

En unas 330 hectáreas, se cultivan más de 427 especies medicinales, aromáticas, maderables, condimentosas y frutales, todas con principios activos de reconocidas propiedades curativas y terapéuticas. Empero, más allá del uso de esas variedades de manera empírica, en lo que se conoce por herboristería  medicinal,este proyecto deviene contexto idóneo en materia de innovación, investigación, y aplicación de la tecnología y la ciencia, con la activa participación de especialistas, técnicos y médicos, y vínculos muy estrechos con instituciones científicas ycentros de altos estudios.

Pudiera decirse que la forma productiva y la actividad museable constituyen una suerte de simbiosis integral, pues sería imposible separar la una de la otra, tanto por el alcance de sus objtivos esenciales, como por la razón misma de la obra por la que el “Gallego Otero” luchó a brazo partido.

Tania mencionó entre los principales renglones comerciales, fundamentalmente destinados a los laboratorios de productos naturales y fitofármacos del Ministerio de Salud Pública, a la sábila, manajú (endémico de Cuba), majagua, romero, ruda, copal, yagruma, mejorana, yerba buena, hinojo, tilo, orégano francés, mentas,añil cimarrón ymurallá, en fin, una larga lista de gran demanda.

Para la sostenibilidad de las especies cuentan con un vivero principal dispuesto para la reproducción con unas 5 mil posturas, además de otro más pequeño en función del museo para dar respuesta a los programas de conservación.

“En 2012 se creo un área extensiva en El Sopapo, anexa a la finca, y con condiciones microclimáticas favorables para el cultivo de caléndula, manzanilla y pasiflora,de modo que pudieran sustituirse importaciones de esas especies muy cotizadas en el mercado internacional. Luego se incorporaron algunos ejemplaresexóticos como manzana, pera, higo y canela”, detalla Tania

Una de las pasiones del padre fundador fue el tratamiento de problemas prostáticos y enfermedades renales con la madera del árbol del Brasil o brasilete, como también se le conoce. Sobre el tema, la directora del museo aclara que, aunque se sigue esa práctica, existe un área reservada de esa y otras especies raras las que, de conjunto con el Cuerpo de Guardabosques, sostienen la política de reforestación consistente en sembrar otros cinco por cada ejemplar talado.

Al decir de Tamara García Villazón, económica de la unidad, una de las debilidades en la producción era atenerse solo al secado natural de las plantas, debido al alto grado de humedad de estas.

Paneles solares integran la planta del secador/ Foto Karla Colarte
Paneles solares integran la planta del secador./ Foto Karla Colarte

“Gracias a un proyecto a nivel nacional, explica la funcionaria, fuimos beneficiados con la instalación de un secador solar desde el pasado año. En dependencia de las condiciones climáticas y las características de las especies, por supuesto, podemos procesar una tonelada diariamente”.

Agregó García Villazón que hasta la fecha cumplen los compromisos de los principales surtidos, excepto el tilo.“En todos los pedidos, damos respuesta a los parámetros de calidad exigidos por los clientes habituales”, aclara.

Y si de altos vuelos se trata, aún permanecen presentes aquí los sueños y aspiraciones del «Gallego Otero», a fin de continuar una obra creadora de tanto impacto económico y social. En cartera, a decir de Tania, están par de proyectos de desarrollo local sobre la conservación de las especies en peligro de extinción, así como también insertarse en el turismo de naturaleza y de salud. Eso sí, aupados por la omnipresencia del Científico Popular.

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Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

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