Las lecciones de Lourdes

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Desde hace casi cuatro décadas, su lirismo se esparce en aulas de la enseñanza preuniversitaria en Cienfuegos. /Foto: Modesto Gutiérrez Cabo
Desde hace casi cuatro décadas, su lirismo se esparce en aulas de la enseñanza preuniversitaria en Cienfuegos. /Foto: Modesto Gutiérrez Cabo

Para Lourdes de la Caridad León Vilariño, es la poesía la explicación de todo. En los versos de aquellos poetas que encerró en su memoria, alberga parte de ese gozo que le supera cuando habla. No sin razón sus clases rompen con estrofas: de Carilda y Lorca, de Machado y Alcides, de Martí.

“La poesía me ha atrapado, confiesa como regodeada en su encierro. Siempre fui una lectora voraz. Disfruto la compañía de un libro; sé que es una ventana abierta al mundo”.

Desde hace casi cuatro décadas, su lirismo se esparce en aulas de la enseñanza preuniversitaria en Cienfuegos. Muy jovencita, a la edad de la “fotos de 15”, corrió a donde los otros iban y “por embullo”, “por cosas de esa etapa juvenil”, “porque era muy jocosa y le huía a las matemáticas”, “porque declamaba y tenía inclinación para las artes”, integró el quinto contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech.

“Aunque tenía en casa el referente de mi mamá, quien ejerció la docencia hasta jubilarse, tomé este rumbo —dice— sin pensar que sería mi vocación. Pero cuando probé el aula, y probé a los estudiantes, supe que la había encontrado”.

Fue en Yaguaramas donde comenzó a caminar en su profesión. Allí,”“inexperta”, “delgadita” y “débil”, impartió sus primeras clases y le apresó la magia de ver cómo aprendían sus discípulos y el cariño que le mostraban.

“No olvides resaltar, si puedes, que Adiel Palma y Lorenzo Aragón, los medallistas olímpicos, fueron mis alumnos”, insiste Lourdes, con el mismo orgullo que experimenta al descubrir a otros en su andar por la ciudad de Cienfuegos: en cafeterías, oficinas, en el Hospital. “La semilla se recoge y los llegas a querer como hijos”, afirma.

La asignatura de Español-Literatura representa para ella lo que Sancho Panza para el Quijote. Durante décadas, cientos de adolescentes le han visto desempolvar a los clásicos, mientras su voz suntuosa se desliza hacia el auditorio.

“Son 37 años ininterrumpidos en la enseñanza preuniversitaria y aún me apasiona trabajar con estudiantes de ese nivel, asegura. He vivido distintas épocas y no soporto que hablen mal de los jóvenes; yo los amo. Ellos tienen mucha imaginación, creatividad y buen gusto. Cuando entro al aula recibo su adrenalina, su oxígeno”.

Máster en Ciencias de la Educación, Lourdes rehúye de los títulos y premios. Gusta de los poemarios, cuentos y novelas que los alumnos —conocedores de su singular afición— le obsequian, los cuales atesora en la intimidad de su cuarto.

“Siempre se los digo: eso es lo que prefiero que me regalen, comenta. Hoy corren tiempos convulsos y algunos profesores buscan el lado material y repasan por un dinero determinado. No los critico; sin embargo, yo brindo mis conocimientos a la comunidad. Las puertas de mi casa están abiertas para todos los niños de los alrededores. Y los padres, y ellos, agradecen el servicio”.

No pocas veces la vida le ha restituido esa voluntad altruista y emotiva que le definen. “Soy una sobreviviente de cáncer, estuve enferma durante un año y dejé un grupo a medias. Ellos me visitaban sistemáticamente: venían con algo que decirme, una historia diferente. Fueron los únicos que me hicieron llorar.

“El magisterio es difícil, pero lindo, sostiene. Entonces, llegué a tener a mi alrededor a un equipo multidisciplinario de médicos y enfermeras a quienes les di clases. Mira qué satisfacción tan maravillosa”.

Vinculada durante varios años de su desempeño laboral a la enseñanza de atletas, la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Jorge Agostini Villasana le resta horas a solo dos años para su retiro. Allí cultiva el espíritu martiano de los estudiantes, porque para ella aprender a caminar con Martí —otra de sus obsesiones— significa luego ser una persona de bien, de valores, de buena conducta.

Si bien Lourdes no guarda reproches, teme que en la actualidad su profesión sea vista como “la última opción”, “el sobrante”, sin reparar en el rigor y la entrega del maestro. “Ya muchos me preguntan si me reincorporaré tras la jubilación”, revela y le imprime esa fuerza histriónica al ambiente, tan propia de sus lecciones.

“No lo he pensado, dice. Voy como va la vida”.

Desde hace casi cuatro décadas, su lirismo se esparce en aulas de la enseñanza preuniversitaria en Cienfuegos. /Foto: Modesto Gutiérrez Cabo
Desde hace casi cuatro décadas, su lirismo se esparce en aulas de la enseñanza preuniversitaria en Cienfuegos. /Foto: Modesto Gutiérrez Cabo

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