La sombra del poder: ambivalente thriller periodístico de trasfondo político

 La sombra del poder (State of Play, 2009) fue un éxito de crítica en muchos periódicos norteamericanos, así como en varios medios de Iberoamérica. La mayor parte de estas reseñas advirtieron sus cualidades formales, pero soslayaron la terrible tesis manejada por la cinta. 

Ambivalente thriller periodístico de trasfondo político, el filme asoma solo a rafagazos la fibra narrativa de grandes películas clásicas del reporterismo fabricadas por Alexander Mc Kendrick, Billy Wilder o Sydney Pollack, pero desde la perspectiva de sus ideologemas a la postre atenta contra sus mismas proyecciones,  al conjugar un argumento de resonancias progre cuya resolución automutiladora destiñe cualquier apunte en tal sentido, al disolverlo en un mensaje final que más que conservador, raya el escepticismo brutal: nadie es bueno en este maldito mundo. Y quienes aparentan serlo, mucho menos.

Es una película narrada con ritmo, nervio, mediante una mezcla de los recursos de la pantalla dorada de los cuarenta con la decalogía del thriller posmoderno. Amueblada lujosamente su trama por un tipo bendecido por el público, los directores y la cámara como el neozelandés Russell Crowe, quien interpreta al personaje central. Se trata de un reportero del diario The Washington Globes, encargado de investigar, junto a una colega de blogs —asumida por Rachel Mc Adans— el vínculo entre la muerte de la asesora de un joven congresista y una poderosa compañía bélica (muchos parecidos del rapaz engendro con Blackwater y Huliburton) cuyos cañones están enfilados en contra del político emergente.

Dicha asesora, en realidad, hace las de amante del congresista, quien impugna las triquimañas de los corporativos, para sonsacarle información para regalarle a los magnates. Aunque prenderá su chispa de amor por medio y todo tenderá a complicarse. El bisoño político (encarnado por el por lo general —y aquí no resulta la excepción— insípido Ben Affleck) está identificado con las nobles causas ambientalistas, antibélicas; o sea, la versión naive de un improbable congresista americano. Pero igual, el guión logra la identificación del espectador hacia tal postura, con todo cuanto porta, por oposición, a la línea observada por las corporaciones dominantes en Norteamérica y la de marras.

Pero resulta que quien debía emerger contra suerte de antídoto o cuando menos bastión alternativo contra tales enraizados fenómenos, se trastoca por obra del relato en un mero asesino que actúa tan mal o peor que a quienes critica, al proceder según instintos animales dictados por la pasión. Aquí hay agazapados dos o tres planos de lectura, pero a mi modo de ver el predominante es este último. O sea, en cristiano, las figuras de pensamiento abierto, cuestionador, sensible dentro del panorama político estadounidense son bichos superiores o iguales en maldad a los corporativos que están hundiendo el planeta.

Como esta idea es asqueante, la película debe disfrutarse por la forma cómo se desarrolla el vínculo entre los personajes de Crowe y Afleck, amigos del collage y relacionados también por ser el primero, de joven, amante de la pareja del segundo, algo que de veras no aporta mucho al  relato. Además, por el enfoque, correcto, de las ópticas de jerarquizaciones en la prensa norteamericana y  su grado de dependencia hacia sus empresas dueñas, más allá de los estereotipos.

El viejísimo vínculo de Hollywood y el periodismo -hace poco vimos aquí El solista, otra del tema, sobre un reportero, real, de Los Angeles Times- cobra vida nuevamente en La sombra del poder, merced a la dirección, de oficio pese a todo, del escocés Kevin MacDonald, sobre guión de Matthew M. Carnahan, Tony Gilroy y Billy Ray, a partir de historia original de Paul Abbott en el serial de la cadena británica BBC del cual abreva State of Play.

Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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